Sebastián:
-El golpe es unos centímetros más arriba- le digo
-No- trata de corregirme –el golpe es unos centímetros más abajo- Por alguna razón lo han traído más temprano que al resto.
Quizás para prepararnos mentalmente para esta convivencia forzada.
Quizás para unirnos más
Quizás para torturarme...
-Loran, estas equivocado- digo apaciblemente
-Creo saber cómo es la técnica.
Sacudo levemente mi cabeza –Pues entonces recuérdame quien practica con Víctor todas las mañanas.
Lo escucho resoplar-Hay mejores entrenadores que Víctor.
-¿Cómo cuáles?- pregunto -¿Los mismos que te enseñaron que ese golpe es unos centímetros más abajo?
Me mira con fastidio y un brillo en aquellos ojos opacos, de un morado casi imperceptible. –Los mismos que me han enseñado cómo comportarme- me dice
-Pues diles que han hecho un increíble trabajo-suelto –eres todo un encanto.
-Se aprecia tu cumplido.
-¿Estás seguro de que era uno?
Su cabello blanco se agita con el viento, y después tengo que corregirme. No, no es blanco, pero es de un rubio tan claro que casi podría confundirse con uno. Físicamente no se parece en nada a su madre, pero es la viva imagen de su padre.
-No has madurado ni un poco.-mira a su alrededor frustrado- No puedo creer que perderé toda una tarde con unos niños.
-Oye, anciano- el me mira de regreso- tienes la misma edad que yo.-
-A mí me sienta mejor.
-¿Por qué siquiera hablas conmigo? –Le pregunto extrañado-Me agradabas más cuando no podía escuchar el ruido que salía por eso que llamas boca.
-Nunca había tenido que hacerlo antes.
Entonces ahí lo comprendo.-Te lo ordenaron.- dije. Eso tenía sentido. El casi no habla conmigo, y cuando lo hace es para decir algo desagradable. Pero, ahí está la cosa. Está hablando porque se lo han demandado de esa manera, y el siempre obedecerá cualquier orden que le den.
De alguna forma quiero reírme de el –Te ordenaron hablar.-me burle- ¿Qué se siente salir de tu cabeza?
-No puedo decir que encuentre inteligencia superior aquí afuera.
-Apuesto que es un alivio salir de ese podrido lugar.
El solo me echa una mirada furiosa como respuesta.
-¿Fue la Tía Ericka?- le pregunto –La que te ordeno hacer esto.
-Nadie me ordeno a hacer nada- dijo mirando hacia el bosque –mi madre me lo pidió de favor.
-¿Te pidió de favor hablar?
-Sí, pero no lo hizo por mí- y entonces me miro.
Comprendí sus palabras, entendí su mirada, ellos no estaban preocupados porque él no hable, estaban preocupados por yo no hablara.
-Si mi querido primo hablara más, no estaríamos en esta situación- su voz no era sincera. En realidad, yo no era nada querido para él. Ni siquiera éramos primos, pero desde siempre nos hemos llamado así el uno al otro. Ericka, ni siquiera era mi tía, pero he crecido con gente que es mi familia aun sin tener ninguna conexión de sangre con ellos. No es que me incomodara tener una familia.
Decidí ignorarlo, al menos hasta que llegaran los cuatro chicos que faltaban.
Este iba a ser un día largo...
***
Aria:
Cuando entré en la cabaña me detuve abruptamente por el panorama que estaba contemplando.
Lidius sostenía una manzana.
Pero el panorama era más complicado que eso cuando se conocía su verdadero significado.
-¿Qué haces?- él se sorprende con el sonido de mi voz
-¡A-aria!-y se apresura a esconderla en un cajón de una cómoda; el ultimo cajón.
-¿Por qué...?- no puedo creerlo. Es algo que jamás he sabido de él.
-Y-yo...
Los marginados solo nos alimentamos de sangre. Nada más. La comida, como las frutas, carnes, nada de eso nos llena. No la necesitamos y si por casualidad la ingerimos, pues más tarde terminamos vomitándola, ya que nuestro cuerpo no las digiere.
Pero el descubrimiento de ese conocimiento trajo la verdad a la luz –Quieres ser como ellos-digo
-No somos como ellos, Aria.
-¡Pero te gustaría serlo!- le recrimine.
El amaría ser un vampiro especial, pero no está en su verdadera naturaleza, es un marginado. Y siempre lo será.
-Si alguien se enterara de esto Lidius...- luego sacudo mi cabeza en negativa por el solo pensamiento –Nadie debe saberlo nunca, deshazte de estas cosas.- porque he asumido que tiene más allí guardadas.
-Los vampiros especiales comen comida porque la necesitan- habla Lidius tratando de quizás tranquilizarme –Sé que no somos como ellos, solo la vi en el pueblo ayer mientras robábamos el cargamento y yo solo...
-La tomaste.
-Fue un error.
-Un error muy estúpido- se lo recalco
-Un secreto más entre nosotros- me mira
-¿Desde cuando haces esto? E-es una clase de complejo...
-Solo colecciono ciertas cosas- asumo que la expresión en mi cara no era muy agradable ya que él se apresura a hablar-está mal- admite- lo sé, arreglare todo esto.
Escuchamos la voz de Harlequinn llamándonos desde afuera. Compartimos una mirada asustada.
-Él no lo sabe. –le digo tratando de tranquilizarlo en parte a él, y en parte a mí-Todo estará bien, iremos a la misión, y luego nos desharemos de todo esto juntos ¿está bien?
Me mira con cariño ahora –No sé qué haría sin ti Aria.
-De seguro morirías.
El suelta una risa por lo bajo –Como si eso fuera posible...
-Solo resistiremos- le digo al igual que siempre –cuando tu hermana tenga edad suficiente podremos marcharnos. Nos iremos lejos, Lidius. Los tres juntos, a cualquier parte menos aquí.
-Los tres juntos- me repite, de alguna forma su voz es casi un consuelo, una promesa. Y después de eso salimos.
***
Sebastián:
Cuatro jóvenes están parados al frente de nosotros, el panorama es extraño, quizás porque los chicos son tan distintos que logran hacer un cuadro tan irregular.
Nadie sabe que decir.
Yo no sé qué decir.
Miro a Loran de reojo para ver si él tiene una idea de por dónde comenzar, pero noto que su mirada esta clavada al frente, y luce algo... desconcertado. ¿Contraído?
Jamás había visto nunca esa mirada gravada en su cara, en especial cuando él es el señor sabelotodo.
Sigo su vista y me fijo que esta clavada en unos de los chicos. Comprendo por qué es su desconcierto. Está en una silla de ruedas. Tiene un cabello castaño sumamente claro, casi podría decir que es de un color naranja, y sus ojos son de un rosa poco común.
-No es de buena educación hacer eso- escucho la voz de una chica. Claramente ha notado nuestras expresiones gravadas en el rostro mientras mirábamos a aquel chico. Ella nos está dando una reprimenda. –Soy Evie- su voz es baja y tranquila. Tiene un cabello corto n***o, sus ojos son de un café tan oscuro que casi parecen negros, es de estatura sumamente baja, ni siquiera parece de nuestra edad, es delgada, pero lo que más sobresale de ella es que su piel es de un tono blanco como la leche. ¿Es posible tener ese tono en la piel? ¿Es siquiera saludable?
-Loran- escucho su voz a mi lado.
Me apresuro a presentarme también –Sebastián.
-Soy Kayla- dice la chica más allá de su izquierda –Y él es mi hermano gemelo Eddard.
-¿Tenías que decir eso?- le reprocha su hermano.
-Solo trato de sacar un tema de conversación, discúlpame por tratar de escuchar algo más que a ese estúpido grillo.
-No hay porque discutir- intercedo. Ellos me miran sincronizadamente de regreso, los dos tienen ojos azules, piel bronceada, y cabello rubio, son copias; escalofriante.
Me tenso ante esa similitud.
-¿Entonces que se supone que haremos hoy?- pregunta el chico.
-Aún no se han presentado todos- escucho la voz de Loran, y de pronto caigo en cuenta de que es cierto.
Vuelvo a mirar al chico de la silla de ruedas, ni siquiera nos está mirando, su vista esta fija en el suelo, de pronto pienso que se ve demasiado frágil en ella, piel blanca pero no tanto como la de Evie, y de contextura delgada.
-Me llamo kiebl-susurra bajo
Todo se queda en silencio después de eso, creo que todos en este momento estamos mirando al chico.
Zas
Un ruido me despierta de pronto y miro hacia mi derecha sobresaltado-¿Eh? ¿Qué haces?
-Salto la cuerda- dice Evie tranquilamente, es raro ver un cuerpo tan pequeño saltando, y pensar que tiene la misma edad que nosotros.
-¿Por qué?
-Porque me aburro- y de pronto se detiene –Inténtalo tú- me estira la cuerda
-No se saltar la cuerda- admito rechazándola
Ella abre los ojos con dramatismo-¡No puede ser!- su reacción es genuina–Pero tienes que probar.- le estira la punta de la cuerda a Loran, y ella sostiene la otra.- Tú salta y nosotros la giramos.
-¿Con Loran?
-Sí, es tu primo ¿no?
-No confiaría en mi primo ni para que me atara los zapatos.
-Tu voto de confianza me conmueve- dice Loran
-¿Porque no confías en el?-pregunta con curiosidad Eddard
-Cuando era niño me arrojo por las escaleras.
-¿Enserio lo arrojaste por las escaleras?- pregunta esta vez Kayla mirándolo sorprendida, su cabello brilla bajo los rayos del sol, o quizás solo soy yo el que ha estado demasiado bajo el sol.
Lo veo encogerse de hombros antes de contestar -Fue un accidente- dice. Odio ese tono, cuando trata de hacerse la víctima y la gente estúpida se lo traga.
-Eso dice el- refuto
-Es bueno saber que no guardas rencor, primo.
Esta situación me enoja. No quiero estar aquí. No quiero estar con estas personas. No las conozco, son completos extraños para mí.
-Este juego es estúpido- digo –además no todos podemos jugarlo- y miro de nuevo hacia la silla.
Kiebl:
Ser diferente es un asco.
Me armo de valor para encontrarme con sus miradas. –Yo los mirare- les digo. -No tienen que preocuparse por que yo juegue-les doy una sonrisa forzada. No estoy siendo sincero en ninguna de mis acciones el día de hoy.-Prefiero leer- digo mientras les muestro el libro que he tenido guardado bajo la manta.
-Aun así no se saltar la cuerda- Sebastián se lo piensa un momento -¿Combate?
-Amo entrenar- dice Eddard –Lo hacemos todo el tiempo en casa- y su hermana asiente con él.
Me retiro más allá porque sé que no seré útil en nada aquí, al igual que nunca soy útil en algo.
La lucha empieza, ¿Qué esperaba? Son niños ricos. Apuesto que tienen todas sus agendas llenas de cosas por hacer, tutores tras tutores.
Eddard y Kayla son hijos de Chris, famoso por ser el dueño de un gran teatro reconocido y muy popular, lo juro, ese endemoniado lugar se llena todas las jodidas noches. Y lo sé, precisamente, porque mis padres han confeccionan ciertas ropas para ellos, mis padres tienen un pequeño local de costura, y han hecho unos que otros trabajos con ellos. Y en cuanto a Evie, ya la conocía desde antes. Su padre Andrés, es un artista muy talentoso. A los tres los había visto en persona miles de veces desde lejos.
« Yo los conocía a todos desde antes, pero nadie me conocía a mí, demasiado en las sombras para ser siquiera notado. »
Abro mi libro y finjo leer, y lo hago hasta que siento una mirada sobre mí.
Mi vista se topa con sus ojos, morados y profundos. Normalmente es común sorprender a la gente mirándome, suelen mirarme hasta que se aburren. Y cuando regreso la mirada suelen retirarla y sentirse avergonzados pero el no.
Loran está impasible, ni siquiera muestra signo de sorpresa al atraparlo mirándome. -¿Qué quieres?-pienso.
No te conozco. Ni a ti, ni a Sebastián, nunca los había visto en persona antes, y dudo mucho que ellos me conocieran a mí.
-Loran- llama Kayla –Es tu turno.
-¿Qué quieres?- vuelvo a pensar
Cuando por fin se mueve me siento aliviado de estar fuera de vista, y así vuelvo a mi libro. No sé cuánto ha pasado antes de darme cuenta que él y su primo están inmersos en una discusión; de nuevo.
Y sus estúpidas voces no me dejan concentrarme.
Cierro el libro fuerte, claramente molesto.
-Está mal- les hablo.
Me miran de regreso mostrándose extrañados de escuchar mi voz. –Estas mal- y esta vez miro solo a Loran –El golpe es un poco más arriba- digo dándole la razón a Sebastián.
-¿Cómo lo sabes?- me pregunta Kayla. Y sé que la pregunta correcta que quiere decir es ¿Cómo puedes saberlo si se nota que nunca has peleado?
-Estudio técnicas, y las veo- les digo. –Suelo pasarme por los distintos puestos del pueblo y observar.- esa es precisamente la forma del porque conozco a estos chicos. Los he observado a través de la vitrina de sus negocios.
-Son dos contra uno- dice Eddard –Eso te hace el ganador –dice mirando a Sebastián, es como si entre ellos dos han congeniado instantáneamente.
Bien por ellos.
Me acerco hasta Evie- gracias-ella me mira de regreso, pero no está sorprendida.
-No es nada- y sé que ella sabe de lo que hablo. Ha estado tratando de desviar la atención de mí desde que llegamos. Es la que está tratando de hacerles entender que no hay nada de diferente en mí; aunque eso sea una mentira.
Al ser de estatura pequeña es del porte de mi sentado en la silla.
Ya casi es hora de irnos, así que me dirijo a la cocina. Dentro del castillo hay muchas personas moviéndose de un lado al otro, y apenas entro en la cocina alguien me facilita lo que he venido a buscar. Me quedo apartado más allá aun con mi vaso de agua en la mano.
-¿Tienes sed?-su voz me ha sobresaltado.
¿Me ha seguido hasta aquí?
Lo miro de regreso y no respondo. Vuelvo a mirar hacia mi vaso.
-Consultare lo de la técnica.-lo veo apoyarse en la pared, su espalda arrimada al muro-¿Sabes bastante sobre eso?
-No tienes que hacer esto.
-¿Hacer qué?
-Si es por lastima... no tienes que hablar conmigo.
Se ha enderezado de la pared y ha caminado hasta estar en frente mío
-Te he visto antes- me dice Loran
¿Eh?
-¿Perdona?
-En el negocio de costura- me sorprendo que siquiera conozca ese lugar
-¿Enserio?
Lo veo asentir.
-Ya veo…-murmuro más para mí que para él.
-¿Puedo preguntar algo?
-Ya lo estás haciendo ¿no?- él sonríe ante mi comentario
-Es bueno ver que conservas el sentido del humor- casi parece sonreír pero luego su expresión cambia -¿Qué tan malo es?
Que tan malo...
-¿Estas... Lisiado?- sé que la pregunta parece insensible pero es natural tener curiosidad
Niego con la cabeza-No es permanente...- luego dudo-bueno no del todo... o al menos espero yo que no lo sea, puedo caminar a veces con ayuda de muletas, pero... me cuesta demasiado estar de pie, por eso uso la silla. Medicina y tratamiento ayuda.
-Tratamiento...- repite –hablas de rehabilitación. Puede haber una posibilidad de que puedas caminar de nuevo.
-O puede que haya una posibilidad de que ya no lo haga nunca- admito.
Ni siquiera sé porque se lo he contado, tampoco es como si fuera un secreto, pero es un tema que no me gusta topar a la ligera.
Escucho que han llamado mi nombre
-Llegaron mis padres- digo mirando hacia la dirección en que vinieron las voces –Adiós –Le doy la espalda dejándolo atrás.
***
Loran:
Noto su peso en el mueble, justo a mi lado-Creo que ya se han ido todos-
No contesto de regreso solo fijo mi mirada en el florero de la mesa.
-¿Interesado en alguien?- el sigue parloteando, ¿Por qué tiene que ser tan entrometido? –Nunca haces nada desinteresadamente. –me dice y a continuación lo escucho suspirar antes de seguir hablando-El chico está en una silla de ruedas,-me dice como si no lo hubiera notado ya- y a menos que desde hace cinco segundos se te haya ocurrido hacer obras benéficas no puedes planear nada bueno-
Por fin me digno en mirarlo, sus ojos azules están brillando en fuerza. Tiene una presencia innata digna de ser el hijo del rey. Es igual a Levi y no se da ni cuenta –No le haré nada- le digo, quiero quitármelo de encima. Él es como tener un discurso constante diciéndote sobre lo que está bien o mal. No necesito una consciencia tan insoportable como él.
La puerta se abre y veo a mi madre entrar por ella. –Es hora- me dice y alza un brazo en señal de que avance.
-Sebas-saluda mi madre, el corresponde al saludo con una reverencia.
La sigo fuera del castillo y bajamos juntos los escalones
-¿Qué tal fue?
-Dime que no le has dado a nadie la parte de mi trabajo-
-Nadie ha tocado tus papeles,- me dice –Y aun no me has contestado-
-No estuvo mal- admito.
-Sabes que hoy era un día de prueba. No te obligare a venir.- abre la puerta del carruaje y ella entra por esta –Y, ¿Qué decidiste?
Que decidí...
Miro hacia afuera, mi rostro reposa en mi mano admirando el paisaje que se forma mientras el carruaje se mueve.
Sus ojos rosas vuelven hacia mí, como un milagro, como un recuerdo, como un sueño...
–Volveré mañana- le digo. Y aun sin mirarla, puedo imaginar la sonrisa en el rostro de mi madre.
***
Sebastián:
Vuelvo a tomar la cuerda del suelo, miro alrededor asegurándome de que estoy completamente solo. Ya es tarde, y ha caído la noche. El jardín luce tranquilo, y el bosque impasible.
Evie me la dejo la cuerda alegando que debería tratar, y repitiéndome por no se cuanta vez en el día de hoy, que es sumamente divertido.
¿Por qué lo encuentra tan divertido?
Tomo ambos lados de la cuerda y salto, aunque tropiezo en el intento e inevitablemente me he enredado con ella, he caído al suelo miserablemente.
Cuando escucho su risa me volteo para verlo. –J-joost...- de alguna forma estoy avergonzado de hacer el ridículo. Me levanto enseguida aun con la cuerda en la mano.
-¿Aprendiendo algo nuevo?- mi lobo está parado a metros detrás de mi observándome divertido
-No exactamente.
-Solo es saltar la cuerda Sebastián- me dice –No es tan difícil.
¿No es tan difícil?
-¿Cómo podrías tu saberlo? No podrías ni sujetar la cuerda- y me dedico a desenredar la cuerda para volver a poner las puntas de los extremos en mis manos.
Joost es misterioso, tal y como esta noche que nos mira con una expresión indescifrable. –Tienes razón, no podría saberlo- me dice, y sus ojos son tan enigmático que a veces me pregunto qué tanto oculta detrás de ellos.
Cuando vuelvo a caer por cuarta ocasión es cuando me doy por vencido; o al menos por hoy.
Escucho a Joost sacudirse y abrir un portal –Ya viene- y luego desaparece por este.
No tengo que preguntar quién es para saberlo.
De pronto me doy cuenta que quizás su visita ha sido la que más he esperado en todo el día.
La noto llegar, como se escabulle y sale de entre las sombras. Como pasa de árbol en árbol asegurándose de que nadie la ha seguido, y a su vez avanzando más hacia mí.
Su cabello blanco me recuerda a Loran. No. El cabello de Loran me recuerda a ella.
-Tengo noticias- me dice, -se dé un m*****o en una de las escuadras de alto nivel, y responde al nombre que me dijiste- sus ojos rojos brillan en llamas puras. El color es simplemente hipnotizante. Quizás nunca me acostumbre a su expresión.
-Planeare algo esta noche y te informare mañana lo que haremos a continuación- ella me asiente de regreso, luego vuelve a mirar hacia el bosque, y sin más que esperar vuelve a correr adentrándose en él.
Sin siquiera saber porque, me siento decepcionado de esta visita, y del hecho de que se ha ido tan pronto. Quizás en un aparte recóndita de mi subconsciente me encuentro deseando haber dicho algo más, cualquier cosa que hubiera hecho que se quedara.
Que se quedara...
¿Qué me está pasando?