El cielo encapotado parecía presagiar la llegada del invierno. Las nubes, densas y bajas, pintaban de gris la tarde mientras ella aguardaba en el aeropuerto, apoyada contra una de las columnas de mármol, con las manos escondidas en los bolsillos de su gabardina color camel. Aunque acababa de comprar una revista Cosmopolitan para entretenerse, no tenía ánimos ni siquiera para hojearla. Sus pensamientos eran un torbellino desordenado, y la inminente llegada de su tía no contribuía precisamente a calmar su ansiedad. Observó a su alrededor buscando distraerse. Las personas iban y venían con prisa, con maletas que rodaban sobre el piso brillante y rostros que mezclaban la emoción del reencuentro con el agotamiento de los viajes. Su mirada se detuvo en una escena particular: una madre joven luc

