Dos semanas después...
—Buenos días señor. Llamaron representantes de la Revista Fortuna, el evento que se había pospuesto, tiene nueva fecha, será mañana, ya se lo había informado, ¿Lo recuerda?
—Gracias Georgina, si lo recordaba —respondió César.
En lo que Georgina salió de la oficina, marcó el número de Alexa.
—Buenos días señor director ejecutivo ¿Cómo durmió?
—Divinamente. Ansiando verte hoy.
Ella se rió sobre la bocina. A César le encantó el sonido de su risa.
—Te recojo a las 6 de la tarde de hoy ¿Te parece? —preguntó él.
—Si, admito que estoy algo nerviosa por cenar con tus amigos.
—No es nada, solo han insistido en que nos acompañes por el aniversario de Iker y Macarena.
—Está bien, repíteme eso, para no ponerme nerviosa.
—La pase muy bien anoche —le dijo él.
—Yo también.
Hablaron largo rato por teléfono. César se preparó para ir a una reunión con la junta directiva.
—Estamos satisfechos con los resultados César. Crecimiento de 11.1% en ganancias de un año a otro. Impresionante —dijo el chairman.
—Y 60% en innovación en productos sustentables. Remarcable —agregó uno de los socios.
—Todo eso es positivo, pero lo que a mí me alegra es lo bien que funciona la política de reparto de dividendos. Y el incremento de 3% en el EBITDA —agregó otro socio.
—Feliz de reportar otro año de progreso significativo, un fuerte crecimiento en las ventas y un nuevo récord de ganancias, mantuvimos la caja con un flujo alto y si, nuestro objetivo principal, el retorno de las inversiones a los accionistas. El año que viene entraremos con buen pie y el objetivo es conseguir un incremento superior en las ventas. Invertiremos en nuevas tecnologías con la sustentabilidad siempre en mente. Gracias por la confianza —expuso César.
—Tienes un equipo de lujo. Lo admito —comentó el chairman.
—Vi en tu perfil César, que hablabas de alianzas con la academia, con las universidades, algunos inversionistas mucho más conservadores se han interesado. ¿Tienes avance en ese aspecto? Digo ya que la sustancia económica la tienes dominada, podemos hablar de otros aspectos blandos ¿No? —intervino el mayor de los socios, Luciano Marconis, el mayoritario.
—Si. Claro, La UNE es una de las universidades en las que nos interesamos, pero también hay muchas otras. En eso estamos —respondió César. Recordando el perfil que le hizo Alexa, había olvidado a Arantza por completo. Nunca debió mencionar aquello, pensó.
—Excelente. Eso se vería bien, igual que se ve bien que ahora tengas una novia César, no me quiero entrometer pero un hombre de familia causa un impacto mejor que uno soltero, me alegra saber que estás en una relación, con una mujer adulta, seria y profesional. Todo marcha bien en tu vida ¿no? —insistió el socio.
—Si, gracias si —se limitó a contestar César.
Al salir de la reunión Iker lo felicitó.
—Los miembros de la junta directiva quedaron conformes contigo una vez más ¿Por qué esa cara? —le dijo alegre.
—Porque soy un bocazas.
—Lo de la mención de tu novia no me lo esperaba eh.
—Ni yo. Tenías razón, al final todos observan. Solo salimos, no es mi novia.
—Fuiste un imprudente al follarte a la periodista que te hacia un perfil pero bueno, no ha salido mal. No es una loca al menos.
—Ha salido más que bien. Alexa es divina y no me fastidia con tonterías.
—Romina es la que te odia ahora.
—No me lo recuerdes, que incomodo todo. Ahora es Miranda la que viene conmigo a revisar lo de la campaña, obviamente no quiere venir a mi oficina.
Iker se encogió de hombros.
Esa noche todos se iban a encontrar en el restaurante de modo de la ciudad, hacía unos tres meses que Iker había reservado para esa noche. Era el aniversario de su boda con Macarena y no querían celebrar solos.
César vio salir a Alexa de su edificio. Llevaba un vestido amarillo muy ajustado con escote pronunciado y su cabello suelto. Sonrió al verla, se veía espectacular.
—Estás preciosa —observó César cuando se subió al auto.
—Gracias, tú también estás muy guapo.
César vestía un traje n***o, camisa blanca sin corbata. La besó en la boca, él suspiró, se separó de ella para mirarla y la volvió a besar, la miraba con deseo. Ella se rió.
—No vamos a llegar a esa cena, compórtate —rió ella.
—Cierto. Vamos, ya tendremos tiempo.
Al llegar al restaurante ya estaban Claudia y Arturo, Iker y Macarena estaban llegando. Claudia lucía un vestido maternal rosado y Macarena un conjunto color ladrillo. Los chicos iban de traje.
—Felicidades —saludo Alexa.
—Gracias —contestó Macarena.
Después de presentarse con el grupo Alexa y César tomaron asientos juntos. Claudia reprimió una sonrisa traviesa y Arturo la regañó con la mirada, César veía la escena y esperaba que ella no saliera con una de sus ocurrencias.
—Felicidades Macarena —le dijo César.
—Gracias.
—¿Quién lo diría no? De aniversario ya. El hombre por fin se enserio y anda con una sola mujer —dijo Claudia con doble intención.
Todos se miraron, Iker abrió los ojos como platos y bajo la cara. Todos entendieron que se refería a César, que carraspeo la garganta y se dedicó a mirar el menú. Alexa se mostró extrañada pero no comentó nada.
—Hacen una linda pareja y su bebe es hermosa —dijo Arturo.
—¡Gracias! Estamos orgullosos de nuestra familia —respondió Iker sonriente.
—Me pareció tan inusual que nos invitaran a su cena aniversario pero lo agradezco, son tan hermosos, yo en mi estado estoy sensible a esas cosas —manifestó Claudia.
—Yo lo dudo tanto —dijo César cubriéndose la cara con el menú. Todos rieron.
—Tendremos nuestra celebración privada el fin de semana —anunció Macarena con picardía.
Todos rieron.
La cena transcurrió con normalidad sin comentarios mordaces de Claudia, César se sintió satisfecho de que le cayera bien también a Claudia. Por un momento pensó que incluso Alexa sería alguien con quien enseriarse.
—Gracias por acompañarnos esta noche. Fue una linda compañía —dijo Macarena.
—Gracias muchachos, valoramos que nos hayan apoyado, espero que lo sigan haciendo —agregó Iker.
—Esperamos pronto invitarlos a ustedes a nuestra celebración, podemos hacer de esto una costumbre —propuso Arturo.
Claudia lo miró con cara de fastidio.
—No creo Arturo, pero lindo que lo pienses. Gracias a ustedes —se despidió Claudia.
César y Alexa se despidieron sin hablar mucho, caminaron tomados de la mano hacia el auto.
—¿Y? ¿Me odiaron? —preguntó Alexa.
—No, les caes bien —sonrió César.
Al llegar a casa de César Alexa se abalanzó sobre él y lo beso en la mejilla con dramatismo.
—Ansiaba poder estar a solas contigo así —susurró Alexa.
—Y yo.
Él la cargó y la llevó así hasta la habitación. Ella reía quejándose. La tendió sobre la cama y comenzó a desvestirse mientras no le quitaba la vista de encima. Alexa se descalzó y se sacó el vestido, quedó en unas bragas beige, no llevaba sujetador.
César sintió como su excitación crecía solo al verla desnuda frente a él, una imagen embriagadora, ella alta con su cuerpo tan definido, sus pechos grandes y el cabello n***o cayéndole en ondas sobre el pecho, se incorporó en la cama y se sentó con las piernas abiertas mientras observaba a César quitarse la ropa.
Él se sentó en la cama frente a ella y la hizo subir sobre él, se besaron en la boca con apremio, ella abrazada a su cabeza y él a su cintura. Él besó su cuello y ella ladeo la cabeza para darle acceso, mordió sus labios y cerró sus ojos, la beso en el cuello con desespero y fue sobre sus pechos, tomó uno de ellos con sus dientes y Alexa soltó un quejido suave, se aferró a sus hombros, abrió toda su boca sobre el pecho de ella, pasando la lengua sobre su pezón, ella gimió y comenzó a frotarse contra su erección.
—César ¿Me lo vas a hacer duro?
—Si —susurró él.
Ella se rió.
—Tengo que prepararme entonces —rió.
Él la acompañó con la risa y la tendió en la cama, de sus pechos bajo a su estómago con besos delicados hasta llegar a su pelvis, retiró sus bragas y hundió sus labios y su lengua sobre su clítoris y Alexa se agitó bajo su contacto, abrió más las piernas y lo dejó penetrar su sexo con la lengua, se aferraba a las sabanas gimiendo. Le introdujo un dedo y ella rió y se agitó más, luego otro y ella se cubrió el rostro, hasta que luego soltó un grito de placer que dejó saber a César que había alcanzado el clímax, su cuerpo reposó de los movimientos agitados y lo invitó a subirse a ella.
—Lo siento todo.. Ah… —gimió Alexa.
Se sentó de nuevo en la cama y la volvió a colocar sobre él en esa posición, ella lo ayudó a entrar en ella y se aferró a sus hombros con un grito leve, la sostuvo por las caderas mientras ella se agitaba arriba y abajo, él trataba de ir muy dentro de ella, fundidos como estaban sus cuerpos, sus bocas se buscaron, sus lenguas chocaban y luchaban por controlar el movimiento dentro de la boca de cada uno.
Alexa lo urgió a tenderse sobre la cama pero él insistió en mantener la posición, la ayudó a subir y bajar sobre él con experticia y ella gritó, alcanzó el orgasmo después de que se detuvieron las sacudidas, ella apoyó su cabeza sobre su hombro.
Él la tendió sobre la cama y se acostó a su lado agitado. Ella se giró a mirarlo.
—Me encantó —rió.
César se acercó y la beso en la boca, ella le respondió.
—¿Te quedas esta noche?
—Si, claro que sí —contestó ella.