Fue una despedida muy emotiva, aunque sencilla. Melgarejo lagrimeó en sus palabras de despedida y Bertha no dejaba de llorar. Tampoco Manolo. Los otros muchachos me aplaudieron, besaron y abrazaron, conmovidos. Había aceptado la oferta de Garrido. Para mí, era dar un gran salto dentro de mi carrera y obtendría, además, el rango de teniente. -Siempre vi en ti muchas condiciones, Fernanda, me dijo Melgarejo, gimoteando, tu padre debe estar muy orgulloso de ti, allá arriba- Yo estaba demasiado conmovida. Amontonaba las lágrimas en mis ojos y sentía mis rodillas partirse como palitos de fósforo. -Estoy seguro que vas a triunfar en tus nuevas labores-, remarcó Melgarejo y me abrazó efusivamente. Mientras recogía mis cosas, Bertha me dijo que me iba a extrañar mucho. -Parece que todos piens

