Trato de entrar a la casa lo más sigilosamente posible. El haberme quedado hasta las 5 de la mañana en ese hotel con Emilio no fue la más brillante de mis ideas, pero ¿Qué puedo hacer? Realmente no me arrepiento y vaya que lo disfruté.
Noto que tengo una enorme sonrisa estampada en el rostro mientras camino sin zapatos a mi habitación. Noto con alegría que la de Alfredo, que está frente a la mía, tiene las luces apagadas. Espero que esté profundamente dormido y no note que apenas voy llegando... No sabría cómo explicarle dónde estaba ni lo que hice... Y menos con quién.
Siento que he alcanzado la gloria cuando cierro la puerta lo más sigilosamente posible y estoy a nada de desnudarme cuando escucho su voz desde la penumbra y se me hiela la sangre.
-¿Dónde y con quién estabas?- pregunta con un tono bajo que conozco tan bien. Está furioso.
-Alfredo... yo...- las palabras se me atascan en la garganta y todo mi cuerpo comienza a temblar.
-Contéstame.- Se levanta de la cama y se acerca a mi para tomarme de los brazos con muchísima fuerza.
-Yo...- siento las lágrimas picando en mis ojos. Estoy aterrada.
-Mejor no me contestes... Hueles a hotel. No necesitas negarlo, Jennifer. Se nota en tu cabello, en la forma en que caminas. ¿Lo disfrutó el maldito? ¿Quién fue?- se acerca a mi cuello y me huele la piel. Ese gesto hace que se me revuelva el estómago del miedo, pero a la vez me molesta.
-No tengo por qué decirte eso...- digo, de pronto envalentonada y me safo de su agarre.
-¡Tú me perteneces! Me lo vas a decir ahora mismo, si no quieres que te deje encerrada en esta habitación.- vuelve a tomarme de los brazos y me sacude de forma violenta.
-No, Alfredo, por favor, no quiero estar encerrada aquí.- Ya lo ha hecho algunas veces antes, cuando su padre y su hermana se van de vacaciones y pienso que quizá por eso está así. Estamos completamente solos en esta casa.
-Entonces... ¿Qué podemos hacer?- dice mientras desliza su boca por mi cuello y yo no sé qué hacer.
-Yo... No lo sé.- titubeo mientras siento cómo se calienta... pero yo no.
-Creo que lo sabes bien... Quítate la ropa y recuéstate sobre la cama.- su petición me deja helada. En verdad no quiero hacerlo.
-Alfredo... Estoy cansada. Por favor.- trato de negociar, pero sé que es en vano. Él nunca cederá.
-No me importa si estás cansada. Me darás lo que me pertenece, de la misma forma que se lo diste a ese bastardo.- dice mientras abre mi camisa con fuerza, haciendo saltar por todos lados los botones.
-No quiero...- digo de nuevo mientras trato de cubrirme, de nuevo, en vano.
-Hazlo Jennifer. Te lo haré como te gusta más y así verás que yo soy mucho mejor que cualquier imbécil que se atreva a querer tocarte.-
"Eso lo dudo" pienso con tristeza mientras comienzo a quitarme la ropa voluntariamente. Entre más rápido lo haga, más rápido dejará de estar enojado y más rápido se irá.