La mañana había sido una mezcla de caos y polvo, como casi todas. Pero hoy era distinto: hoy iban de compras. Aunque Sarah jamás habría imaginado sentirse emocionada por algo tan básico como ropa rural, iba esperando lo peor, las cosas más básicas, pero al menos era algo salir a dar una vuelta, esperaba conseguir un par de zapatos para no arruinar los suyos. Isole, sentada en el asiento del copiloto, parecía genuinamente entusiasmada. Observaba el paisaje con una mezcla de familiaridad y nostalgia. Era evidente que conocía el camino y que el pequeño pueblo, fue guiando a Sarah hasta llegar a la plaza. –¿Has venido varias veces? –preguntó Sarah mientras se ajustaba los lentes de sol que combinaban con su atuendo. –Solo dos veces con tu tía Mary –le sonrió –. Ella me enseñó algunas par

