CAPITULO II CAMPAMENTO

4660 Words
Como a eso de las ocho de la noche los mellizos y Victoria regresaron a casa, estaban sucios y golpeados, señal de que habían tenido una pelea. - ¿Pero que les paso? – preguntó Azucena fingiendo preocupación al verlos, Pablo tenía el labio partido, con sangre que le manchaba el rostro y la ropa, Patricio tenía la nariz rota, con algodones dentro, ambos con raspones en los brazos. Victoria estaba totalmente despeinada su largo cabello lucia como si alguien hubiera tironeado de él, tenía raspones en las piernas y brazos también. - Nada grave – dijo Pablo – los del otro equipo quedaron peor – los tres rieron, pero les dolía todo al hacerlo. - Vayan a limpiarse y bajen que tenemos que hablar – ordenó Armando. Cuando subieron cada uno fue a su cuarto, Lucas y Nico fueron con los mellizos para ponerlos al tanto de la situación. - ¿Y Clara planeó todo? – dijo Pablo molesto, mientras se secaba el cabello con una toalla, Patricio estaba en la ducha ahora, pero con la puerta abierta para poder escuchar todo. - Si – dijo Nico triste – me traicionó de la peor manera. - Tenemos que hacer algo – gritaba Patricio – no podemos dejar que se la lleven. - ¿Qué propones? – Dijo Lucas resignado – No le queda otra que obedecer a Armando, no podemos ponernos en el medio. - Esa bruja le lavo el cerebro a Armando – dijo Nico – No puedo creer que Clara me haya hecho algo así – coloco el rostro en sus manos, Lucas le daba palmadas en la espalda. - Lo importante ahora es Victoria, no va a gustarle la noticia – dijo Patricio, saliendo de la ducha envuelto en una toalla, secándose el cabello con la otra mano. - Va a ser épico cuando se lo diga – comento Pablo y los cuatro asintieron. Cuando Victoria termino de arreglarse, a su manera claro, bajo saltando las escaleras, la ponía de muy buen humor ganar por goleada sus partidos, llego a la sala y se desparramo en el sillón, abriendo las piernas como si fuera un muchacho. - ¿Quién se murió? – pregunto luego de tomar unos bocadillos de la mesa ratona al ver la cara triste de sus hermanos y de Clara, noto que Azucena y Milagros estaban demasiado contentas, su padre serio como siempre y luego notó a alguien más, un joven de unos 18 o 19 años, cabellos color miel, cortado prolijamente, ojos verdes, como dos esmeraldas, guapo y mucho, pero ella sabía de dónde venían esos ojos verdes - ¿Y este quién es? – dijo despectivamente señalando con su cabeza al joven que no le quitaba la vista de encima. - Él es mi hijo Damián – dijo Azucena toda orgullosa, acercándose a su hijo para abrazarlos por los hombros, Damián sonrió tranquilo, algo avergonzado. - ¿Qué querías? – pregunto ahora a su padre sin saludar al joven. - Estoy seguro que no te enseñe a ser tan grosera y mal educada, así que primero saluda a Damián como corresponde – dijo Armando serio, Victoria resopló, luego giró la vista hacia el nuevo y le brindo una sonrisa hermosa, encantadora, pero falsa como ella sola podía. - Bienvenido Damián, que gusto que estés aquí en mi hogar con tu adorable madre y hermana, espero que tengas una agradable estadía – dijo amablemente, como la mejor anfitriona, pero todos ahí sabían que era falso como un billete de tres pesos, Damián sonrió amablemente, el no conocía a la niña y podría creer que lo decía en serio. - Muchas gracias Victoria, el gusto es todo mío – el sí sonaba sincero, pero a ella le molestó igual y emitió un bufido. - ¿Contento? – Preguntó a Armando – Ahora dime que quieres porque tengo sueño. - Te dije que habría consecuencias para tus acciones y para tu desagradable actitud – dijo el hombre. - Por fin te decides por el internado – dijo ella. - Así es – respondió Armando poniéndose de pie, Victoria lo miro seria, el color se fue de su rostro. - ¿Vas a deshacerte de mí? – Pregunto calmada mientras se ponía de pie - ¿fue tu idea? – Le hablaba a Azucena, esta asintió sonriendo - ¡Maldita bruja! – grito Victoria y se lanzó sobre ella, pero antes de que la tocara Nico estaba sosteniéndola, casi levantándola del suelo. - Cálmate pequeña, así empeoras las cosas – dijo sereno. - ¿Tu sabias? – le recrimino, el asintió avergonzado - ¿y estás de acuerdo? – Nico no sabía que responder, no quería que ella se alejara pero era consciente de que necesitaba ayuda, no estaba seguro que era la mejor opción, pero no podía contradecir a su padrastro, así que no dijo nada – Traidor – dijo y se alejó de el - ¿Ustedes también están de acuerdo en esto? – ahora se dirigía a los tres jóvenes, que solo la miraban. - No al cien por cien Victoria – dijo Lucas – pero no puedes seguir así – la señalo con la mano. - ¿Qué tengo de malo? – Pregunto ella con lágrimas en los ojos, pero no iba a darle el gusto a esa bruja de verla llorar - ¿Cuál es el problema? - No es que tengas algo malo – dijo Lucas intentando calmarla – pero necesitas un cambio y lo sabes – ella lo miró con odio, y a Lucas le dolió en lo más profundo de su ser. - ¿Y ustedes? - señaló a los mellizos. - No estamos de acuerdo, pero no podemos evitarlo pequeña – dijo Pablo. - O sea que no me sirven de nada – dijo molesta hiriendo a sus dos hermanos. - Bien si eso es lo que toda la familia quiere voy a hacer el bolso para largarme de aquí – dijo molesta golpeando el piso bajo sus pies. - Puedes llegar el primero de enero – dijo Clara desde el fondo, Victoria la miro confundida – así pasas las fiestas en familia. - No me interesa pasar las fiestas con esta familia – dijo ella lastimando de nuevo a los hombres que se desvivían por ella - ¿y tú que tienes que ver en esto? – Antes de que Clara respondiera Milagros metió su lengua venenosa. - Todo fue su idea – dijo acercándose a Clara – ella organizó todo, consiguió un lugar a pesar de que estaban llenos ¿no es genial tu cuñada? - Maldita rata traidora – dijo llena de odio – y pensar que yo te creí mi amiga, resultaste ser peor que estas dos, que por lo menos me atacan de frente, lo tuyo fue por la espalda, cobarde – terminó, Clara comenzó a llorar, miró a Nico en busca de consuelo pero él la ignoró, le dolía que sufriera pero ella se lo había buscado. - No te traicione – empezó a hablar Clara, ahogada con su llanto. - Guárdatelo – dijo Victoria y salió de la sala. Se encerró en su habitación y comenzó a armar un bolso para llevar, había folletos del lugar al que iría en su cama pero no los leyó, los estrujo en sus manos y los lanzo con todas sus fuerzas, luego de romper un par de peluches se tiró derrotada en su cama y comenzó a llorar. Varias veces golpearon a su puerta, sabía quiénes eran porque cada uno tenía una contraseña para golpear, pero no quería verlos, se sentía herida, traicionada, abandonada y muy enojada. La mañana del 24 de diciembre ella no desayuno con su familia, ni siquiera los saludó, solo habló con el chófer de la casa para preguntarle cuando se irían al internado, él le dijo que el 26 a la mañana, Victoria maldijo al saber que tenía que quedarse dos días en esa casa, luego de eso subió a su habitación y no salió más, una de las empleadas le dejó algo de comida antes de marcharse a pasar la noche buena con su familia, Victoria no bajó a cenar en familia, a pesar de que era una tradición y de lo mucho que le insistieron sus hermanos, se quedó jugando a los vídeos, escuchando música, viendo tele, hasta que vio que el cielo se cubría de destellos de colores de los fuegos artificiales, ya era Navidad y ella estaba sola sin nadie a quien abrazar. Abajo el ambiente era mixto, por un lado Azucena y Milagros se pavoneaban alegres, brindando, Armando pretendía sonreír a su mujer, pero en sus ojos solo había tristeza, los muchachos ni pretendían fingir felicidad, luego de los saludos se retiraron al jardín a ver los fuegos artificiales, ni siquiera se entusiasmaron por los obsequios bajo el árbol, se sentían vacíos, dolidos y traidores, sentían que le habían fallado a la persona más importante de sus vidas. - Esto apesta – dijo Pablo mirando el cielo – tengo una caja llena de fuegos artificiales, pero me sentiría peor si los enciendo sin ella. - Es una mierda de Navidad – dijo Patricio – maldita la hora en que esas dos llegaron a esta casa. - Todo es su culpa – dijo Nico, y siguieron maldiciendo y lamentándose, el único que no opinaba era Lucas. - Yo creo que le va a hacer bien a la enana – dijo el mayor, los demás lo miraron sorprendidos – esperen y verán – dijo tranquilo y se alejó caminando por el sendero que rodeaba la casa. - Se volvió loco – dijo Nico, los otros asintieron. - ¿No sabes nada de Clara? – preguntó Pablo. - Y no quiero saberlo – dijo fríamente – hizo lo único que jamás voy a perdonarle, nunca debió meterse con Victoria – suspiro y él sabía que cualquier otra ofensa con el tiempo se la perdonaría, pero lo que hizo jamás, su hermana era lo primero y lo más importante para él y Clara lo sabía y lo mismo los traicionó. - ¿O sea que le perdonarías una infidelidad? – dijo Patricio para romper un poco el ambiente lúgubre, y también porque era su naturaleza bromear todo el tiempo, Nico adivino sus intenciones pero le siguió el juego. - Tal vez – dijo seguro. - ¿Con uno de tus hermanos? – ahora era Pablo. - ¿Por qué no? – respondió Nico, pero en broma, porque si algo así pasaba seguro terminaba en la cárcel luego de matar a su hermano. - Si, seguro – dijeron los dos. - Hagan la prueba y se enteran idiotas – dijo y comenzaron a correr lanzándose golpes y riendo. Luego de un rato se fueron a dormir, ninguno tenía ganas para salir de fiesta. Al otro día Victoria se levantó lo más temprano que pudo, se metió a la cocina esperando no encontrar a nadie, que por suerte así fue, sacó comida y salió con su mochila, no pensaba pasar su último día de libertad encerrada. En el camino llamo a Bruno, el cual atendió después de varios intentos. - ¿Qué quieres mocosa? – preguntó bostezando - Llévame al parque – dijo ella alegre, pero demandante. - Estás loca – dijo él medio dormido aún – que te lleven tus hermanos. - No me hablo con mis hermanos – dijo y Bruno se despertó del todo. - ¿Cómo es eso? – preguntó intrigado. - Llévame y te cuento – dijo firme, sonriendo porque había conseguido lo que quería. - Dame unos minutos – dijo el chico mientras se levantaba de la cama. - Estoy a una cuadra de tu casa – dijo y colgó. A los pocos minutos tocó el timbre e inmediatamente el muchacho le abrió la puerta, estaba esperándola. - Eres una molestia ¿sabías? – dijo dejándola pasar. - Si lo sé, ni mi familia me soporta – dijo triste, él la miró extrañado – Vístete mientras hago el desayuno – ordenó; el chico gruño porque no le gustaba que lo mangonearan pero obedeció, Victoria fue a la cocina y comenzó a preparar la comida, en esa casa se sentía como en la suya, ya que ella y Bruno eran mejores amigos desde jardín de infantes y pasaba mucho tiempo allí al igual que el en su casa. Cuando Bruno estuvo listo se unió a ella, y luego de unos bocados comenzó a interrogarla. - ¿Vas a decirme que sucede? – preguntó serio, ella suspiró profundamente antes de responder. - Mi padre cumplió su amenaza – dijo sin mirar al chico. - ¿O sea? – siguió él no entendiendo a cual amenaza se refería su amiga. - O sea que me voy – dijo resignada, Bruno la miró incrédulo. - No juegues – dijo pensando que era una broma de su amiga. - Mañana me voy Bruno, no sé a dónde ni por cuenta tiempo, mi padre decidió deshacerse de mi al final – el chico abrió la boca de par en par y su rostro se le desfiguro, dejó su lugar y fue hacia Victoria para estrecharla en sus brazos. - No puedo creerlo – decía consternado – tenemos que hacer algo. - No hay nada para hacer – dijo ella. - Si – dijo seguro tomándola para que lo mire – estoy seguro que con los mellizos y con Nico vamos a planear algo para evitar que te vayas. - Ellos están de acuerdo – dijo ella triste. - No lo creo – dijo el negando con la cabeza. - ¿Por qué crees que no los hablo? - Estúpidos – murmuró y volvió a abrazarla. - Bueno ya – ella se separó – quiero divertirme mi último día de libertad así que llévame al parque de diversiones – él la miro y asintió, limpiaron la cocina y se fueron en la motocicleta del chico. Llegaron al parque que por la hora y el día no estaba muy concurrido y comenzaron a montarse en las atracciones, estuvieron todo el día de aquí para allá, comieron hamburguesas, frituras, helados y dulces, decidieron que ya era suficiente después de las 10 de la noche y regresaron. La moto avanzaba por la entrada de la residencia de Victoria y unos metros antes de llegar, la puerta principal de abrió y Armando con los cuatro jóvenes salieron a recibirlos, Victoria con toda la paciencia del mundo descendió del vehículo, Bruno también. Ella se colgó de su cuello y se abrazaron por varios minutos, ignorando a los demás. - Te voy a extrañar enana – dijo el chico acariciando el cabello de Victoria. - Y yo a ti casanova – volvieron a abrazarse. - Victoria estábamos preocupados ¿Dónde estabas? – pregunto Armando molesto, la niña solo lo miro y paso de él y de todos los demás. - Llámame ¿sí? – rogó Bruno sin soltar la mano de su amiga, ella sonrió. - Todos los días – le prometió y volvió a abrazarlo. - Ahora si me voy – dijo el chico subiéndose a su motocicleta, saludo por última vez con la mano a su amiga, ignorando a sus amigos y se fue de allí. Victoria observo hasta que Bruno se perdió en la oscuridad y luego de suspirar giró para enfrentar a su familia, observó a cada uno, y emprendió el camino hacia adentro. - Estoy esperando un explicación – dijo Armando sonando algo desesperado, pero ello solo lo miro, le sonrió amargamente y siguió su camino – Victoria – la llamó pero no consiguió ninguna respuesta de su parte, ella subió las escaleras rumbo a su cuarto. Cuando ingreso se encontró a Azucena y Milagros utilizando sus instalaciones. - Fuera – dijo sin levantar el tono de voz, pero ellas igual se sobresaltaron - ¿Son sordas? ¡Salgan! – ahora grito un poco, las mujeres salieron maldiciendo e insultando pero a ella no le importó. Cerró con llave y comenzó a prepararse para partir, tomó un largo baño de espuma, cuando estaba por meterse a la cama escucho que en su puerta sonaba repetidamente las cuatro contraseñas de sus hermanos, pero los ignoro, se puso los auriculares y se durmió en su cama por última noche. El reloj sonó a las 5 de la mañana, ella se levantó y se alistó, cuando el chófer golpeó la puerta le abrió para que bajara su equipaje, cuando se sintió lista bajó las escaleras y se encontró a su familia esperándola para despedirse de ella, pero Victoria siguió pretendiendo que no existían y paso al lado de ellos sin mirarlos siquiera, Nico estiró la mano para tocarle el brazo y ella lo rechazó, lastimando más al joven. Se apresuró a subir al coche e indicar al chófer para que partieran, este espero un poco pensando que Victoria cambiaría de parecer y saludaría a sus hermanos pero no lo hizo, así que emprendió camino al aeropuerto. El vuelo fue corto, en el aeropuerto la esperaba una coordinadora para llevarla al campamento. - ¿Victoria Díaz Echamendi? – pregunto un rubia muy emocionada. - Si – dijo Victoria secamente, estirando su mano, pero la rubia no la tomó y en su lugar le dio un efusivo abrazo. - Mi nombre es Evangelina y voy a ser tu instructora y tu guía en el campamento – hablaba casi gritando y sonriendo como una loca, Victoria la observaba con recelo – puedes decirme Eva, así me llaman mis amigos. - Yo no soy tu amiga – dijo la niña sin disimular su malestar por todo. - Aun no, pero lo seremos – dijo ella. Luego de un tortuoso viaje por carretera de 45 minutos, escuchando hablar sin parar a Eva, llegaron al lugar, era una casa quinta inmensa y hermosa, con flores y árboles muy bien colocados. Se distinguía una hermosa piscina de gran tamaño, establos y una residencia moderna y lujosa. - Bienvenida al campamento para señoritas Flores Salvajes – dijo Eva alegre, muy alegre para el gusto de Victoria. - ¡Que emoción! – respondió ella de forma cínica, Eva blanqueo los ojos pero no se desanimó. - Yo sé que piensas que estar aquí es un castigo, pero yo pienso que tienes que verlo como una oportunidad – seguía hablando la chica mientras avanzaban por la casa. - ¿Una oportunidad para qué? – pregunto Victoria algo cansada ya. - Para experimentar cosas que nunca experimentaste y ver cómo te sientes – Victoria la miro extrañada, como si Eva fuera un bicho raro – este lugar no es lo que crees Victoria – abrió la puerta de una habitación con cuatro camas, muy bonita y acogedora – es una excelente oportunidad y créeme que cuando termine el verano no vas a querer irte, te va a cambiar la vida. - Si tú lo dices – respondió la niña entrando sus cosas. - Tus compañeras aun no llegaron, van a incorporarse en estos días, luego de fin de año va a estar lleno – Eva se emocionaba de solo pensarlo. - ¿Estas drogada? – pregunto Victoria luego de elegir cama, Eva abrió la boca al escuchar la pregunta y su semblante se entristeció un poco. - Estoy muy nerviosa – dijo apenada, colocando su cabello detrás de la oreja – es mi primer año como instructora y quiero hacerlo bien – suspiro - ¿soy un asco? - No un asco – dijo Victoria intentado sonar seria, pero le divertía el cambio de actitud de la chica – pero si sonreías como una loca una vez más iba a asesinarte a golpes – Eva la miro incrédula, pero cuando vio sonreír a Victoria se relajó un poco – relájate que no tienes que impresionar a nadie. - Tienes razón – dijo Eva y se sacudió respirando de una manera cómica. - Y deja la psicosis o te mato – Eva rió – no es broma – asintió entonces causando que Victoria riera con ganas – ya no me caes tan mal. - Que bueno saberlo – dijo aliviada Eva. Luego de explicarle las “reglas” del lugar fueron a comer algo y luego a la pileta. Victoria no usaba trajes de baño pero con un pantalón corto y una playera entro al agua. No había demasiadas niñas ahí, quizás siete y algunas montaban a caballo, otras leían, ellas dos estuvieron todo el día en el agua. Eva le explico que el lugar tenía capacidad para 40 niñas y que cada cuatro de ellas había una coordinadora. Los primeros días fueron de lo mismo, el único cambio que notó Victoria fue en la comida, todo era muy saludable y racionado, no podía excederse y comer comida chatarra, si extrañaba las pizzas y hamburguesas, pero se sentía bien consumiendo alimentos balanceados, además de que había bajado unos cuantos kilos. Entre el 2 y el 3 de enero el lugar se llenó de jovencitas entre los 15 y los 18 años y Victoria conoció a sus compañeras de cuarto. - Hola mi nombre es Victoria – saludo a las chicas que recién ingresaban. - Un gusto Victoria – dijo una niña morena de cabellos rizados y gafas – yo soy Cristina, tengo 18 años y vengo de Santa Fe – se notaba una joven alegre y muy educada. - Yo soy Casandra – dijo una rubia bonita vestida escandalosamente – 15 años y soy de Capital – las tres miraban a una niña alta que estaba pegada a la pared. - Yo soy Lucia, tengo 16 años y vivo en Rosario – dijo sin respirar y roja de lo nerviosa que estaba. Luego de las presentaciones llegó Eva, súper emocionada. - ¿Cómo están mis niñas? – pregunto casi gritando, haciendo que a las niñas les dolieran los oídos – que emoción que ya estemos todas – decía abrazando a cada una de ellas riendo como el primer día que vio a Victoria. - Ya Eva que nos vas a volver locas – se quejó Victoria y Eva comenzó a relajarse. - Bueno como ya estamos todas, vamos a comenzar nuestra pequeña aventura de verano – dijo la coordinadora intentando no sonar tan eufórica, las niñas no se mostraron muy emocionadas, después de todo estaban allí como un castigo – primero vamos al jardín a hablar para conocernos un poco – todas asintieron y siguieron a la rubia. Llegaron a un bonito lugar bajo un frondoso árbol, se ubicaron en el césped y Eva comenzó a hablar. - Como ya se dijeron los nombres vamos a seguir contándonos un poco sobre nuestras vidas y diciendo porque estamos aquí y que es lo que quieren hacer y eso – mientras hablaba movía las manos – yo empiezo, mi nombre es Evangelina, tengo 24 años, soy de La Plata, acabo de terminar mi carrera de psicología, y me voy a especializar en adolescentes, por eso estoy aquí – dijo emocionada, con un tono demasiado grave – soy hija única, pero tengo cinco primas y un primo con los que me llevo de maravilla, vine a este campamento tres años seguidos, la primera vez obligada, las otras por puro gusto y desde ahora trabajo aquí, lo que es un sueño hecho realidad – las muchachas la miraban sorprendidas por toda la alegría que llevaba encima y seguramente se preguntaban si estaba drogada o algo por el estilo – Sigamos con – dijo alargando la o, mirando a las niñas – Cristina – señalo sonriente a la morena que asintió y comenzó su presentación. - Soy Cristina, tengo 18 años, recién termino el secundario y debería comenzar la facultad este año, voy a estudiar arquitectura, tengo tres hermanos pequeños, dos niñas y un niño, nos llevamos bien dentro de todo y estoy aquí porque mi madre dice que quiere nietos y que si sigo siendo como soy ningún hombre se me va a acercar – elevo los hombros al terminar – tengo que volverme más deseable para el género masculino, según ella – las otras niñas asintieron. - Casandra tú sigues – indico Eva. - Soy Casandra, tengo 15 años, soy hija única y estoy muy feliz de serlo, aun voy al colegio y estoy aquí porque mi madre piensa que soy una zorra por mi manera de vestir, como se casó con un viejo rico quiere que me comporte como una niña bien o algo por el estilo – dijo sin mucho interés. - Victoria tu turno – pidió Eva, Victoria sonrió y asintió. - Soy Victoria, tengo 16 años, vivo en capital con mi padre, mis cuatro hermanos, mi madrastra y sus dos engendros, voy al colegio, no me va muy bien, la verdad no me gusta estudiar, siempre me meto en problemas y estoy aquí porque mi padre se cansó mi “pésima actitud” – hizo comillas con los dedos – mis hermanos creen que soy un desastre y mi madrastra me odia – su historia era algo similar a la de las otras chicas. - Sigues tu Lucia – dijo Eva, Lucia se tensó y su rostro se tiñó de rojo – tranquila, solo respira y habla lo que quieras – Lucia suspiro y comenzó. - Soy Lucia, tengo 16 años, tengo dos hermanas mayores y estoy aquí porque mis padres creen que necesito aprender a tratar con las personas sin morir en el intento – sonrió al decir lo último, las demás entendieron que era una broma y sonrieron. - Bueno – dijo Eva poniéndose de pie, las demás la imitaron – como ya nos conocemos un poco vayamos al salón principal para que la directora nos dé la bienvenida. Todas se dirigieron donde Eva las guiaba, entraron a un gran salón de actos, se ubicaron junto con las otras niñas y la directora comenzó a hablar. - Niñas bienvenidas al campamento para señoritas Flores Salvajes – todos aplaudieron – Mi nombre es Flora – se rió pensando en la coincidencia de su nombre con el del lugar - las que ya vinieron otras veces saben cómo funciona y las nuevas van a descubrirlo a lo largo del verano, quiero que tengan una estadía agradable y cualquier consulta o problema que tengan no duden en hablar con su coordinadora o con cualquier docente, incluso conmigo, estamos aquí para ustedes. Les pido que no vean al campamento como una cárcel o un lugar hostil, queremos que la pasen bien y vuelvan a sus hogares renovadas, mejoradas y por sobre todas las cosas felices. Aquí nadie está obligado a hacer nada, todas las actividades son optativas y a gusto de los participantes. Este año tenemos de todo, baile, defensa personal, cursos de cocina, informática, carpintería, pintura, maquillaje, actuación, canto, tantas cosas – la mujer suspiró – su coordinadora les informara sobre esto y no se olviden que al final tenemos el concurso de talentos así que tienen que decidir con sus compañeras que quieren hacer para la presentación, eso es todo las dejo descansar y conocerse, mañana comienza oficialmente el campamento, mucha suerte a todas – todos aplaudieron a la mujer y esta dejo el escenario luego de agradecer. Luego de eso siguió la cena, una fogata con canciones grupales hasta que llegó la hora de ir a la cama, una vez en el cuarto las chicas comenzaron a charlar. - Entonces mañana comienzan las tareas de reformación – dijo Cristina entrando a su cama. - Solo espero que no usen la tortura – dijo Victoria haciendo lo mismo. Se quedaron charlando un rato más, al final la charla se centró en los hermanos de Victoria y ella tuvo que contar detalles de los cuatro, Lucia y Casandra se fueron a dormir deseando soñar con alguno de los jóvenes. Victoria pensó que a lo mejor ese lugar no sería tan terrible después de todo y suspiró recordando a sus hermanos, los echaba mucho de menos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD