Sintiéndome ridícula

1097 Words
Con 17 años mi mente estaba en los estudios, en mis libros de relatos románticos, mi fiel compañero Julio Verne y Kafka que jamás me falla, no pensaba en las típicas cosas de las adolescentes de mi edad, no iba a fiestas, no bebía, sufría en silencio por Max aún, pero no quería admitirlo, así que esas vacaciones fueron una sorpresa para mí. Cuando bajaba mi maleta de la avioneta que nos llevaba, mis ojos se abrieron de par en par al ver a un hermoso hombre tomando el sol en una tumbona, en shorts de baño y ese musculoso y firme pecho al descubierto. Mis sentidos más íntimos amenazaron con salir. Ese cabello desordenado y castaño, esa hermosa piel, nunca había visto a alguien así. Llevaba unos lentes de sol oscuros, por lo que no pude verlo bien, así que después de regodear mi vista unos segundos más y, obviamente, quedarme parada como idiota mirándolo, seguí mi camino y alcancé a Sam. Subimos a nuestras habitaciones, que estaban juntas, ordenamos nuestras cosas y ella quería bajar a la alberca, por lo que buscamos un bikini, aunque lo que Sam me prestó para colocarme eran solo dos trocitos de tela que no cubrían nada. - No pienso colocarme esto, Sam, parece un hilo. Esto no tapará nada. - Lo que quieres es mostrar para que, por fin, alguien vea lo que yo veo. - No quiero que nadie vea lo que tú ves, si me has visto sin ropa. - Maldición, Victoria, colócate esto. Tu mamá estará de acuerdo conmigo. Con el pavor de colocarme algo así y lo que dirían mis padres, fui a consultar con mi madre, quien me dio el visto bueno, y decidí ponermelo pero salir con un pareo para cubrirme. No quiero mostrar demas. Quizá tendría suerte y me encontraría nuevamente a ese hombre tan perfecto. Pero ahora que lo pienso, me doy cuenta de que ese fue el momento más vergonzoso de mi vida. De camino a la alberca en dónde se encontraban nuestras familias, no paro de notar que me veo demasiado expuesta y trato de taparme más pero Sam me quita el pareo mientras aún estamos en el lobby del hotel, dónde hay mucha gente para mi gusto y me suelta el cabello, por lo que, cuando íbamos llegando a la alberca debí arreglármelo y lo moví hacia los lados, fue entonces que vi a aquel monumento de hombre otra vez, que me miraba de pies a cabeza, pero esta vez me di cuenta de que él estaba junto a mi familia. Demonios. Quizá lo conocía. Cuando nos acercamos, Sam corrió hacia él, quien la abrazó efusivamente y yo me quedé perpleja, el acaba de mirarme muy atentamente de pies a cabeza y ahora se abrazan así, esto me provocó un escalofrío, ahora creo que es el novio de Sam, por lo que decidí marcar mi camino de inmediato y lo saludé de mano, el solo me observó. Después de aquel incómodo momento, mi madre le habló y yo me acabé de morir, lo que sucedió después es parte de la peor historia que puedo tener en mi memoria, el nombre de él y el hecho de que jamás lo miré por más de dos segundos me dijeron dos cosas esa tarde, la primera, que al no verlo en bastante tiempo y no haberlo mirado bien, posiblemente me crucé con él en más de una ocasión y fui una maleducada al no saludarlo cómo debía, y la segunda, es que puedes pasar años sin ver a alguien, y esa persona puede cambiar mucho pero en tu corazón siempre estará la misma sensación que te provocó la primera impresión. - Damián, cuéntanos, ¿cómo es que nos dijiste hace una semana que estarías muy ocupado para venir y hoy te encontramos aquí? – Demonios, esto no está pasando, no puede ser. Cuando éramos pequeños, nuestras familias estaban tan unidas que nosotros crecimos juntos, casi como hermanos. Resulta que a mí me prometieron con Max por que nacimos en el mismo año, cosas de la luna y de nuestras abuelas. Pero mi mamá siempre quiso que fuera Damián mi prometido, ella siempre habla bien de él y ya que su mamá es la mejor amiga de la mía, las dos nos querían juntos, pero eso nunca pasó. Nunca hablábamos y cada vez que Damián llegaba de su internado a mí me mandaban con Max a todas partes. Esta isla es propiedad directa de la familia de Damián, quienes son los que manejan los negocios de los Rivadeneira, o sea las constructoras, bancos, entre otros, cabe mencionar que Damián y su padre hacen un muy buen trabajo; luego la familia de Max que son los que manejan el mejor bufete de abogados del país y la familia de Sam los que manejan los hoteles. Hay mucho que no recuerdo de mi infancia, pero si hay algo que recuerdo es lo nerviosa que me colocaba cuando Damián estaba con nosotros, siempre amé a Max, pero Damián era como ese ser inalcanzable, fuera de que era el mayor, él tenía 10 cuando Max y yo teníamos 5, Sam tenía 6, así que yo lo veía como un ángel al que temía acercarme. Saber que él es la persona a la que deseé ver de nuevo es como un balde de agua fría, estoy viendo a mi ángel inalcanzable con otros ojos, eso es extraño, nunca me había percatado de que me provoca cosas. - Cierra la boca o te entrarán moscas – Sam dice en mi oído y recién ahí es que me doy cuenta de que todos me observan porque estoy mirando al primo de Sam con la boca abierta. ¡Ay Dios!, ¿porque yo? miro hacia todos con cara de disculpa, lo miro a él quién está ¿sonriendo? Yo muriendo de la plancha y él se ríe. Cretino. Que vergüenza más grande, necesito salir de aquí. Me muevo un poco hacia atrás y recién noto que no hay nada bajo mis pies, de zambullida a la piscina. Dios por favor desaparéceme! Trato de salir airosa de la situación pero es todo lo contrario, estoy haciendo el ridículo, en eso siento la mano de alguien alcanzarme y me abraza a su cuerpo mientras nada hacia la orilla. Dios, ¿que sucede conmigo? Y ahí está el, todo mojado por sacarme a mi del agua, yo no puedo apartar mi vista de su cuerpo húmedo y no logro notar que a mí alrededor todos están riendo de mi estúpido espectáculo. Quiero morir.
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