Entonces, nos apuramos en salir del hotel cuando terminamos nuestro desayuno. La emoción y la adrenalina de saber qué ambas comenzaríamos esta misma semana, una nueva vida en Tokio era fenomenal, siempre quise conocer ese país, su cultura, su gente y su estilo de vida. Por lo menos, no me arriesgaba a viajar sola en este momento, e iba acompañada de mi mejor amiga de mucho tiempo. Fuimos a casa de Janeth, ella me dijo que al llegar allá iríamos de compras para comprarme ropa, porque no nos arriesgaríamos a ir al apartamento de Enzo a recoger mis cosas, y tener que verle la cara, hablar de lo que pasó y luego, terminar discutiendo, no estaba en nuestros planes. Por tanto, en casa de Janeth, empacamos todas sus cosas, ella me dijo que por su casa no tendríamos que preocuparnos, pues su mad

