César estaba dispuesto a evitar a Romina. La tarde entre los dos terminó de forma extraña y a él no le apetecía explicar nada pero al llegar esa mañana muy temprano, ella lo esperaba con aire nervioso a la puerta de la oficina principal en el pasillo frente al ascensor. Llevaba un traje de falda y chaqueta en color vinotinto muy ajustado y mono. Sonrió en su dirección al verlo.
—Buenos días César.
—Buenos días Romina ¿Cómo estas esta mañana?
—Bien. Ayer todo fue muy raro y quise saber si todo estaba bien. No pude dormir ¿Estás molesto conmigo o algo?
—No. Estaba muy cansado. Te lo dije, tuve un día difícil ayer. Lo siento si te parece que escapé del lugar, tal vez lo hice, lo siento mucho.
—Tranquilo. ¿Nos podremos volver a ver más o fue un rechazo definitivo?
César no se pudo sentir más miserable. La chica era hermosa y le gustaba pero ya había decidido que mejor no se enredaba más en relaciones vacías. Estaba dispuesto a ir por una relación con más significado. ¿Cómo la vas a conseguir si no te das oportunidad con alguna? pensó también.
—Saldremos de nuevo Romina —dijo y se arrepintió.
No podré llevarla a la cama tan rápido, se dijo. Me daré tiempo de conocerla y veré si podemos llegar a una relación, resolvió mentalmente.
—Me alegra. De verdad quiero verte fuera del trabajo —dijo en tono dulce.
—A mí también.
Ella se despidió de él con un beso en la mejilla apoyada en uno de sus brazos. Él le sonrió con ternura.
Iker me va a matar, pensó. Está mal que salga con una empleada, será lo primero que me diga cuando se entere, reflexionó César mientras entraba a su oficina.
—Jefe. ¿Qué te pasa? Estás muy cabizbajo. ¿Por los 40 años? —preguntó Xander con su típico tono afectado.
—No chico. La verdad me siento igual que todos los días, nada es diferente.
—¿Y la cara de depresión por qué entonces?
César se rió.
—Por un lado, la vergüenza que pasé con la rectora de la UNE me dejó golpeado un poco, por el otro lado Iker criticándome por mi estilo de vida y bueno ahora Romina quiere salir conmigo creo que le di pie y ahora no me parece tan apropiado, no sé qué hacer con ella.
—¿Cómo un hombre tan brillante para los negocios es tan terrible para las relaciones? Espera, ¿Qué vergüenza pasaste con la perra pretenciosa de la UNE?
—No te había contado. La conocí en un estado lamentable el día de mi cumpleaños, que no quisiste acompañarme y por tu culpa pasó todo, por no estar ahí para prevenirme —le dijo en tono de reclamo César.
—Puros machos alfas luchando por meter sus pitos dentro de mujeres ebrias. No gracias, no me gustan esas barbaridades. ¿Cómo estado lamentable?
César le contó con detalles a Xander lo que ocurrió, incluso su visita a la facultad y la posición en la que la consiguió en el suelo. Xander se quedó sin palabras, se cubrió la boca con las manos todo el rato y mantuvo los ojos abiertos como platos. Estaba anonadado.
—¿Me comprendes un poco ahora? —preguntó César.
—Bueno primero aclaremos lo de Iker, no tiene moral, se casó con su pasante. Aquí la conoció, aquí se la follo y la preño y se casó con ella. Muy descarado de su parte juzgarte.
—Si Xander, pero fue la única con la que lo hizo y se casó con ella, entiendo su punto, debería preocuparme más mi imagen y mi reputación como cabeza de esta organización.
—Pues sí, pero la junta directiva no se queja. Los números son hermosos y la caja siempre es positiva. Te aman —lo reconfortó Xander.
—¿Dices que si debo acostarme con Romina?
—No digo eso. Esa niña me parece más insípida que una ensalada de rábano.
—A ti no te gustan las mujeres.
—Pero no soy ciego, y lo que digo es que no te atormentes ni te fijes metas absurdas y tontas, corta por lo sano con Romina pero no te atormentes por el pasado, ya no puedes hacer nada. Eso incluye a la perra pretenciosa y frígida de la rectora.
—Xander —lo reprendió César.
Él se rió y se encogió de hombros.
César pasó la tarde tratando de evitar a Iker. Comió en su escritorio algo rápido y recordó a Arantza ¿Por qué comerá en su escritorio? se preguntó y ¿por qué pienso en ella? se reprendió.
Más tarde ese día, Georgina lo interrumpió.
—Señor. Está acá Alexa Rodríguez del diario Tribuna Abierta.
—Cierto Georgina, casi lo olvidaba. Estaba metido revisando unos números. Que pase.
Georgina se dió media vuelta y salió de la oficina. César se arrepintió de no tomar una taza de café más antes de recibir a la periodista. Se sentía agotado.
Espero de pie junto a la puerta a la periodista, vio entrar a una morena clara de cabellos negros con volumen, muy bien vestida y resuelta. Le sonrió al verlo.
—Señor César Puig. Un gusto conocerlo, soy Alexa Rodriguez, Diario Tribuna Abierta —dijo la mujer estirando la mano.
—Encantado. Bienvenida —le saludó con una sonrisa cálida.
El apretón de manos de la periodista fue fuerte y sus manos eran suaves, César sintió un leve olor a esencia de coco, Alexa es muy sexy, pensó. Piernas largas, cuerpo atlético, alta, de busto generoso, labios gruesos y nariz perfilada, los ojos verdes y su cabello tan n***o combinado con su piel trigueña, tenía una apariencia de infarto.
Ella también le dio un repaso sin disimulo. Observó con cuidado su rostro y sus ojos y cada parte de su anatomía.
—Siéntate por favor. ¿No te molesta que te tutee? —preguntó César, desató la chaqueta en la parte inferior y se sentó.
—Para nada, asumo entonces que puedo hacer lo mismo contigo.
—Claro si, por favor, trátame de tú.
Ella sonrió con suficiencia.
Entró Georgina con un café para César y una bebida para la periodista. Ella la tomó con seguridad pero apenas se giró a ver a Georgina, lo miraba a él sin pestañear casi.
—Gracias por aceptar hacer esto. Hacía ya meses que estábamos buscando hacerte un perfil. Te investigue pero no había mucho, decidí que debía entrevistarte —dijo Alexa con una mirada desafiante.
—Gracias a ustedes por estar interesados —respondió César con actitud ecuánime.
—¿Qué cambió ahora? —preguntó ella.
—Nada en particular. Siempre he rehuido de los eventos públicos, prensa, premiaciones etc., pero ahora me he dado cuenta de que ser más visible no es algo malo, podemos usar nuestra influencia para generar impactos positivos en la comunidad, en la academia.
—¿Qué impacto positivo te gustaría causar en la comunidad César?
—Me interesa trabajar con las universidades más prestigiosas del país, llevar la práctica de negocios a las aulas donde los futuros profesionales se forman.
—Suena bien. Eres economista, con estudios en estadística, ¿te gustaría enseñar?
—Nunca me lo había planteado, pero si. Aceptaría dar clases en la universidad.
—¿Qué materia enseñarías y dónde te gustaría impartir clases? —inquirió divertida.
—Me gustaría dar clases de estadística aplicada a la toma de decisiones. Estadística, la estadística es fascinante.
Ella se rió como si no estuviera de acuerdo.
—¿Por qué te ríes?
—Suena muy aburrido. Perdón.
César se rió.
—Entiendo que no a todos les fascine.
—¿Dónde te gustaría enseñar?
—En la Universidad Nacional Especializada. La UNE, sería un sueño, que privilegio sería, la rectora de esa universidad es una mujer muy capaz
—dijo sin realmente saber nada de Arantza.
Alexa afirmó con la cabeza.
—¿No te importaría tener de jefa a una mujer?
—Para nada.
—¿Estás casado? —preguntó.
—Divorciado. Soltero actualmente.
Alexa sonrió con picardía.
—¿Y tú? —preguntó él con picardía.
—Nadie se interesaría por un perfil de mi persona, esto es sobre tí —rió.
—Lo siento, fue una pregunta tan personal que repregunte automáticamente. No me interesa saber si estás soltera —rió con ironía.
Ella sonrió, se mordió el labio inferior, se acomodó el espeso cabello a un lado de su cabeza y lo miró a los ojos.
—Soltera.
—Ah vaya. No lo imagine.
Ella asintió sonriendo y volvió a sus apuntes.
Pasaron más de media hora conversando sobre los logros académicos de César, su trayectoria profesional y su vida privada. Lo poco que representaba su vida privada.
—Siento que los lectores se aburran al leer sobre mí —comentó César.
—Para nada. Creo que eres un hombre muy interesante.
—¿Te parece? ¿Qué exactamente? —la reto con malicia.
Ella puso expresión seria y le miró el pecho, los hombros, regresó a su rostro y le sostuvo la mirada. Él se revolvió en el asiento, afectado por la mirada descarada de ella.
—Inteligente, exitoso, guapo y soltero. Seré la más leída cuando tu perfil sea publicado.
El ahogo un suspiro leve. Aspiró con dramatismo.
—¿Quieres fotos? —preguntó él.
—El periódico enviará a alguien en la semana para hacerlas. No quise que me acompañara hoy.
—Lo que escribas casi lo único público que haya sobre mí, así que quizás vaya a querer revisarlo contigo luego, cuando lo lleves avanzado ¿Qué dices?
—Que eres un hombre grande de 40 años y yo también, tengo 31 años, no estemos con tonterías. ¿Quieres volver a verme? —preguntó.
César se sorprendió. La miró atónito y después de unos segundos le confirmó haciendo un gesto con la cabeza.
—Buenas tardes, permiso señor —interrumpió Georgina.
—Si dime —contestó César.
—Xander se fue y yo debo irme, mi esposo llegará tarde y las niñas deben estar solas ¿Necesitará algo?
—Tranquila, tengo todo bajo control, puedes irte Georgina. Cierra cuando te vayas. Gracias —dijo César sin quitarle la vista a Alexa.
Alexa llevaba un vestido blanco de lino manga larga con botones al frente, un cinturón rojo llamativo y stilettos color rojo. Se puso de pie y se acercó a César, se colocó justo frente a él, le llegaba por la barbilla con tacones.
—¡Eres muy alto! —observó ella con diversión.
— Y tu hueles rico —dijo él instintivamente, era cierto, él olor a crema de coco que ella llevaba lo enloquecía.
Ella se rió traviesa y colocó las manos sobre el pecho de César, él la tomó por la cintura y la acercó a él mirándola a los ojos con una media sonrisa, ella suspiró. Acarició su espalda a través de la tela del vestido y con una mano acarició sus cabellos negros, luego su rostro con suavidad, pasó su mano cerrada por las mejillas de ella, cerró los ojos y sonrió ante el contacto de él, César posó sus dedos sobre los labios rojos de ella, se inclinó sobre ella y la besó.
Ella le correspondió abriendo más su boca, dejando que la invadiera con su lengua, ella se aferró a sus brazos y buscó que su lengua tocara la de él, gimieron los dos, César la levantó y la sentó sobre el escritorio, bajó hasta tu cuello y aspiró su olor, volvió a su boca mientras ella comenzaba a acariciar sus hombros, le retiró la chaqueta y comenzó a desabotonar la camisa. Él estaba tan encendido por ella que no le importó dónde estaba, ni su resolución de acabar con su fama de mujeriego, tal vez eso era lo que era y no podía cambiarlo, pensó.
Ella se separó de su boca cuando la camisa de él calló al suelo, lo admiro, lo vio con deseo, pasó sus manos por su pecho, por su estómago y se mordió el labio, acercó su rostro al de él y lo besó en la boca superficialmente con suavidad, beso su cuello y César cerró los ojos, tragó grueso, comenzó a besar su cuello con besos suaves y húmedos mientras lo acariciaba en los brazos con delicadeza, pasaba sus uñas por su piel y besaba su cuello, lo mordió levemente y él soltó un quejido leve, se avergonzó, pero Alexa lo tenía excitado, la presión en su entrepierna era dolorosa pero las cosas que ella le estaba haciendo lo tenían en éxtasis, chupo con delicadeza su manzana de adán y volvió a su boca por un beso apasionado, él la abrazó y la apretó contra él, Alexa se volvió a separar de él para abrir sus pantalones, ella no llevaba prisa.
César metió las manos por debajo de su vestido y le bajó las bragas, ella sonrió, luego fue sobre el cinturón rojo y se lo quitó, comenzó a desabotonar el vestido, pero antes beso sus pechos por encima de la tela, hizo que ella gimiera, encogió los hombros y echó la cabeza hacia atrás con la boca abierta jadeante, él tomó un envoltorio del cajón cercano y se lo colocó con rapidez, ella se acomodó sobre el escritorio expectante, la penetró con fuerza y ella se aferró a la parte baja de su espalda, con las piernas totalmente levantadas lo rodeó mientras él la embestía, ella jadeaba y gemía, César la miró a los ojos mientras iba y venía dentro de ella con rapidez, ella soltó un grito leve, y trató de acomodarse mejor en el escritorio, él la ayudó a levantar un poco más la pelvis, su cuerpo comenzó a convulsionar debajo de su peso, César la tomó por el cuello ya las caderas, se movió con más lentitud dentro de ella, luego aceleró el ritmo y repitió hasta que ella soltó un grito de placer, se recostó sobre su hombro y lo abrazó.
Se separó de ella, tratando de recuperar el aliento, se subió el pantalón y recogió la camisa del piso, comenzó a vestirse mientras ella lo miraba semidesnuda con las bragas abajo y el vestido desabotonado al frente. Él le sonrió, ella comenzó a acomodarse.
—Me preocupa cómo se vea eso en mi perfil —dijo él bromeado.
Ella bajó la cabeza y rió.
—Puedo omitir algunos detalles. No le tengo que contar todo a mis lectores —rió.
Él la miró sonriente.
—¿Quieres comer algo?
—Si, sí que quiero —se acercó a él y lo besó en la boca.
César aceptó su beso y fue con delicadeza dentro de su boca, mordió su labio inferior. No le molestaba que ella quisiera seguir el resto de la tarde con él, no quería huir.
—Entonces vamos —le dijo él.
Llegaron a la casa de César, ella se sorprendió del tamaño y la hermosa decoración del lugar.
—Sé que vives solo, creía saber, ahora lo dudo, esta casa es grande y se siente cálida, como si albergara una familia completa acá.
—Creí que no habías conseguido nada sobre mí —la increpó César.
Ella le sonrió.
—Soy periodista. Algo conseguí.
—¿Qué conseguiste? —le preguntó acercándose a ella por detrás, la apretó y hundió su cabeza en el cuello de ella. Aspiro su olor.
—Mujeriego, te gusta jugar con las mujeres. Eso descubrí.
—Culpable.
—¿Quieres jugar conmigo?
—Sí, duro muy duro.
Ella se giró y rió a carcajadas, se colgó de su cuello y lo beso en los labios, se fundieron en un beso profundo. Él se separó de ella.
—¿Creí que querías comer? Te puedo preparar algo —ofreció César.
Ella negó con la cabeza, colocó una mano detrás del cuello de él y la otra sobre sus hombros, acariciándolos con un gesto suave. Le dejo un beso fugaz sobre los labios repetidas veces, lo miró con deseo y hambre de su boca, él la recibió y la besó con apremio.
Ella era muy sexy, su calor era excitante, lo tenía atrapado bajo su contacto, él sentía que no quería nada más, bajó sus manos hasta sus nalgas y la apretó, su trasero era firme, su m*****o estaba erecto de nuevo y él la apretó contra su erección, ella rió en sus labios, bajó una mano y lo acarició allí, él gimió.
César la hizo girarse y recostó su m*****o erecto sobre el culo de ella, la tomó por el cabello y la hizo inclinarse sobre el sofá, ella se aferró al espaldar del sofá. Él subió su vestido y bajó sus bragas, pronto estuvo dentro de ella de nuevo, con rapidez, y fuerza iba dentro de su sexo, Alexa gritaba con el rostro congestionado.
—¡Oh César! Si, Oh...así
—¿Te gusta?
—Si, muy rico. Más César —gritaba ella con la respiración entrecortada.
El acabo dentro de ella y ella alcanzó el clímax revolviéndose contra su pelvis.
César la ayudó a levantarse y la abrazó por la cintura, la beso en los labios con ternura aún jadeante.
—Puedes tomar un baño mientras te preparo algo de comer ¿Quieres?
—¿No me vas a dejar ir? —preguntó ella seductora.
—Lo sabrás mañana cuando intentes salir de mi casa y encuentres todo cerrado.
Ella lo golpeó en el pecho y rió.
—No digas eso. Síndrome de Berlín. Vi la película, no juegues con eso.
—¿Qué dices?
—No puedo quedarme tanto —susurró ella en su oído.
Quedaron en verse una vez más pero antes lo hicieron una vez más sobre el sofá, ella a horcajadas sobre él. Alexa se despidió de César dejándole un beso en la mejilla, otro en la boca.
César se metió a la ducha sonriente. ¡Qué mujer! pensó, sexy, linda, inteligente. Sintió la química entre los dos y recordó su momento incómodo con Romina, con Alexa nada fue incómodo o raro. Sus cuerpos se entendieron perfectamente.