Aria:
A mitad del camino me encontré con su inconfundible figura. Me detuve, y solo necesité su mirada para saber que había visto y escuchado todo. No dije nada porque no estaba segura que debía decir exactamente. No soy una traidora. ¿Pensara que lo soy?
-¿Qué estás haciendo Aria?- él estaba paralizado solo mirándome como si no me reconociera.
-No puedes decírselo a Harlequinn.- se lo dije a Lidius –No puedes decírselo a nadie- remarque
-Aria... lo que haces... no puedes... es un especial... el no...
Me acerque hasta él y le sostuve la maleta a la altura de sus ojos- medicina.- dije-me las dio. Era el único que podía conseguirlas.
-Debemos decírselo a Harlequinn- él se iba a ir, pero me adelanté a él y lo detuve cruzándome por su camino
-No. No lo entiendes. No estás pensando claramente Lidius.
-¿Yo no estoy pensado claramente? ¡¿Acaso te has vuelto loca Aria?! ¡Es un especial! ¡Nos odian! ¡No puedes!
-Bien- dije.-Entonces ve. Ve con Harlequinn e infórmale todo. Dile todo. Cuéntale que he estado hablando con un vampiro especial. Confiscaran la medicina. Y quien sabe que castigo caiga sobre mí. - el callo ante mis palabras- tienes que entender a lo que estas renunciando si me delatas.- dije y esta vez le di la mochila haciendo que la tomara entre sus brazos- sin esto tu hermana no mejorara ¿Lo entiendes, verdad Lidius?.- el silencio nos inundó –Ahora, elige.
No quería sonar ruda, pero él tenía que entender. Tenía que quedarle claro cuáles serían las consecuencias de todo ello.
El sostuve la maleta, miro su contenido, era muy claro que liberaba una lucha interna.
-¿Desde cuándo?- dijo, como no respondí el alzo su mirada hacia mí -¿Desde cuándo lo conoces?
-Desde el día de la misión. Él fue quien me ayudo a escapar, sin él estaría encerrada ahora- el callo de nuevo, de seguro sorprendido de que mis palabras fueran ciertas-Te contare todo lo que quieras saber Lidius, pero ahora debes elegir.
-No te delatare, sabes que no lo hare. Solo me preocupa. ¿Te ha hecho daño?
Niego con la cabeza- parece bueno- reconozco. –Algo presumido, pero bueno.
-Está bien- dice. Y sé que está aceptando porque su corazón está dividido entre hacer lo correcto y nosotras dos. Sobre su hermana y yo.
-No haces nada malo- le digo- es lo que hacemos ¿entiendes? Nos protegemos. Nos protegemos entre nosotros, porque somos lo único que tenemos.
***
Sylvie:
Cuando salgo de mi casa noto pasar a Lidius y a Aria.
-¿Y ustedes qué? Se ven horribles- dije mirándole las caras.
Ellos ante mis palabras me regresaron la mirada, pero no dijeron nada. Algo muy extraño de ver ya que siempre mis provocaciones funcionaban en Aria.
Hoy la noche es tranquila, y solo logro escuchar el sonido de la naturaleza, el cielo esta oscuro y noto que hoy no es una noche de estrellas. Qué triste panorama y que tranquilo a la vez.
Est y Shrinri ya se han ido a su casa, y he quedado sola en medio de la nada. No creo que a mis padres les importe la hora en la que regrese. De hecho, no logro recordar cuando a un padre o madre le ha importado el horario de salidas y regreso que lleven sus hijos.
Aquí no hay ninguna señal de afecto, cuidado o cariño. No existe. ¿De qué sirve? Los vampiros especiales se aman y se preocupan entre ellos porque saben que algún día se perderán, pero nosotros no. Nosotros viviremos para siempre. Jamás moriremos así que no vale la pena mostrar amor.
Noto que la cabaña de reuniones de nuestra escuadra sigue con la luz encendida. Al parecer Harlequinn es el único que se mantiene despierto aun a estas altas horas de la noche
Reconozco que fue irresponsable de mi parte haberla dejado atrás a Aria pero, vamos, me asuste. ¿Se tenía que enojar por eso?
Me encamino hasta allá, y toco la puerta.
-¿Quién?- escucho su voz desde adentro.
-Soy yo- digo abriendo la puerta y simplemente entrando. No tengo que pedir permiso de todas formas para pasar. Soy parte de la escuadra, tengo tanto derecho de estar aquí como él.
-Sylvie.- dice mi nombre en un tono de saludo. Tan falto de emociones.
-¿Qué haces?
-Planifico los siguientes asaltos. La información vuela por aquí.
-Me disculpo por lo que paso en el pueblo- sé que esto ya no tiene relevancia ahora, pero de alguna forma siento temor que él pueda odiarme, o que piense que soy una incompetente.
-No pasa nada.- dice restándole importancia. Lo veo escribir y contemplo como su cabello rojizo hace juego con sus ojos verdes. Su piel a pesar de pasar tantos días bajo el sol sigue siendo blanca, aun lleva puesto su traje n***o, ¿me pregunto qué clase de pijama usara? –Pásame los mapas- dice mientras señala hacia atrás.
Más allá, en la esquina de la habitación hay unas cajas amontonadas. –Claro- le digo.
Me acerco hasta ellas y logro contemplar en una de ellas cosas del mundo humano. Son cosas que tenemos coleccionadas y guardadas los vampiros marginados.
Antes, hace mucho tiempo se nos era permitido viajar al mundo humano, generaciones de generaciones de vampiros han traído cosas de allá. Actualmente algo así está prohibido, sin mencionar que está penado por la ley, y el portal que lleva hasta esa dimensión está vigilado. Pero aun así, aun conservamos lo que aquellos vampiros trajeron. Logro reconocer ciertas cosas "cuadros" "espátula" "celular" "lentes de contacto" "cámara" "tintes"... Y honestamente hay un millar de cosas más que no sé cómo se llamaran.
-Sylvie- llama de nuevo
-Ya voy.- desvió mi vista de esta caja, y paso a la siguiente, cuando verifico que es la caja que necesito me levanto con ella. –Aquí tienes.
El saca de esta, mapas tras mapas trazados y los examina. –Es todo, si quieres puedes retirarte- me informa
-Puedo ayudarte si quieres.
-No es necesario. Trabajo mejor cuando no hay ruido- de alguna forma sé que me ha dicho que soy ruidosa, pero está bien, estoy acostumbrada a sus desplantes.
Me pregunto... Si yo fuera Aria ¿Acaso sería diferente?
***
Aria:
Cuando me levanto veo el desayuno en la mesa. Un jabalí muerto no está mal. Después de todo la sangre me sabe igual sin importar que animal sea. Como no veo a mis padres en la casa sé que siguen cazando. Después de todo, tienen que alimentar a bastante gente.
Salgo rumbo a la cabaña de Lidius, porque quiero saber que tal está él y su hermana, pero en cuanto camino unos pasos me topo con la sorpresa de que las demás escuadras están reunidas.
Una de las escuadras de más alto nivel está a la vista de nosotros. Conformada por cuatro chicos. De alguna forma alcanzo a oír parte de su conversación
-Soy un idiota ¿Lo saben?- dice uno de ellos
-Sí, estamos enterados-
-Y estamos completamente de acuerdo con esa afirmación- añade el otro
Y así todos ellos ríen. Aquella familiaridad, su manera de tratarse entre ellos me causa cierto nivel de envidia. Porque a simple vista pareciera que se llevaran tan bien...
Miro a mi escuadra que también está reunida a unos pasos más allá y me siento incompleta de alguna forma. Porque no somos así de unidos y creo que jamás lo seremos.
Doy la vuelta para regresar a ver a la escuadra más importante, y la que había capturado por completo mi atención, aunque supongo que no me he dado cuenta que alguien venia por la misma dirección. Ya que sentí su cuerpo chocar contra el mío, y la que se terminó cayendo fui yo.
-¿Estas bien?- oigo la voz del culpable, y a su vez noto que el sigue de pie.
Estiro su mano, y la tome mientras aun trataba de enfocar mi mirada, pero a lo que pude hacerlo, ya era demasiado tarde para reaccionar y fingir no estar sorprendida
Este chico...
Un m*****o de una de las escuadras de más alto nivel.
-H-hola... m-me disculpo por haber sido tan descuidada, fue completamente mi cumpla, y-yo... yo solo estaba...-a lo que vuelo a mirar sus ojos me callo. Son de un color claro, brillante, vivo, y verde. Y su color en esa tonalidad es perfecta.
El chico frente a mi parece de mi edad, pero soy consciente de que quizás no lo sea realmente.
Su mirada tan calmada, y su falta de reacción es la que me ha dejado sin palabras
-No fue su culpa- me dice –En tal caso supongo que es mía.
-N-no para nada- su cabello café oscuro hace un juego perfecto en él. Noto que su piel es más blanca que la mía.
-¡Eh! ¿Qué sucede?- y de repente los otros tres se acercan.
Tres de los miembros de la primera escuadra son rubios, y el único que hace un contraste en ella es este cuarto m*****o frente a mí.
-He tropezado con ella- les dice hablándoles-¿Estas bien...- me mira un poco intrigado, y luego reacciono que en realidad me está pidiendo mi nombre.
-Aria- alcanzo a decirle.
-Aria.- repite. Y no me puedo creer que ha dicho mi nombre. Estos cuatro sujetos parados frente a mí son mis ídolos.
-Soy fan- suelto con simpleza
Por unos segundos ellos se ven sorprendidos y luego ríen.
-Vaya,-dice este chico rubio- es bueno conocer a una fan.
-¿Pero eres más fan mía que de ellos verdad?- me comenta el rubio de la izquierda, el cual es de estatura más baja que el primero que ha hablado.
-Eh...
-Deja de incomodarla- le reprende este último, y de alguna forma es extraño ver que la única diferencia entre ellos tres son sus estaturas. Alto, mediano, y bajo. Caballos de un rubio como el oro, y ojos mieles.
Vuelvo a mirar de nuevo al castaño porque es la única persona que parece ser serio entre los cuatro -¿Cuál es tu nombre?
-Me llamo Nabyr-dice, y de alguna forma hay algo encantador dentro de el que lo hace sentir diferente. Una belleza tranquila y durmiente–Y estos son Dorcas, Marco, y Adol- señala hacia aquellos tres singulares rubios.
De pronto, nuestra agradable práctica es interrumpida por el relinchar de unos caballos, y las inconfundibles ruedas de un carruaje.
-Genial- pienso para mis adentros.
He aquí la rutina de casi una vez cada dos meses.
Raida da un paso al frente para recibir a la tropa que viene de palacio. La cual viene en nombre del rey para proclamar por... no lo sé ¿cuadragésima sexta vez? la propuesta de unirse a ellos.
Dylan baja al igual que siempre con un rollo de pergamino y aquel traje inconfundible. Lee claramente el tratado, su cabello ondea por el suave viento y sus ojos son relajantes de alguna manera un verde oscuro que es casi arrullador.
Cuando termina de leer alza la mirada, y por unos breves segundos creo haber visto dirigir su vista hacia mi dirección, pero no hacia mi precisamente, solo por segundos, por breves segundos noto que ha mirada al chico de mi lado. Pero fue tan rápido que creí habérmelo imaginado. Su mirada ha regresado a Raida, la cual echa chispas de furia. Porque ella al igual que todos, está cansada de esto.
-Nadie aquí se unirá a ti- y esa es la despedida que el necesita para volver a trepar al carruaje y verlo marchar
Regreso a mirar a Nabyr él tiene la mirada perdida viendo marchar al carruaje, la expresión de su mirada es desolada, anhelo, y después vacía. Y por un momento pienso que quizás... el ya no quiere estar aquí. Quizás a él le hubiera encantado dar un paso al frente y unirse a los reyes. Llevar otra vida, al igual que Lidius, y yo dentro de nuestros delirios y sueños imposibles.
-Nabyr- lo llamo. El parece despertar de sus pensamiento y su vista se clava en mi –Solo debemos resistir. Es lo que hacemos.- de alguna forma la comprensión nace de los dos, una especie de vinculo que ha sido nacido reconocido por la similitud. Casi respeto.
Podría haber estado hablando con el todo el día, a no ser porque escucho la voz de Harlequinn llamándome.
Volteo hacia mi equipo y noto a los cinco mirándome de regreso.
-Parece que ya te tienes que ir- me dice el rubio más alto, el cual al parecer se llama Dorcas.
-Un placer haberte conocido- dice Marco
-Para ti, conocer a cualquier chica siempre es un placer- le contesta Adol en tono acusador
-¿Qué? Tengo gustos muy variados.
-Degenerado.
Noto a Nabyr encogerse de hombros y negar con la cabeza, casi parece resignado, y podría decir que avergonzado de las conversaciones tan sueltas de sus amigos.
-Tengan algo de pudor- se mete Dorcas
-Discúlpalos- me dice esta vez Nabyr dirigiéndose a mí- está claro que no saben comportarse. –su mirada se dirige hacia Harlequinn ahora y solo pronuncia un- Adiós- y con eso último se ha dado la vuelta.
Me quedo perdida viéndolos marchar hasta que siento la presencia de alguien más a mi lado.
-¿Qué querían?- su voz siempre es calmada, lenta y acusadora. Un tono calculador que siempre está de sobra en cualquiera de nuestras conversaciones. Casi como si no confiara en mí, como si creyera que en cualquier momento fuera a escaparme de sus manos; lo cual quizás no sea tan estúpido de pensar.
¿Y enserio Sylvie piensa que la persona en quien más confía Harlequinn soy yo? Pero que estúpida es.
-Nada.- mi voz es cuidadosa, al igual que todas las veces en las que hablo con él. –Solo tropecé con uno. Se disculpaba. No hay más- digo esta vez mirándolo. Lo primero que uno destaca cuando lo mira es su cabello, rojo vivo como el fuego, pero... ¿yo? No. lo primero que noto en Harlequinn es su mirada, ni siquiera su color, sino el gesto grabado en ellos, ellos te estudian, te analizan. No deseo ser analizada por nadie.
Doy media vuelta dirigida para reunirme con el resto del equipo, y cuando en mi radio de visión localizo a Lidius, otro nombre vuela a mi cabeza. May.
¿Cómo estará May el día de hoy? ¿Le habrán hecho efecto las medicinas?
Le echo una mirada muy significativa a Lidius y el solo me sonríe. Me sonríe con una sinceridad que es arrebatadora.
-Ella está bien- pienso. Y sonrió de regreso.
Sé que hoy Harlequinn nos tendrá preparada otra misión, pero quiero librarme de mi deuda lo antes posible con aquel chico del palacio. Necesito saber que puedo darle de regreso. Odio estar en deuda con alguien, el sentir que le debes algo, me hace sentir frustrada.
***
Sebastián:
Sálvame...
Doy vuelta a otro pasillo y creo que me falta el aire. No. No es el aire, es la presión, me estoy volviendo paranoico, ya no lo aguanto más.
-¿Huyes de alguien?- su voz me sobresalta y doy un paso hacia atrás.
-Me has asustado- le digo.
-Llevo años apareciendo ante ti de la nada. Yo no sería capaz de asustarte. ¿Acaso esperabas a alguien más?
-De hecho, esperaba que no fueras tú ese alguien más
-¿Por qué huyes de tu madre?
No debería sorprenderme que él lo sepa. Lo digo enserio, él lo sabe todo. No tengo la menor idea como se enteran los lobos de las cosas tan rápido.
-Ustedes son unos entrometidos-le digo
-Las noticias solo vuelan.
-No me digas,-sueno sarcástico- y tú solo las escuchas ¿no?
-No es momento para discutir.
-Es el momento exacto para discutir.
Me estudia por unos segundos antes de hablar-¿Por qué te parece tan mala idea?
-¿Cuál idea?- sueno molesto -¿La idea de que traigan chicos al palacio? ¿Chicos de mi edad? Es estúpido ¡No soy un niño! ¡Tengo 18 años! ¡Maldita sea!
-Sebastián.- su voz es calmada y casi comprensiva –Solo quieren que convivas.
-Es casi como obligar a un chico a hacerse amigo de otro. No quiero eso. Es patético.
-Los chicos que vendrán son hijos de unos amigos de tu madre.
-No me interesan de quienes sean hijos. –Miro sus ojos violetas- No quiero. –Digo con firmeza, aunque algo dentro de mí se siente estúpido renegando algo- Me hacen sentir como un niño que hay que cuidar.
-Solo serán cuatro chicos.- lo dice como si la cantidad fuera el problema aquí –Ah claro, y tu primo.
-¿Loran?
-¿Por qué esa cara?
-¿Por qué le pediría mi madre a la tía Ericka que mandara a su hijo?
-Para que conviva contigo- me dice –el chico es muy callado.
-Ese es precisamente el problema- le digo- el no habla- y no lo decía en el sentido literal, claro que su boca podía emitir palabras, pero el rara vez lo hacía, o si lo hacía, al menos no conmigo.
-El no habla- repite mientras estudia las palabras en su cabeza- me recuerda a alguien que tampoco lo hacía- dice y deja flotando las palabras en el aire. Espero a que continúe, pero no dice nada después de eso, así que me limito a interrumpir en su meditación.
-Además es falso.
-Falso- repite en un tono que no está cargado de nada.
-Tiene una mente igual a la de su madre.
-¿Tu tía es mala?
-No lo es. No es lo que quise decir.-aclaro- Me refiero que Loran puede actuar como él quiere solo para conseguir lo que desea. Nunca sabes cuando está siendo genuino o está actuando, por esa razón no me entusiasma hacer una amistad falsa con él.
-¿Por qué habrá aceptado entonces venir?
Suelto una risa lanzada de mala gana –Porque hace todo lo que pida su madre. Obedece toda orden que se le ordena, es como una computadora recibiendo comandos y ejecutándolos. Ni siquiera estoy seguro que sienta algo en absoluto.
-Ya veo- dice
-En ese caso comprenderás porque no me entusiasma tanto la convivencia con otros.
-Está bien, acepto tu decisión.- me sorprendo yo mismo al escucharlo decir estas palabras y de alguna forma me es imposible no pensar que aquí hay una trampa
-E-está bien- pero no seré yo quien la cuestione.
Doy media vuelta, pero su voz me detiene
-Aria debe marcharse entonces- ese nombre me hace parar en seco y quedo desconcertado solo unos leves segundos.
-¿Qué?- lo sigo -¿Irse?
-Dijiste que no querías convivir con nadie así que es mejor que se vaya.
-Lo que hago con Aria no es convivir.- aclaro –Son negocios, es diferente. Tenemos una misión Joost.
-Hablar es convivir. ¿Quieres convivir sí o no?
-No- suelto casi inmediatamente, pero luego su nombre vuelve a mi cabeza- es decir...
-Qué bueno que no salgas, ya se está yendo.
-Espera, ¿Esta aquí afuera?- cuando uso mi velocidad para salir inmediatamente sus portales se abren atravesándose en mi camino e impidiendo irme- no me hagas esto-
-Entonces decide- me mira directamente, él no está titubeando.
Me siento atrapado y sé que es lo que él esperaba –Dile a mi madre que los llame- y con eso ultimo él se aparta de mi camino
Aria:
Haberme librado de la misión de hoy no será gratis. Harlequinn cobra siempre todo, pero necesito salir de esto. Mantener esto en secreto lograra traerme problemas tarde o temprano, y ruego a todos mis ancestros que sea mejor tarde.
No sé cómo él le hará para saber que yo estoy fuera en los lindes del bosque.
¿Se pasará a lado de una ventana observando siempre hacia afuera? ¿O acaso la vista de un vampiro especial es tan potente para ver a un enemigo acercarse desde tan lejos?
Su mirada es fija a la mía, y su andar es relajado, casi despreocupado como si yo en realidad no representara ninguna amenaza.
Cuando se pare en frente a mí no puedo evitar notar la diferencia en nuestra estatura, no es que sea mucha, pero noto que es centímetros más alto que yo. Y creo nunca poder acostumbrarme a sus ojos azules. Lo primero que me llaman la atención de él es precisamente eso, pero aquí hay una diferencia a los de Harlequinn estos nuevos demuestran curiosidad, deseo, anhelo, ilusión, y me pregunto qué otras tantas emociones tienen para darme esos ojos, cuantas otras miradas guardara escondida en ellos...
-Volviste.
-Siempre cumplo mis promesas.
El me asiente de regreso quizás dando la aprobación a mi declaración.
-Pasa- y se da media vuelta, tardo en comprender lo que en realidad significan esas palabras.
-Espera...- llamo, porque en realidad no estoy dispuesta a entrar al jardín, y mucho menos en el castillo –Podemos hablar aquí, tu dentro de la valla que te mantiene en el jardín, y yo fuera, la que me mantiene en el bosque.
Noto que él estudia mis palabras, supongo que es normal pensar que no confió en él lo suficiente, bien podría ser una trampa. El me asiente de regreso y solo se sienta.
Yo hago lo mismo.-Me ayudaste, ¿Qué quieres a cambio?- de alguna forma siempre se me ha sentado mejor ser directa
-Supongo que información sobre ustedes no me la darás.
-No traicionare a mi gente si es lo que me pides.
-Entonces no te pediré que lo hagas- de alguna forma estoy agradecida que lo haya dicho. –quiero que averigües algo sobre un vampiro.
-¿Uno?
-Uno es especial- me sonríe ligeramente, su rostro esta tan vivo, vivo, vivo.
-¿Quién?
-Bryan- dice, espero a que continúe, pero el silencio nos llena. Y de pronto caigo en la cuenta que es lo único que sabe.
-¿Y ya? ¿Esperas que reúna información sobre un vampiro el cual solo sabes su primer nombre?
-Nunca dije que fuera sencillo.
-¿Cómo sabes siquiera que sigue usándolo?
-¿Por qué se cambiaría el nombre?
-Mucha gente cambia de nombres por donde yo vivo. A veces para dejar de ser emparentados con otros vampiros, o desaparecer de listas de guardias buscándolos.
La mirada en el rostro de él no se ha inmutado, sigue exactamente igual, casi como si le estuviera contando que el sol volvió a salir esta mañana.
Suspiro algo resignada-igual quieres que lo busque ¿verdad?
El me asiente de regreso –haré lo que pueda- digo
-Intenta con averiguar si alguna de las escuadras de alto nivel tiene a alguien llamado así.
Pienso automáticamente en la escuadra de hoy, pero la descarto enseguida, y luego pienso en las muchas otras que hay, las cuales conozco el nombre de algunos miembros, pero de otros no. Supongo que es un indicio.
-Quiero preguntarte algo- le digo.
El me asiente dando su aprobación, la gran mayoría de respuestas que obtengo de él es un leve asentimiento con la cabeza.
-¿Por qué yo?- ahora comprendo que encontrarme con él no fue casualidad. Es el momento que él sepa que ya lo sé. Lo he deducido sola.
¿Qué pretendía un especial al encararse así con un marginado-? Y no era cualquier sujeto. Es su hijo. El hijo del rey. Soy consciente de que la familia real ha intentado por algunos años reclutar a todos los marginados, quedamos pocos, pero aun así tenemos el número suficiente para alterar al reino. ¿Les preocupamos? ¿Nos creen una amenaza y por eso han mandado a su hijo a hablar con uno de ellos? ¿Los reyes saben algo de esto? ¿Están siquiera involucrados?
No soy estúpida.
Haberme topado con él no fue coincidencia.
¿Acaso no suena demasiado conveniente?
-Debías ser tu- me dice –eres uno de los originarios.
Esa respuesta de nuevo.
-No puedo imaginar que me delato- suelto
-Tus ojos... son...- me río antes de que pueda terminar de hablar y él se calla sorprendido.
-Estaba siendo sarcástica. Se perfectamente que me delato.- se lo digo.
Todos lo originarios tienen ojos rojos. Todos sin excepción. Es una marca, nuestro sello. Toda mi familia y descendientes de estos tienen ojos rojos. Los que estamos unidos por la sangre del primer vampiro.
-El gran vampiro no tendrá respuestas- se lo digo
-No busco respuestas de él.-me mira - Solo pienso que tú al ser uno de los originarios podrás conseguir que ellos te suelten algo, a diferencia de cualquier marginado, tienes más posibilidades. –Me dice -Ellos te respetan-añade.
-Ser parte de mi familia no tiene nada de respetable, y el gran vampiro no habla con nadie- se lo digo.
-Solo quiero que preguntes cosas, la gente te dará respuestas porque eres de su familia. No te estoy mandando a hablar con el gran vampiro, además nadie conoce su ubicación exacta.
Si, bien, "el gran vampiro". Es el original. El vampiro con la edad más antigua registrada desde que todo comenzó. Sin embargo, el no habla, nunca lo han escuchado decir ni una sola palabra. Se dice que antes lo hacía, pero ahora se volvió loco, vive en una cueva alejado de todos. Allá en las montañas, en lo más profundo y alejado de todo. ¿Yo? Yo solo soy una descendiente de él. Y si, si conozco su ubicación exacta.
-Entonces tenemos un trato, te veré dentro de una semana- me levanto- tiempo suficiente para reunir información necesaria.
-Te veré mañana- me dice, y esa contradicción me hace quedarme fija en el suelo
-Yo dije...
-Es demasiado tiempo,-me refuta –y te necesito concentrada en esto.
-Y lo estaré-replico
-¿mientras robas?- no sé porque el peso de sus palabras logra avergonzarme.
-Debo hacerlo,- miro vagamente hacia el castillo –tu no lo entenderías.
-Aria.- la familiaridad con la que dice mi nombre me asusta. Porque no me conoce. Y la forma tan casual con la que lo menciona es inquietante, casi como si lo hubiera estado repitiendo durante toda su vida. –No tienes que hacer eso.
¿Por qué todo el mundo ahora se cree con derecho a decirme lo que tengo o no que hacer?
-No vives mi vida, no sabes nada, así que hazme el favor de no hablarme como si tuvieras algún control sobre mí.
-¿En serio te gusta robar?
-Es cuestión de una comparación, lo que me gusta por sobre lo que se necesita.
-Pueden unirse a nosotros, lo saben, los tratamos bien.
Lo miro de abajo hacia arriba –No me digas, nos miras como si fuéramos igual- y eso si lo digo en un tono acusatorio. Porque sé que al menos él no lo hace conmigo.
Se queda callado ante mis palabras y no dice nada.
Le doy la espalda y miro hacia el bosque, debo recordarme a mí misma que ese es mi hogar, que no tengo nada que hacer en el pueblo, debo recordarme a mí misma que en realidad no quiero unirme a los reyes, y por sobre todo no quiero conocer de más a este chico.
-Te veré mañana- me repite desde atrás.
Y permito que sus palabras se hagan realidad.