Entusiasmado por nuestro reciente éxito, Garrido nos invitó a una gran cena a todo el equipo. Fue una opípara comida, abundante y sabrosa, y nos llenamos las panzas peor que náufragos. Todo lo pagó Garrido. Estaba demasiado contento. Era diferente al que había conocido en las calles, cuando era Sub oficial. Ahora lo veía distendido, divertido, hacía bromas, permanecía bien peinado, se carcajeaba con Salas y le decía muchos piropos a Yazmín. Incluso se gastó una broma. - A Yazmín le dicen carretera a la sierra-, nos desafió a todos. Ella se puso azorada y yo me reía de oreja a oreja. -Tiene demasiadas curvas peligrosas-, dijo y todos rompimos en carcajadas. Después de tantas risotadas, se puso serio. Nos miró a todos. -Hemos formado un gran grupo, chicos. Me estoy divirtiendo mucho con

