Apenas habían pasado unos minutos dentro del auto donde había un calor infernal, su tía dijo que no tardaría. Sarah no había dicho ni una sola palabra desde que le informó a Isole, pero empezó a sentirse mal por ella, no merecía sufrir ese calor con ella dentro del vehículo. –Deberías ir por un helado –propuso –. O si quieres volver a la plaza. –Me quedaré contigo –contestó Isole. –No tienes que hacerlo, es a mí a quien odian –refunfuñó Sarah cruzandose de brazos. –No creo que lo hagan –señaló –. Es solo que le dijiste a la chica que su pueblo era horrible e insultaste su negocio. –Ella empezó. –Ay… no sé –suspiró Isole. No le quería llevar la contraria a su amiga, en realidad, no había prestado mucha atención al principio de lo que sucedió, solo que dep pronto Sarah peleaba

