Lucas y Nicolás eran excelentes, los mellizos a pesar de sus travesuras iban por buen camino, pensó que Victoria sería igual, pero ella no era como sus hermanos, comenzando por el hecho de que era una niña.
- Soy un mal padre – dijo Armando luego de varios minutos de silencio.
- No lo eres – dijo Nico – eres el mejor.
- Tu hermana no piensa lo mismo – dijo.
- Victoria es especial – dijo Pablo – pero sabe que la quieres.
- ¿La quiero? – Armando hizo una pregunta retórica – ella es todo para mí, todo lo que hago y dejo de hacer es por ella, mi vida gira en torno a ella.
- Lo sabemos – dijo Patricio.
- No es que no los quiera chicos – dijo intentando explicarse – pero ella es mi niña y ustedes son hombres que se van a cuidar solos, yo tengo que cuidar a mi bebe.
- Hombre no te expliques – dijo Nico – todos en esta casa cuidamos de ella y siempre vamos a hacerlo.
- Siempre – dijeron los mellizos, en eso Azucena carraspeó, Armando la miro algo apenado.
- Amor no te enojes – la tomo de la mano pero ella se la quitó – sabes que Victoria es todo para mí, siempre lo supiste, pero voy a cuidar de ti y de tus hijos como si fueran míos, nada les va a faltar nunca.
- Pero donde entra Victoria no entra nadie más – dijo Milagros molesta.
- Claramente – respondió Pablo – Victoria es la reina en esta casa.
- Una reina sin gracia y bastante gruñona, pero reina al fin – completó Patricio.
- Pero ahora hay otra princesa en la casa – dijo Azucena señalando a su hija.
- Lo sé – dijo Armando – y va a ser tratada como tal, pero no quieras que elija entre mi hija y la tuya porque sabes cómo va a resultar – la mujer quiso protestar pero Armando no le dio lugar y se retiró.
- Más claro que el agua señoras – dijo Pablo que salió del lugar seguido de su hermano.
- ¿Tu opinas igual, Nico? – Preguntó Mili en tono meloso, enredando su brazo por el del chico - ¿también prefieres a Victoria por encima de mí?
- Victoria es mi hermana, Mili – respondió amablemente – y la prefiero a ella por encima de cualquier mujer del planeta.
- ¿Incluso de tu novia? – preguntó sacando pecho para ponérselos casi en la cara al joven.
- ¿Qué sucede conmigo? – una voz femenina sonó detrás de ellos. Nico se soltó del agarre de la descarada Milagros y se acercó sonriente a la mujer que llegaba, una joven de piernas largas, cuerpo menudo pero tonificado y bien formado, cabello castaño, lacio y corto y hermosos ojos color miel enmarcados en unas largas pestañas que con su piel blanca de porcelana la hacían parecer una muñeca.
- Mi amor – la saludó Nico con un suave beso en los labios, que hizo que Milagros y Azucena se molestaran, ambas estaban obsesionadas con el joven – Mili quería saber si Victoria está por encima de ti o no – la joven sonrió y miro a la rubia.
- Claro que muy por encima – dijo sonriendo y tomando la mano de su chico – Victoria es el centro de la vida de mi novio y de todos los hombres de esta casa, mejor se acostumbran – se acercó a Milagros y le tendió la mano – Soy Clara, la novia de Nico, un gusto conocerte Mili, he escuchado mucho de ti – la rubia le dedico una falsa sonrisa, Clara lo ignoro y se dirigió a Azucena – mucho gusto conocerla Azucena, que hermosa es – dijo acercándose a la nombrada que se puso de pie y le sonrió cínicamente para saludarla con dos besos.
- Por favor tutéame – dijo – y nada de hermosa soy a la par tuya, eres preciosa – sonreía mientras hablaba, pero le salía odio por la mirada.
- Muchas gracias – dijo Clara algo apenada, no se acostumbraba a que la gente alabara su belleza.
- Me imagino que tienes algo para espantar a las mujeres que se le tiran encima a tu chico, que deben ser muchas – comentó Azucena, con veneno en cada palabra.
- Y más todavía – respondió sonriente la muchacha – estoy saliendo con un galán de cine que deja loquitas a todas – al decir esto miro con amor a Nico que le sonrió con ternura.
- No es para tanto – dijo él modestamente – son todas unas exageradas – y abrazó a su novia.
- ¿Quiénes son exageradas? – preguntó Lucas entrando al lugar.
- Clara y Azucena piensan que soy un galán y la mujeres mueren por mí – dijo riendo Nico.
- Hola Clarita – dijo Lucas cuando se percató de la joven, ella se acercó a saludarlo con un abrazo – ya extrañaba que no pasaras a saludarme ¿acaso mi hermano no te quiere cerca mío? – preguntó golpeando a Nico en el hombro, este tomo a su chica de la cintura y la trajo hacia él sonriendo – Ya sabe que no puede competir conmigo – los tres rieron por la ocurrencia, aunque Nico si tenía un poco de celos de su hermano mayor, porque era guapo hasta en la sombra, seguramente tenia perfectas hasta las uñas de los pies, y Lucas lo sabía y le encantaba ser así, podría decirse que era el más vanidoso de la familia, pero sin ser desagradable, salvo que se lo propusiera, ahí era el ser más odioso del planeta.
- No tuve tiempo de venir porque me estaba mudando – comentó la chica.
- Me dijo mi hermano que eres una mujer independiente, felicidades – dijo sonriente.
- Gracias – respondió de la misma manera.
- Me retiro jóvenes – dijo Azucena, luego de ser ignorada por un buen rato – tengo que preparar todo para mi niño – y salió, los demás no la extrañaron.
Siguieron conversando, con Milagros en el medio, intentando acaparar la atención de Nico, a pesar de estar Clara allí. Con Lucas ya había perdido toda esperanza porque él le había dicho muy claramente: “No me interesas, niña hueca”, y entonces dedico todas sus energías a Nico, que siempre era amable y atento con ella, pero jamás la había mirado con deseo, a pesar de lo mucho que se le insinuaba. “Nico solo tiene ojos para Clara, y Lucas para él”, le había comentado una vez Pablo, pero ella no se daría por vencida tan pronto.
Estaban charlando cuando escucharon voces en la entrada de la casa, todos fueron y se encontraron con cuatro jóvenes de la edad de los mellizos aproximadamente, vestidos con ropa deportiva.
- ¡Familia! – Dijo uno, el más guapo de todos, un joven alto de cuerpo atlético, piel clara, ojos negros y cabello cortado casi al ras - ¿Me extrañaron?.
- Niño idiota – dijo Lucas y se abrazaron fraternalmente – sigues igual de tonto que siempre.
- Y tú cada día más guapo mi amor – bromeo el otro, logrando que Lucas se alejara de él.
- Nico hermano – se saludaron, mientras Lucas saludaba a los otros chicos menos efusivamente, ya que apenas los conocía – veo que sigues bien acompañado.
- ¿Cómo estas Bruno? – Saludo Clara sin soltar a su novio.
- ¿Y esta muñeca quién es? – dijo Bruno refiriéndose a Mili, que por primera vez desde que llegó a esa casa se sentía deseada, y es que Bruno era todo un don Juan, el utilizaba sus encantos para seducir a cuanta mujer bonita y no tanto se le cruzaba por el camino – Bruno a tus ordenes – la saludó besando su mano, Mili se sonrojo y rió estúpidamente.
- Soy Milagros, vivo aquí ahora – parecía una tonta al hablar, Bruno sonrió, siempre tenía ese efecto en las mujeres, en casi todas las mujeres.
- ¿Qué haces idiota? – se escuchó a Victoria, Bruno siguió su voz y la encontró casi al pie de la escalera, con su equipo para jugar fútbol y sosteniendo una pelota.
- Mi princesa, dichosos lo ojos que te ven – dijo acercándose a ella, la cual bufó.
- Muérete imbécil – dijo molesta e intento alejarse de él, pero Bruno que disfrutaba molestando a Victoria la tomó del brazo y la elevó en el aire.
- Como te extrañé cielito – decía mientras la hacía girar, todos reían menos Mili y Victoria.
- Bájame enfermo – gritaba y se sacudía.
- ¿Qué es este escándalo? – Azucena y Armando entraron en el lugar, la mujer es la que preguntaba molesta. Bruno bajó a Victoria avergonzado ante la mirada del padre de su amiga.
- Chicos que bueno verlos por aquí – dijo Armando mientras estrechaba las manos de los jóvenes – Bruno tanto tiempo ¿Qué tal Europa? – abrazó al muchacho.
- Vieja – respondió este causando la risa del hombre mayor – pero lo pasé bien dentro de todo.
- ¿Es duro el internado? – preguntó Armando.
- Ni lo digas hombre – dijo el menor – no quiero volver ahí en lo que me queda de vida.
- ¿Entonces te quedas? – preguntó emocionada Victoria.
- No si vas a acosarme – dijo con burla, ganándose un par de golpes por parte de la niña – si me quedo, pequeña, no puedo vivir lejos de ti – dijo exageradamente guiñando un ojo a Armando mientras la abrazaba con fuerza, ella se quejó y se separó inmediatamente de él.
- Bueno chicos ¿se quedan a almorzar con nosotros? – preguntó alegre Armando.
- Otro día quizás, pero hoy tenemos un juego contra los chicos del otro barrio, así que vamos al club – Armando asintió con la cabeza nada conforme, los mellizos bajaron corriendo las escaleras y se lanzaron sobre su amigo, su saludo consistía en golpes no muy rudos.
- Ya llegaste casanova – dijo Pablo – vamos a festejar toda la semana.
- Te extrañamos por aquí – dijo Patricio.
- Yo también los extrañe incordios – dijo una vez que se recuperó de los golpes abrazando a sus amigos - ¿nos vamos?
- Si vamos – dijo Victoria.
- Armando, Azucena – dijo Pablo dirigiéndose a los mayores – sentimos no quedarnos en el almuerzo de Damián pero ya habíamos arreglado este juego hace días y no podemos faltar.
- Claro – dijo Azucena que no le importaba si estaban o no en la comida, la verdad no soportaba a los chicos, porque ellos no disimulaban para nada lo mucho que ella les desagradaba – no hay problema que se diviertan.
- Genial – dijeron – nos vemos y comenzaron a dirigirse a la puerta.
- ¿Victoria tu a dónde vas? – preguntó con malicia Azucena.
- Al partido – respondió de mala gana - ¿no es obvio?
- No sabía que eras animadora de tus amigos – Bruno y Patricio rieron con ganas.
- Que graciosa – dijo la chica y quiso salir de nuevo.
- No hace falta que vayas hoy, seguro los chicos pueden ganar sin tus porras – continuo la mujer.
- ¿Eres idiota o te haces? – Preguntó con violencia la niña logrando que los amigos se sobresaltaran - ¿acaso te parezco una animadora? – Azucena no respondió nada, se sentía intimidada por el tono utilizado por la niña y por su mirada – yo juego en el equipo señora – completó.
- ¿Juegas en medio de todos chicos? – Preguntó indignada – Armando esto no es apropiado, tu hija en medio de tantos chicos, pueden golpearla – tenía un tono preocupado pero en realidad solo quería sembrar discordia.
- Nosotros la cuidamos – dijo Pablo algo impaciente.
- Victoria creo que deberías quedarte hoy – dijo Armando sin mirar a su hija.
- Pues yo creo que debería irme – dijo con el mismo tono altanero – Andando que llegamos tarde.
- Victoria – dijo el hombre alzando un poco el tono de voz, los muchacho se quedaron quietos – te quedas.
- Ni lo sueñes – dijo ella y abrió la puerta, los demás seguían en sus lugares - ¿vienen o qué?
- Niña pensé que te había quedado claro esta mañana que no iba a tolerar más tu actitud – dijo Armando tomándola del brazo y llevándola al interior de la sala.
- Y yo pensé que te había quedado claro que me importa un cuerno lo que toleras o no toleras, si no me quieres me metes a un internado, pero no vas a decirme que hacer – la situación era incómoda para los hermanos y amigos de Victoria, no así para Azucena y su hija que disfrutaban el momento.
- A mí me respetas niña – dijo Armando totalmente furioso - que soy tu padre.
- Recién te acuerdas de serlo – dijo ella secamente, sin intimidarse por el hombre, todos los demás habían retrocedido un paso al verlo pero ella seguía haciéndole frente – no eres muy paternal que digamos, y por si no te das cuenta estoy más que bien así – Armando bufó.
- ¿Estas bien? – Dijo indignado – Eres un desastre de pies a cabeza, pareces un niño, ni hablar de tus calificaciones, siempre de regulares para abajo, la conducta, pasas más tiempo castigada que en clases en el colegio y tu actitud es pésima ¿Cuántas pelas tuviste este año? – le gritó todo esto a la cara, Victoria tenía el rostro rojo de la ira por esas acusaciones.
- Pero nada de eso es tu problema – gritó fuera de sí y camino hacia la puerta.
- Te prohíbo que salgas Victoria – gritó Armando pero ella no lo escuchó y salió – Atente a las consecuencias – concluyó para luego encerrarse en su estudio. Los mellizos, Bruno y sus amigos salieron detrás de Victoria.
Lucas y Nico se miraron preocupados, Clara también lo estaba. Azucena y Milagros se retiraron riendo por la gran pelea.
A la hora del almuerzo, luego de saludar a Damián, un joven demasiado educado y agradable para ser hijo de Azucena, comenzó la tan temida conversación. Los chicos esperaban que Armando se calmara para sacar el tema, pero la mujer tenía otras ideas.
- Querido – dijo con un tono empalagoso - ¿ya sabes qué vas a hacer con Victoria? – Nico, Lucas y Clara la miraron con odio, pero ella los ignoró – porque algo tienes que hacer antes de que termine peor de lo que esta – Armando siguió en silencio unos minutos, concentrado en su postre.
- Victoria no tiene nada de malo – dijo Lucas lo más educado y calmado que podía.
- Cariño – dijo la cínica – eso crees tú porque la quieres, pero no le hacen ningún bien negando sus problemas.
- ¿Qué problemas? – dijo Nico menos amable que lo normal.
- Con las drogas y el alcohol – dijo segura, logrando que Armando la mirara.
- Ella no tiene ningún problema de esos – respondió el joven.
- No aun, pero si sigue así los tendrá – respondió segura y sujeto la mano de su novio – es una joven muy problemática, y va por el mal camino, necesita limites antes que sea tarde.
- No me parece – quiso decir Lucas pero Armando lo callo levantando la mano.
- Azucena tiene razón, no tengo control sobre tu hermana, hace lo que quiere cuando quiere, la mayor parte del tiempo no sé dónde está, ni con quien – suspiro – necesita limites antes de que no se pueda hacer nada.
- Con todo el respeto Armando, Victoria siempre esta con alguno de nosotros, por eso no debes preocuparte – dijo Nico, y era verdad cuando Victoria salía siempre era con ellos.
- Esa no es una garantía, ustedes la dejan hacer lo que sea, incluso drogarse y emborracharse en sus narices – dijo con malicia Azucena, Lucas no disimuló el odio que le profesaba al mirarla, si no la mandaba a pasear por ahí era por respeto a Armando.
- Es verdad – dijo Armando – yo confiaba en ustedes para cuidarla, pero luego de que la encontré ebria en su habitación con ustedes ahí, no puedo estar seguro.
- ¿Y qué quieres hacer? – dijo Lucas con un tono para nada cordial.
- Hemos pensando en un internado para señoritas al sur del país, el colegio Santa Ana – dijo Azucena, Clara se sobresaltó al escucharlo – es lo mejor.
- Armando – dijo educadamente Clara – no creo que sea lo mejor enviar a Victoria ahí – Azucena la miro con odio – como sabes estoy estudiando algo relacionado a los jóvenes y los internados, y por lo que se es un lugar horrible.
- No es horrible – dijo la mujer – tienen disciplina.
- Es una prisión, donde maltratan a las niñas, Victoria no es una criminal – Clara hablaba con Armando, ignorando a la víbora.
- No aun – acoto Milagros.
- Escucha – dijo Clara luego de que se contuvo las ganas de insultar a la mujer – conozco un lugar para señoritas, es un campamento de verano, lo mejor para alguien como Victoria.
- ¿Pero qué dices Clara? – Se molestó Nico - ¿Tú también quieres mandar a mi hermana lejos de nosotros? ¿Cuál es tu problema?
- No mi amor – Clara quería calmarlo, pero él se puso de pie alejándose de ella – es lo mejor créeme – Azucena y Milagros decidieron aprovechar la oportunidad para separar a los novios.
- ¿Dónde queda este lugar? – dijo Azucena sonando realmente interesada, Clara suspiró, Nico se retiró del comedor.
- Es en Córdoba – dijo la muchacha – una casa quinta, lejos de la ciudad, donde les enseñan a las niñas de alta sociedad a comportarse debidamente, es un poco caro, pero puedes pagarlo seguramente.
- ¿Tú crees que es bueno que ella vaya a ese lugar? – preguntó Armando.
- Definitivamente – dijo la muchacha.
- Haz los arreglos y avísame para que haga el pago – Azucena sonrió victoriosa, Armando se retiró, Lucas también.
- Yo pensé que te llevabas bien con tu cuñada – dijo Milagros.
- Lo hago por su bien, es lo mejor para ella en estos momentos – contesto la chica antes de retirarse a buscar a su novio.
Azucena se quedó con sus dos hijos, explicándole al recién llegado los problemas que le causaba la niña en cuestión.