A la mañana siguiente Mark se encontraba en el establo, vio a los caballos en sus espacios con la puerta cerrada, miró el suelo, estaba un poco húmedo aún, ahí dentro no llovía, algo no iba a bien. Salió y encintró a Tati en el granero. –Tati, puedes venir conmigo un momento. –Si. Lo siguió hasta que vio hacia donde iban, el establo, lo dudo, pero si no iba era peor. –¿Qué pasó con los caballos? –preguntó Mark. –Yo… no lo sé. –¿No estabas aquí cuando Sarah fue atacada? –No fue atacada, quiero decir… los caballos estaban alterados. –Ron dice que los caballos estaban sueltos, ¿Tú lo hiciste? –¡No! –contestó le temblaban las manos y miró a todos lados, estaba nerviosa –. Yo no haría algo así y lamento mucho lo que le pasó a Sarah, no creí… ammm… perdón, es que no creí que iba a l

