Aria:
Cuando toco el asfalto y mi cuerpo duele como el demonio es el momento en el que me cuestiono dos cosas primordiales en mi vida.
La primera, ¿Por qué carajo habré aceptado siquiera formar parte de esto? Y la segunda, ¿El cielo siempre se ha visto así desde aquí abajo?
-¡Muévete Caseres!- su grito suena de arriba, y me hace notar que ella no se ha caído del techo como yo.
Bien.
Noto que se ha ido, su grito solo ha pasado de paso, y cuando escucho el sonar de armaduras y espadas rozar fuera de sus vainas es cuando comprendo porque ha salido corriendo.
«Guardias del palacio »
Me levanto lo más rápido que puedo y empiezo a correr, el pueblo es un caos, todos están alborotados, corren por aquí y por allá. Me pregunto si habrá valido la pena todo este alboroto ¿habrán conseguido robar el cargamento? Se supone que sería un robo fácil. "se supone". Por eso, jamás supongan nada.
Cuando doy la vuelta a otro callejón, noto que ha sido una equivocación.
-Camino equivocado.- escuche decir a uno de los tres guardias
No espero otra respuesta de alguno de los otros, ya que apenas lo ha dicho he regresado por donde he venido. Esquivo cajas, y gente, salto y escalo rejas, y cuando estoy por doblar otra esquina, choco contra algo. Y cuando escucho su queja, es cuando me doy cuenta que no ha sido un algo, sino un alguien.
-¡Por ahí!- las voces de los guardias suenan lejanas, pero no lo suficiente.
-Mierda- maldigo mi poca suerte.
-Por aquí- la voz a mi lado suena baja, y agitada, sin embargo, siento que me ha agarrado de la mano y se ha puesto a correr conmigo arrastrándome desde atrás.
Por alguna razón no logro pensar claramente. Mi cabeza solo está pensando –eran tres. ¡Tres!- todo instinto me dice corre, ¡Corre! ¿No ves que te doblan la altura?
El muchacho frente a mi lleva una capa puesta por lo que me es imposible ver su rostro, él se mete por callejones y pasadizos, es como si conociera todo este lugar como la palma de su mano. Lo cual es una ambigüedad ¿Quién rayos conoce con exactitud todos los rasgos de la palma de su mano?
-Aquí- me empuja, y nos metemos por una puerta, casi parece un cuarto pequeño.
-¿Por qué estamos a...?- de alguna forma no logro terminar de formular mi pregunta porque su -shsh- me ha hecho cerrar la boca.
Cuando escucho el correr de guardias es cuando mi cerebro parece querer funcionar de nuevo. Quedamos en silencio hasta que logro oír como se alejan del lugar en el que estamos escondidos.
-Creo que se han ido- digo.
-Por aquí- vuelve a decir, y así ha abierto de nuevo la puerta, y ha seguido corriendo; no me ha soltado en ningún momento. Como no tengo mucha opinión en sus arranques de energía me limito a callar, y me tomo la molestia en concentrarme en su tacto; está caliente.
-Es un vampiro especial- pienso. La diferencia entre ellos y nosotros; es que ellos están vivos. Nosotros no. Nosotros estamos muertos. Yo estoy muerta. Y sin embargo ambas razas son catalogadas como vampiros.
Noto que se detiene, puedo sentir el latir de sus venas bajo el tacto de su mano, justo en la muñeca. Su respiración es de igual forma, agitada. Puedo sentir y escuchar cada latido de el con tanta claridad que asusta. De alguna forma me pone nerviosa, jamás he estado tan cerca de un vampiro como él. No con uno especial.
Él se acerca a uno de los barrotes que separan uno de los límites del bosque, ha roto aquel metal como si fuera papel. Ah, aquí otra diferencia entre nosotros, ellos tienen habilidades extraordinarias, fuerza sobre humana, velocidad, y demás. ¿Y yo? Nada. Nada de nada. ¿Ya se han dado cuenta porque nos llamas marginados? Somos diferentes, no valemos nada, para ellos; somos basura.
-¿Por qué?- quiero saberlo. –Eres uno de ellos-
Sé que me está mirando, pero aun con la capucha puesta y con aquella cosa que le cubre la mitad de su rostro me es imposible ver quien se esconde allí.
-Eres muy joven.-dice, y él ha retirado su mirada de mí, está viendo alrededor de él, como asegurándose de que estemos solos- No mereces ir a una celda-
-No me conoces-
-No necesito hacerlo para saber que puedes ser buena. -
¿Buena?
-¿Estas en contra del reino? ¿Eres un desertor?- pregunto
Lo noto negar con la cabeza –No es lo que quise insinuar. A decir verdad, fuera más fácil si vampiros como ustedes simplemente se unieran al reino-
"Vampiros como ustedes"
Él no me consideraba parte de él. Él no nos consideraba parte de ellos. Nosotros siempre íbamos a ser "vampiros como ustedes". Siempre íbamos a estar catalogados como otra cosa, algo inferior.
Mi enojo me invadió, así que di media vuelta para regresar con Sylvie. Después de todo, la culpa de todo esto es de ella por haberme abandonado después de caer por aquel techo.
-Tu equipo te abandono- su voz me detuvo
-¿Qué?
-Los vi correr.
Él nos vigilaba...
-Se fueron cuando todo se tornó turbio- dije –yo hubiera hecho lo mismo- admití, aunque quizás eso no fuera del todo cierto. Quizás si mentía. – No sé quién eres, pero si descubren que has ayudado a un marginado te acusaran de traición.
-No puedes ser acusado de traición cuando tu acto solo ha sido de bondad.
-O interés- lo corregí. –tu acto de generosidad no puede ser gratis.
-No lo es.
-¿Y qué quieres?
-Por el momento nada- noto que se ha quitado aquella cosa que le cubría el rostro y su capucha ha bajado de su cabeza revelando así un cabello n***o como la noche.
Esta sonriendo, su cara refleja tanta viveza y equilibrio que me estremece. Es joven, aunque por su forma de hablar y su estatura ya lo había notado.
-¿Quién eres?
Sus ojos azules me están estudiando, casi como si hubiera encontrado un amuleto dorado, como si yo fuera su lotería- una cosa por otra- me dice
-Aria- dije y me sentí algo extraña y estúpida por haber revelado mi nombre primero y tan rápido, -soy Aria-repetí
Lo mire, esos ojos... no eran normales. Su color. El color azul en los ojos no es común de ver entre vampiros, ni en marginados y ni siquiera en especiales. Es muy raro notar que un vampiro los posea. Y de alguna forma el conocimiento de quien es este muchacho vuela a mi cabeza.
-Soy Sebastián- dice
« El hijo del rey. »