Capítulo 5: La noche de bodas

1185 Words
El oficial se aclara la garganta y comienza a repetir la pregunta. —Katherine Ivette… —Sí, acepto —responde ella y casi puede ver alivio en los ojos de Erick, aunque no es que sea cierto. Más bien debe ser por no hacerle pasar el ridículo de ser rechazado por una mocosa insignificante delante de gente importante. Le coloca el anillo, que es una simple alianza de oro, y el oficial anuncia con solemnidad. —Por el poder que me otorga la ley, los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia, señor McFair. Katherine intenta no reflejar ninguna emoción en su rostro, pero Erick sabe que tiene miedo. Y nadie la culparía. La pobre jamás ha besado y justo ahora tiene que demostrar que para eso es completamente inútil, sin embargo, Erick parece ser un buen maestro, por lo que solo se dejará llevar, no le queda de otra. Él posa su mano con delicadeza en el mentón de Katherine, alza un poco su rostro porque es bajita, y baja sus labios… hasta su frente. Ella cierra los ojos con una sonrisa y aquella fotografía queda como una de las más hermosas del momento. Al apartarse, él le toma la mano, los aplausos no se hacen esperar y caminan juntos esta vez por el mismo camino que ella recorrió antes con su padre, solo que esta vez cada invitado se acerca a saludarlos. Katherine siente cómo Erick la rodea con su brazo protector para atraerla a su cuerpo y el perfume de su esposo la hace respirar por la boca, es embriagante, como si aquello fuera una droga especial solo para ella. —Erick, felicidades sobrino —le dice un hombre que intenta abrazarlo, pero no lo consigue porque Erick no suelta a su pequeña esposa. —Gracias, tío. Te presento a mi esposa —la voz sale profunda, aquel título que ella pensó sería solo de papel, en sus palabras sale en serio, con una tácita advertencia y el hombre solo le sonríe con amabilidad antes de ofrecerle una mano. —Felicidades, jovencita. Has roto muchos corazones en la ciudad, ciertamente… —Tío, no le digas esas cosas. Pensará que su esposo era liberal y no es así. Así, todos se van acercando, a Katherine no le pasa desapercibido que primero lo saludan a él y luego a ella. Primos, tíos, socios. Todos. Y con ninguno afloja su agarre. Pero cuando frente a ella se paran el anciano y la mujer del mercado, él la suelta y ella los abraza con fuerza. —No puedo creer que estén aquí, ¿mi padre los invitó? —No, fue el señor… —ella mira a Erick con sorpresa. —No me pareció que solo estuvieran presentes mis invitados y mis hombres me dijeron que ellos son importantes para ti. —Gracias, yo… —Erick solo sonríe y vuelve a tomarla por la cintura. —Por favor, pasen por aquí, es momento del vals. Caminan a la zona en donde se dará el banquete y todos abren paso a los novios, se posicionan en el centro, y Katherine lo mira con horror. —Señor McFair… —Dime Erick, Katherine. ¿Qué van a pensar si te oyen llamarme señor? Van a creer que soy algo así como tu amo, ¿soy eso? —ella niega y vuelve a hablar. —Bueno, Erick, tengo un problema… no sé bailar —susurra y él sonríe, la toma por la cintura y la obliga pararse sobre sus pies. —No te preocupes, tienes un esposo dispuesto a enseñarte todo lo que no sepas. Katherine lo ve como un cervatillo deslumbrado por la luz, la música comienza a sonar y Erick se mueve con gracia por el lugar. La lleva sin problema por la pista, en un momento la hace girar con suavidad y la atrae a su cuerpo. Vuelve a levantarla, Katherine lo ve a los ojos y susurra. —Lo siento. —¿Qué sientes, Katherine? —Debí dejar que me compraras un mejor vestido. Este no tiene nada que ver con toda esta gente elegante, contigo… —No, Katherine. Es el vestido perfecto para ti. Eres una joven naturalmente hermosa, no necesitas peinados ostentosos ni maquillaje excesivo, porque eres hermosa, así como eres. Un vestido exagerado solo habría sido inútil en tu belleza, porque no es tu estilo… siéntete radiante, porque estás realmente preciosa. Ella sonríe con timidez, sonrojada por supuesto e intenta bajar la mirada, pero Erick no se lo permite. —Nunca le bajes la mirada a nadie, ni siquiera a mí. Ni por vergüenza o tristeza, eres fuerte, Katherine. Demuéstralo a cada momento y nadie se atreverá a lastimarte jamás. Lo demás queda en sus memorias. Con la compañía constante de Erick, Katherine se va sintiendo segura, con más confianza y termina hablando con algunos invitados con propiedad. Uno de los primos de Erick se acerca para felicitarlo por la esposa tan inteligente que ha encontrado, a pesar de que aún no pasa de los dieciocho años. Cerca de las nueve de la noche, ella bosteza sin evitarlo y mira a Erick asustada, pero él solo se ríe. —Lo siento, es que… a esta hora ya me preparo para dormir. —No te preocupes, terminamos todo ahora, vamos. Le toma la mano, la lleva por un camino discreto y ella comienza a sentir el miedo de lo que se viene. Él le va explicando que su personal se encargará de despachar a los invitados, mientras que Katherine piensa en lo que le espera. «Bueno, dijo que me enseñaría todo lo que no sé, así que supongo… supongo que eso también», se consuela y su cuerpo comienza a temblar. Se detienen frente a una puerta, Erick la abre para ella y la deja entrar primero. Todo está en tonos de rosado pastel, es un cuarto de princesa, estilo vintage y romántico, mira la cama perfectamente tendida, se acerca a ella y se voltea a Erick. Pasa saliva con dificultad y lo mira a los ojos. —¿Quieres… quieres que me quite la ropa o… o prefieres hacerlo tú? —Erick camina hacia ella soltándole el moño y le dice con voz ronca. —¿De qué estás hablando? —Es… es nuestra noche de bodas, Erick, soy lo suficientemente grande para saber lo que pasa en las noches de bodas —aquel hombre solo siente más admiración al ver a esa niña dispuesta a lo que sea por cumplir con su palabra. Sonríe, se acerca a ella y se inclina para dejar un suave beso en su frente. —No nosotros, Katherine. Eres una niña aún. —Pero ¿por qué te casaste conmigo? —Para protegerte, Katherine… para hacer contigo lo que no hicieron conmigo. Ahora descansa, ya te pasaste en tu hora de dormir. Erick sale del cuarto y Katherine se sienta en la cama, respirando con dificultad, no sabe si sentirse tranquila o no, pero Erick acaba de dejarle claras sus verdaderas intenciones y eso la deja por lo menos impactada. Y me imagino que a ustedes también.
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