Luego de tres semanas de campamento Victoria y sus tres compañeras de habitación se habían vuelto muy buenas amigas, incluso Lucia socializaba con el grupo y hasta hacia bromas a las chicas, Eva era un encanto de persona y transmitía a las adolescentes tanto positivismo que todas sentían que podían conquistar el mundo si lo quisieran.
El lugar no había resultado como Victoria esperaba, no habían torturas, castigos ni tareas desagradables, solo se divertían a la par que intentaban cosas nuevas todos los días.
Como resultado de la sana alimentación y las rutinas de actividades físicas (boxeo y baile para este simpático cuarteto) Victoria había perdido los kilos de más que llevaba y su cuerpo se mostraba tonificado y bastante proporcionado, y lo mejor de todo es que había crecido 5 centímetros, ya medía 1.65 metros.
Se había dado cuenta que bailar le encantaba y era bastante buena en ello, además de que golpeando sacos de arena en las clases de boxeo descargaba toda la ira y frustración que sentía o sintió alguna vez y al final de cada clase se sentía liberada.
Eva les había dicho que las primeras cuatro semanas se trabajaba en el interior y las cuatro semanas siguientes en el exterior.
Victoria aun esperaba las terapias grupales o cosas por el estilo para moldear su personalidad, pero eso no sucedía, solo la pasaban bien, tenían competencias grupales contra otros cuartetos, organizaban fiestas. Definitivamente estaba pasando un verano genial, aún no había hablado con nadie en su casa porque la traición le había dolido, ya no estaba tan enojada como el primer día, pero quería que sus hermanos y su padre sufrieran un poco más por lo que le habían hecho. Tenía en claro que era un pensamiento egoísta pero si no plantaba los límites ahora iban a actuar en contra de su voluntad de nuevo y ella no podía permitirlo.
- Bueno mis niñas – dijo Eva cuando se ubicaron en la mesa para cenar – esta es la última noche del primer tramo del campamento, mañana comenzamos con la parte más interesante – dijo emocionada como siempre – por lo menos para mí.
- ¿Mañana vemos a los psicólogos? – pregunto Victoria y todas miraron a Eva, dándole a entender que pensaban igual.
- Pequeñas me siento algo ofendida – dijo la rubia fingiendo malestar, pero nadie le creía – yo soy una psicóloga y estoy hace seis o más semanas con ustedes ¿Por qué quieren otro psicólogo? – las niñas se miraron entre si sorprendidas y confundidas.
- No entiendo – dijo Cristina.
- ¿Cómo funciona el campamento? – Se adelantó Eva, las cuatro asintieron – Voy a contarles un secreto pero no se lo digan a nadie ¿sí? – las niñas movieron la cabeza asintiendo – todo lo que hicimos hasta el día de hoy es parte de la terapia que utilizamos aquí, y no debería decirlo aún, pero todas ustedes están sobresalientes – las niñas abrieron los ojos de par en par – verán, aquí creemos que la mejor manera de conseguir cambios positivos en alguien es con positivismo ¿entienden? – negaron con las cabezas – en la mayoría de los internados tipo reformatorios utilizan castigos para corregir la parte indeseable de niñas como ustedes, nosotros creemos que eso no funciona y solo crea mujeres amargadas o lunáticas – rió ella sola – aquí buscamos que cada una encuentre su mejor versión de sí misma experimentando y compartiendo buenos momentos con sus semejantes, y funciona de maravillas – eso lo dijo susurrando.
- ¿Y por qué es un secreto? – pregunto Lucia, leyendo la mente de sus compañeras.
- Porque la mayoría de sus padres o tutores creen que la mano dura es la mejor solución y si supieran que esto es un campamento de verano genial no las enviarían con nosotros – dijo como si fuera lo más obvio y a las chicas les cerró el asunto.
- Nuestros padres creen que estamos sufriendo para forjar el carácter o lo que sea y como su método tiene éxito nunca lo cuestionan ¿verdad? – pregunto Victoria.
- Eso mismo mi bellísima asistente – dijo sonriendo Eva – por eso les dije que van a querer volver el año que viene, y el siguiente también.
- Es cierto – comento Casandra, las otras asentían – yo quiero volver el año que viene, jamás me divertí tanto, además de que las conocí a ustedes.
- Este lugar es genial, por eso estoy tan feliz de trabajar aquí – concluyo la coordinadora.
Las cinco siguieron la cena charlando de todo y de nada, hablaban como cotorras, y eso que estaban juntas las 24 horas del día.
A la mañana siguiente, luego de las clases de baile Eva juntó a su grupo.
- Bueno pequeñas vamos a comenzar con la parte final de su transformación – tenía una sonrisa pícara en el rostro – vamos a hacer que su exterior se vean tan bien como el interior – las niñas se emocionaron, todas menos Victoria.
- ¿Eso qué significa? – dijo algo asustada.
- Significa – dijo Eva misteriosa - ¡Un cambio de look total! – exclamo utilizando su tono de voz que rompía cristales, Casandra y Cristina celebraron saltando y cantando, Lucia sonreía emocionada y Victoria tenía el rostro desfigurado.
- No quiero hacerlo – dijo la niña y se alejó de sus amigas, Eva la siguió.
- Victoria – la llamó, esta se detuvo y la observó – no pierdes nada con probar algo nuevo para tu apariencia y si no te gusta, al final del campamento vuelves a tu particular estilo – dijo sonriendo señalando su vestimenta – no será demasiado intensivo, lo prometo – dijo Eva, pero cruzando los dedos en la espalda, Victoria lo medito varios minutos, las otras niñas ya las habían alcanzado, Victoria suspiró.
- Esta bien – dijo y las cuatro comenzaron a saltar a su alrededor celebrando – pero nada extremo ni irreversible.
- Prometido – mintió Eva otra vez, pero estaba segura que a todas les iba a encantar lo que tenía pensado para ellas, incluida Victoria – vamos que estamos atrasadas.
Lo primero que hicieron fue ir al salón de belleza, incluía cabello, maquillaje, cejas, limpieza de cutis, para quien lo necesitara.
Casandra solo necesito un nuevo corte de cabello y que le oscurecieran un poco el rubio platinado que tenía, dejándolo en un tono más natural y delicado.
Lucia tuvo un corte radical, adiós a la cola de caballo, obtuvo un fleco y un corte sobre los hombros, que por sus facciones y su lacio cabello le quedaban de maravilla, cuando le pusieron el maquillaje parecía una modelo de revista.
Cristina recibió un alisado y corte, depilación de cejas, exfoliación, manicura y pedicura, luego la vio a un oftalmólogo para utilizar lentes de contacto y dejar las gafas.
La que más trabajo llevó fue Victoria, sus cejas fueron una batalla campal, lanzó tantas maldiciones e insultos que todos los presentes coincidieron en que podía llenar un libro completo. Cuando quisieron cortar y peinar su cabello fue más de lo mismo hasta que el estilista la convenció diciéndole que no tocaría demasiado el largo, solo corto las puntas secas y le dio forma, le agrego un coqueto fleco que hacía que sus hermosos ojos azules resaltaran más, le enseñaron a maquillarse y al final casi no se reconoce al espejo, su piel lucia inmaculada y su n***o cabello brillaba intensamente.
La parte más difícil fue cuando tuvieron que depilarle las piernas y la zona del cavado, Lucia tuvo que pasar por lo mismo, pero la niña lo afronto sin protesta, Victoria amenazo de muerte a cuatro empleadas que se negaron a llevar a cabo la tarea y fue Eva la que termino haciéndolo, ganándose más insultos de los que había escuchado en toda su vida.
- Les dije que habría tortura – dijo Victoria a sus compañeras cuando se encontraban en su habitación – jamás había sentido tanto dolor, ni siquiera la vez que los mellizos me hicieron saltar desde el primer piso y me rompí el brazo – las demás rieron y se tiraron a sus camas, agotadas pero felices por su nueva apariencia, Victoria no lo admitía, pero se sentía feliz por cómo se veía, por fin podía decir de ella misma que era hermosa.
Al día siguiente Eva apareció muy temprano a despertarlas.
- Arriba, arriba que tenemos que ir a la ciudad – decía destapándolas y abriendo las cortinas – vamos dormilonas que tenemos mucho por hacer.
Las niñas protestaron pero luego de 45 minutos estaban listas para la excursión.
- No olviden las tarjetas de crédito de sus padres – dijo Eva mientras salía de la habitación, las demás luego de comprobar que tenían el plástico la siguieron.
Viajaron en micros última generación, el viaje fue de media hora hasta llegar a una bonita ciudad, al descender se encontraron en la entrada de un imponente centro comercial.
- Pequeñas, vamos de compras – dijo una emocionada Eva, abrazando a Cristina y Victoria, llevándolas al interior del edificio – A mí me gusta comenzar comprando como me visto – las niñas la miraron sin entender – ropa interior, ropa exterior, calzado y accesorios ¿les parece? - sonaba como que lo tenía todo planeado así que las niñas asintieron – genial empecemos – dijo y las llevo a un local de ropa interior.
Eva selecciono varios conjuntos para cada una y se los dio a probar, Victoria miro los suyos con desconcierto.
- Es un sostén con arco y un poco de relleno – dijo Eva para aclararla - ¿nunca usaste uno? – Ella negó con la cabeza sin quitar la vista de la prenda - ¿Qué usas? – pregunto la rubia.
- Lucas y Nico me compraron estos – dijo mostrando el top deportivo que llevaba debajo de su camiseta – tengo de varios colores – Eva la miro con ternura y acaricio su rostro.
- Que bueno que nos encontramos Vico – dijo – me necesitabas con urgencia, pruébalos ahora – ordenó sonriendo, empujando suavemente a la adolescente a un probador. Victoria obedeció y comenzó a probarse los conjuntos.
Cuando se vio con el primero, un pintoresco conjunto a rayas blancas con fucsia, pensó que sus hermanos jamás le comprarían algo así, pero era tan lindo y se sentía tan cómoda con el que se enamoró, los bóxeres y tops deportivos eran cosa del pasado. Se probó como 10 conjuntos diferentes, los compro todos y algunos en dos colores.
Las otras niñas también hicieron sus compras, Lucia y Victoria eran la que más bolsas sacaron del primer local.
Luego fueron a una vaquería, Victoria solo había utilizado los jeans que sus hermanos le pasaban o que ella les robaba, así que cuando vio lo bien que se veía su trasero en unos jeans para mujer decidió comprar varios pares, también compro pantalones cortos y mini-polleras, Eva la hizo probarse camisetas de mujer y le gustaron así que se las compro. La coordinadora incluso la convenció de probarse vestidos y Victoria quedo tan encantada de cómo le lucían que compro unos cuantos.
Lo más difícil fueron los zapatos. Cristina, Lucia y Victoria jamás habían utilizado tacones, o algo que no fueran zapatillas. Eva las hizo probarse tacos de todos los tamaños, ninguna podía dominarlos pero ella insistió en que se compraran un par para practicar, así que lo hicieron. Casandra no tuvo problemas con los tacones y se compró varios pares. A ella le encantaba ir de compras, pero no tenía buen gusto, por lo que Eva tuvo que convencerla para que la dejara elegir por ella, el resultado: ropa moderna, juvenil y muy glamorosa para la quinceañera.
Lucia estaba casi en las mismas condiciones que Victoria, así que se compró casi la misma cantidad que la pelinegra. Cristina, tenía algo de noción de moda, pero su pensamiento racional y practico le impedía que usara la ropa que realmente le gustaba, pero gracias a la primera parte del campamento ya no tenía razones para hacerlo, así que se dedicó a comprar todo lo que le gustaba, Eva quedo sorprendida por su buen gusto, incluso la ayudaba a vestir a sus amigas.
Almorzaron en medio de las compras, rápidamente porque querían seguir comprando. Como a eso de las 8 de la noche llegó la hora del regreso, todas estaban agotadas pero encantadas con todo lo que habían adquirido. En el camino se contaban lo que habían comprado con las chicas de otros grupos, todas estaban felices.
Los días siguientes Eva las obligo a tomar clases para caminar con sus zapatos, les enseño a maquillarse y a entender cuál era el estilo de vestimenta que mejor iba con cada una para que cuando quisieran salir de compras en sus hogares no tuvieran problemas.
Victoria antes del campamento creía que preocuparse por esas cosas era para mujeres huecas y superficiales, pero luego de conocer a Eva se dio cuenta que estaba equivocada. Su coordinadora lucia impecable de pies a cabeza y no era ninguna hueca, Victoria pensaba que a pesar de su burbujeante personalidad era una de las personas más sensatas y cultas que había conocido en su vida. Le había enseñado tanto en esas semanas que se sintió un poco tonta por juzgar a las mujeres que gustaban de verse bien.
Cristina tenía un pensamiento similar al de Victoria, solo que ella creía que las mujeres que se arreglaban lo hacían para atraer a los hombres, y así se volvían un objeto, pero Eva le hizo ver que cada una tiene que arreglarse para sí misma, para que los demás las vieran como ellas se veían.
Casandra era el típico caso de la niña bonita desesperada por tener un poco de cariño que lo buscaba en la atención masculina, vistiéndose de manera provocativa, ahora entendía que para que los demás la quisieran, primero se tenía que querer y respetar ella misma.
Lucia se sentía el patito feo de su familia, un cero a la izquierda, debajo de dos hermanas súper exitosas y hermosas, pero esa baja autoestima no la dejaba ver que ella era hermosa y que tenía los medios para ser todo lo exitosa que quisiera.
Eva se sentía muy feliz por el avance que sus niñas habían tenido bajo su tutela, en su primer año había tenido un éxito del cien por ciento en sus casos y eso era algo para destacar, la directora del campamento la felicito y le dio una mención especial.
El final del verano estaba cerca, y con este el fin del campamento, solo quedaba una prueba más por cumplir: El concurso de talentos.
Las chicas habían elegido interpretar una canción que sentían las representaba, un clásico: Don’t stop believing. Crearon una coreografía, Eva les compro vestuario y luego de muchos ensayos llego el día de la presentación. Ninguna de las cuatro había estado en un escenario antes, así que los nervios estaban presentes en todas, pero se dieron ánimos entre ellas y subieron a hacer su número.
Victoria tenía la voz principal, ya que contra todo pronóstico, la niña tosca, ruda y de mal carácter tenía una voz dulce y hermosa. Cristina la secundaba y Casandra y Lucia eran el coro.
El acto les salió perfecto no se equivocaron en nada y el público las ovacionó de pie, se sintieron plenas y realizadas y no descartaron la posibilidad de volver a hacerlo algún día.
Quedaron en segundo lugar, detrás de un grupo que bailo el cascanueces, así que no se sintieron mal, porque fue justo.
- El año próximo ganaremos – dijo Eva decidida.
- O me dejo de llamar Victoria Díaz Echamendi – dijo la niña y se fueron a festejar. Cena y fiesta de despedía para las niñas. Al día siguiente a primera hora partían a sus hogares.
Bailaron hasta las seis de la madrugada, y solo porque les cortaron la música, nadie quería que el final llegara. Las niñas no se fueron a dormir pasaron el tiempo que les quedaba despidiéndose de sus amigas, intercambiando teléfonos y r************* . Habían abrazos y llantos en todas las habitaciones y pasillos de la casa, incluso las coordinadoras se despedían con pesar de sus niñas.
Como a eso de las ocho debían comenzar a prepararse para partir.
Eva les había sugerido que se prepararan para impresionar a sus familias, así que a pesar del desvelo y la tristeza por separarse, cada una se alistó lo mejor que pudo, ayudándose entre ellas.
El recibidor de la casona parecía una convención de modelos a medida que las niñas aparecían. Se veía un cambio radical en todas y cada una. Los rostros tristes, asustados y amargados de los primeros días habían sido sustituidos por unos risueños y alegres. Fue un buen verano en aquel lugar.
Victoria pensando en dejar con la boca abierta a su familia se vistió con un mini vestido azul y n***o, ajustado en la zona del pecho y suelto abajo, de una tela que danzaba cuando ella caminaba, se colocó zapatos de plataforma, bastante altos con los que conseguía medir más de 1.70 metros, ya nadie le diría enana, pensó. Sus piernas se veían hermosas así, bien tonificadas por los años de jugar al fútbol con sus hermanos. Dejo su cabello suelto, se colocó pendientes de perla, un poco de maquillaje, perfume, los anillos que le habían regalos sus compañeras (cada una había escogido un anillo para cada una, incluida Eva, para que se recordaran) Cuando estuvo lista se observó en el espejo.
- ¡Guau! – Dijo Eva detrás de ella - no puedo creer que seas la misma que llego hace dos meses conmigo – Victoria sonrío sinceramente a su amiga.
- Ni yo – dijo la niña – jamás pensé que podía verme así.
- ¿Cómo? – pregunto Eva.
- Bonita – respondió tímidamente, no quería pasar por vanidosa.
- ¿Bonita? – Bufo Eva – eres preciosa Victoria, siempre lo fuiste, solo necesitabas pulirte un poco – Victoria le golpeo suavemente el hombro – controla tu violencia – reclamó la rubia bromeando.
- No sé cómo agradecerte todo – dijo la niña.
- La mejor manera de agradecerme es siendo feliz – dijo Eva – así sabré que mi trabajo contigo fue bueno.
- Haré mi mejor intento – dijo la niña y se abrazaron por un largo rato.
- Vamos que se hace tarde – dijo Eva sacándose unas lágrimas, tomando una de las maletas de Victoria para ayudarla, ya que tenía varias, y muy grandes.
- No llores que se te corre el maquillaje – bromeo la niña.
- Es a prueba de agua – dijo Eva, mostrándole la lengua.
Fueron al recibidor entre risas y bromas, se reunió con sus amigas y partieron rumbo al aeropuerto.
Casandra, Victoria y Eva viajaron juntas porque iban a la capital. Se despidieron con lágrimas de Lucia y Cristina pero prometieron seguir en contacto siempre.
El vuelo fue entretenido, pero cuando aterrizaron Victoria sentía los nervios crecer en su interior, no había hablado con sus hermanos en dos meses, ni con su padre, le dio miedo al pensar que quizás la habían olvidado y estaban felices sin ella. Quiso volver al campamento o huir porque no quería enfrentar esa situación, sentía que se moriría de dolor si algo así sucedía.
El chófer de siempre la esperaba, su familia no estaba allí. El hombre se sorprendió al verla, tanto que casi no la reconoce. Quedo maravillado con el cambio y le aseguro que su padre iba a estar encantando de verla, igual que sus hermanos.
Eva no tenía nadie que la buscara del aeropuerto y Casandra tampoco ya que su madre y padrastro seguían de vacaciones en alguna playa exótica, así que Victoria las invitó a su casa, ellas aceptaron encantadas.
En el viaje Victoria agarraba con desesperación el ruedo de su vestido. Eva al notarlo le sujeto las manos.
- Tranquila Vico – dijo con dulzura – todo va a salir de maravilla, ya verás.
Al traspasar el portón de la entrada a la residencia Victoria sintió ganas de llorar, se daba cuenta de lo mucho que había extrañado a sus hermanos y a su padre, no veía las horas de abrazarlos de nuevo.
El auto de se detuvo, pero nadie salió a recibirla, tenía miedo que su pesadilla se hiciera realidad. Subió lentamente las escalinatas de la entrada, seguida de cerca de sus amigas, el chófer abrió la puerta para que ingresaran y apenas puso un pie se encontró con su familia y un gran cartel que colgaba del techo “Bienvenida Enana”, pero nadie dijo nada al verla, la sorpresa que se llevaron todos con su cambio los dejo mudos. Victoria sonrió nerviosa, moviendo la punta de su pie, esperando que alguien hiciera o dijera algo.
- ¿Enana? – Pablo fue el que rompió el silencio, mirándola de pies a cabeza. Victoria suspiro y decidió terminar con esa ridícula situación, la miraban como si fuera un bicho raro.
- No, el presidente idiota – dijo con su tono de siempre y Pablo se convenció de que era ella y sonrío.
- Si es mi enana – dijo y avanzo hacia ella, pero Nico le ganó de mano y la abrazó fuertemente, alzándola del piso.
- Mi princesa – decía todo emocionado, soltando lagrimas – estas preciosa, no sabes lo que te extrañe – dijo bajándola y pegándola a su pecho en un abrazo que estaba dejando sin aire a Victoria.
- No puedo respirar – dijo como pudo, y el la soltó algo avergonzado, pero antes de que pudiera disculparse, Pablo tiró de uno de sus brazos y la atrajo hacia él.
- Que sea la última vez que pasas tanto tiempo sin hablarme – le reprocho con el dedo, pero luego la abrazó – me estaba muriendo sin saber de vos ¿y que te hiciste? – Victoria estaba por decir algo pero otro par de brazos la tomaron por atrás.
- Nunca más voy a molestarte – decía Patricio llorando en su hombro, Victoria no podía creerlo ya que él nunca lloraba – pero por favor no me dejes así de nuevo, yo no puedo funcionar si vos no me querés – la abrazo tan intensamente como Nico, dejándola sin respiración.
- La sofocas tonto – dijo Pablo separándolos, Patricio la observó emocionado.
Victoria se volteó y vio a Lucas que la miraba con su media sonrisa, esa que ponía cuando sabía que había conseguido lo que quería.
- ¿A mí no me abrazas pequeña? – dijo estirando los brazos, Victoria frunció el ceño y lo miró unos segundos, Lucas se estaba impacientando, pero ella sonrío y corrió hacia él, se colgó de su cuello como hacia siempre y el la levantó – te dije que te haría bien ese lugar.
- Maldito sabelotodo – lo regañó dulcemente Victoria, luego de unas vueltas la bajó y ella buscó a su padre, que estaba a unos metros mirándola emocionado, con lágrimas en los ojos, sintiéndose feliz de ver a su hija convertida en una señorita hermosa y alegre.
- Te extrañé papi – dijo abrazándolo, él no se hizo esperar y le devolvió el gesto, unas lágrimas rodaron por sus mejillas, acariciaba el cabello de su hija con adoración.
- No más que yo mi pequeña – le dijo sinceramente sin soltarla.
- Discúlpame por todo – dijo Victoria alzando la vista para mirarlo a los ojos, pero el coloco un dedo en sus labios.
- Esta todo perdonado mi amor – dijo Armando – lo único que me importa es que estés bien – ella sonrió y volvió a hundir su rostro en el pecho de su padre para profundizar el abrazo por otro tiempo más. Pero sabía que tenía que continuar, así que suspiró y se decidió a terminar con los saludos, a pesar de que no le apetecía.
- Milagros – dijo dirigiéndose a su hermanastra y abrazándola falsamente, la otra hizo lo mismo – espero que podamos comenzar de nuevo y me disculpes por todas mis agresiones – Milagros se quedó muda, solo pudo asentir con la cabeza, no se esperaba ese cambio y tampoco esperaba que Victoria volviera luciendo tan bien.
- Azucena – ahora tocaba a la bruja mayor, hizo lo mismo con el abrazo, pero la mujer fue más cínica que su hija y la recibió con los brazos abiertos, sonriendo y le planto un beso en cada mejilla – espero que ahora nos llevemos mejor.
- Definitivamente mi cielo – dijo la mujer con furia saliendo de los ojos – vamos a llevarnos muy bien – Victoria le sonrío con soberbia, como lo hacía su hermano Lucas. Le quedaba otra persona por saludar, Damián, estaba parado detrás de todos, sintiéndose sapo de otro pozo. Victoria se acercó a él, pero no lo abrazó, por dos motivos: no lo conocía tanto y porque sus ojos verdes le hicieron sentir mariposas en el estómago, su corazón comenzó a latir con fuerza.
- Espero que puedas olvidar la imagen que te di cuando no conocimos – Damián sonrió ampliamente y Victoria pensó que estaba viendo un ángel, se puso nerviosa y eso no era algo común en ella, así que respiro profundo y extendió su mano, él la tomó pero no la estrechó, la besó, como hacen los príncipes en las películas, pensó Victoria.
- Descuida Victoria, eso está olvidado y me da gusto que podamos conocernos de nuevo – se quedaron mirándose a los ojos varios segundos, Damián no soltaba su mano y ella no la retiraba.
- ¿Y ellas quiénes son? – preguntó Pablo, Victoria recordó a sus amigas que ahora eran el centro de todas las miradas, se dirigió a ellas algo apenada.
- Lo siento – dijo a todos – ellas son Casandra y Eva – señalo a las nombradas – compañera y coordinadora respectivamente en el campamento – todos centraron la atención en Eva – chicas ellos son mis hermanos, Nico – lo señaló este saludó con la cabeza, sonriendo, causando que las chicas se sonrojaran – Pablo y Patricio – hizo lo mismo con ellos, pero estos les guiñaron un ojo con picardía, Casandra sonrió emocionada – Lucas – el hizo un gesto con la mano, serio – mi padre Armando.
- Un gusto damas – dijo tan educadamente como siempre.
- Azucena – siguió Victoria – la novia de papá –la mujer las miró con soberbia – su hija Milagros – que les dio una sonrisa muy fingida – y su hijo Damián – este sonrió saludándolas muy amablemente.
- Un gusto conocerlos a todos – dijo Eva súper emocionada, ya había pasado mucho tiempo en silencio – hemos escuchado tanto de ustedes.
- Muchísimo – dijo Casandra aun sonrojada.
- ¿Tu hiciste esto? – preguntó Pablo señalando a su hermana, Eva sonrío modestamente.
- Algo tuve que ver – dijo tímidamente.
- No seas modesta – le reclamo Casandra – esto – señalo a Victoria – y esto – se señaló así misma – lo hizo ella solita, más otros dos casos perdidos como nosotras – Victoria fingió molestia.
- Deberían darte un premio o algo – dijo Patricio – o hacerte santa, porque esto es casi un milagro.
- Dejen de tratarme de esto – reclamo Victoria, todos rieron.
- Fue duro el trabajo pero valió la pena – dijo Eva dejando de lado la falsa modestia –me quedaron divinas ¿verdad? – los chicos rieron y asintieron, Casandra y Victoria se sentían dos experimentos.
Pasaron al comedor, todos hablaban al mismo tiempo atosigando de preguntas a las chicas, que contaban sus anécdotas más sobresalientes. Eva no pudo contenerse de relatar la sesión de depilación de Victoria, causando que Pablo se tirara al suelo de tanto reírse y que Patricio escupiera la bebida sobre Nico. Incluso Armando se descostillaba de la risa, el ambiente era el mejor. Victoria estaba súper feliz, solo sobraban las dos víboras, pero tenía tiempo para sacarlas de su casa, además tenía a sus hermanos y a su padre de su lado, así que podía esperar, estaba segura que ellas se cavarían su propia tumba sin que ella se ensuciara las manos.