En momentos como ese, Violet sentía que las paredes se volvían más interesantes. Inspiraba hondo y sus manos se entrelazaban. La psicóloga la observaba fijamente, después, volvió a llamarla. —Violet —repitió—, debes tomarlo en serio. Ya eres mayor de edad, puedes sacar una cita con psiquiatría. Violet parpadeó dos veces. —Me siento bien con las cosas como están. Los antidepresivos… —Se detuvo de golpe e inspiró hondo, sintiendo su estómago compungirse—. Yo no soy la que tiene los antidepresivos, es mi hermano quien los maneja. —Es tú medicación, quien debe tenerlas eres tú, no tu hermano. Debes comenzar a hacerte responsable de tu vida. Violet concentró la mirada en la pared blanca detrás de la psicóloga. —Te ves más delgada —comentó la psicóloga—. ¿Sigues saltándote las comi

