Sentía el ambiente tan tenso que podía palparse, la secretaría de Alexander había salido hace unos minutos dejándonos a los tres solos, yo había intentado hacer lo mismo pero el pelinegro se negó diciendo que él tema que se tenía que tratar nos incluía a los dos. Asi que ahora estábamos sentados frente Alexander que rebuscaba entre varias carpetas, me había negado siquiera a mirar a Nikolas aunque podía sentir su mirada, no era momento para lo que tuviera que decir, no es que estuviera molesta por las fotografías, después de todo él no sabía que yo me había enterado, claro que me había decepcionado ver aquellas fotografías pero no podía culparlo, yo había sido la que le dijo que solo amigos así que él tenía el derecho de hacer lo que se le viniera en gana.
— Perfecto aqui esta — dijo Alexander llamando la atención de los dos, extendió una carpeta negra hacia Nikolas que la tomó con el ceño fruncido — Lo puedes revisar con tu manager si es lo que prefieres, pero ese es tu nuevo contrato.
— ¿Nuevo contrato? — dijo Nikolas confundido.
Me miró pero la realidad es que yo estaba igual que él, no sabía qué pasaba.
— Así es señor Necker, en el nuevo contrato la cláusula que se ha impuesto para que la señorita Crowell estuviera a su disposición en todo momento ha sido revocada, es solo que usted firme.
— ¿Qué has dicho? — dije sorprendida.
— Qué estás libre Maika, no eres ningún objeto con el que se pueda tratar.
Antes de que pudiera responder, Nikolas se había levantado golpeando el escritorio.
— No firmaré.
Alexander y yo lo miramos sorprendido, yo no podía creer que se comportara de aquella manera así que sin poder controlar mi molestia me levanté llamando su atención.
— ¿Se puede saber porque no firmaras? ¿Crees que soy tu esclava para disponer de mi a tu antojo?.
Él me miró confundido.
— No Maika, claro que no, te lo aclararé pero no ahora.
— Yo creo que tendrá que ser ahora Nikolas.
Lo vi tomarse el puente de la nariz, no me gustaba a donde iba todo este asunto, ¿que se supone que ocultaba el jugador?.
— Bien, pero no frente a él — dijo señalando a Alexander que solo lo observó con el ceño fruncido.
— Alexander déjanos solos — dije cruzándome de brazos.
— Por supuesto que no, soy tu Jefe y…
— Y yo soy la dueña del lugar, así que sal de la jodida oficina.
— Debo decir que esta nueva tú, me fascina demasiado — dijo sonriendo mientras salía por las puertas dejándonos solos a Nikolas y a mi.
— Maika…— comenzó a hablar el rubio pero yo levanté la mano deteniéndolo.
— Nikolas, de una vez, te comento que el contrato yo lo había leído aun así te ofrecí mi amistad, pero el simple hecho de escuchar que no quieres firmar…
— No es eso…yo firmaré si es lo que deseas.
— No entiendo entonces por qué has puesto esa cláusula.
Él se dejó caer en la silla giratoria.
— No he sido yo, bueno por lo menos no completamente…fue idea de mi manager, él supo quién eras desde que ingresaste a mi fiesta de cumpleaños aquel día.
Parecía sincero al hablar, me senté frente a él aun en silencio quería escuchar toda su version y si lo interrumpía sentía que tendría tiempo de arreglar la historia.
— Tu padre recién acaba de comprar el equipo, yo era la nueva estrella como bien te lo mencione el béisbol es el segundo deporte mejor pagado, o sea que mi salario es altísimo mi manager no quería perder aquello y con un nuevo dueño eso podría pasar, así que se las ingenio para…
— Para chantajear a mi padre conmigo, con su hija — dije interrumpiendo mientras comprendía lo que le había ocultado.
— Bueno como te digo eso fue al inicio, pero te conocí, eres una mujer increíble y me decepcioné de haber aceptado ese trato en un inicio.
Esta vez no pude evitar reírme con un poco de rencor.
— Ya, pero aun así no has querido firmar esta vez, el dinero debe ser muy importante para ti entonces.
— Por favor Maika, no es así como bien te digo puedo firmar, no me interesa pero no le daré el gusto al imbécil ese.
— Pues damelo a mí, firma el contrato nuevo ahora — dije entregando una pluma, él me miró con pánico, quizá me estaba mintiendo en algún punto de la historia.
— Confía en mi Nikolas, todo seguirá igual.
El rubio suspiró tomando la pluma y segundos después había firmado sin siquiera leer el contrato, eso hizo que mi corazón diera un pequeño brinco pues con esto el rubio me demostraba que de verdad confiaba en mí, lo que ahora me preocupaba era que ni siquiera yo había leído el contrato, pero ya lo resolvería.
— ¿Seguimos siendo amigos? — dijo poniéndose en pie.
— Así es — dije feliz tomando el contrato en mis manos y avanzando a la salida.
— Espera — su voz me detuvo, me gire para verlo con una ceja levantada.
— ¿Si?.
— ¿Rechazaste mi propuesta porque tienes algo con ese idiota?.
— Por supuesto que no, entre Alexander y yo nunca existirá nada.
— Se estaban besando.
Hice una mueca, acercándome a él.
— Eso no era un beso, él pegó sus labios a los míos y yo no le correspondí.
Nikolas esbozó una sonrisa que hizo que mis mejillas se encendieran.
— Me alegro entonces, no te mereces a alguien como él.
— Pues gracias por preocuparte amigo — dije con burla volviendo a caminar a la salida — Pero te aseguro que se pelear mis batallas, y escoger mis trofeos.
Lo último que escuche fue su risa detrás de mí, cuando salí a mi pequeño escritorio me di cuenta de que Alexander estaba en mi lugar pegado a mi monitor, fruncí el ceño, no tenía cosas personales pero me preguntaba qué hacía ahí. Levantó la vista cuando Nikolas salió detrás de mi aun con su enorme sonrisa.
— Te esperaré a que salgas, podemos ir con Gastón.
— Eh…si, seguro.
Besó mi mejilla antes de salir de aquel piso, cuando lo perdí de vista me gire hacia Alexander que me miraba molesto.
— Ya puedes ocupar tu oficina — dije sin más esperando que así se levantará de mi lugar, pero él solo se reclinó en mi silla.
— ¿A él si lo perdonas?.
— Él no quemó mis muñecas, no me empujo para que me quebrara el brazo, no me pellizco, no me arrojo de las escaleras, no me…
— Vale — dijo levantándose ante la mirada de la secretaría — Lo he entendido, pero te demostraré que he cambiado.
— Y aun así me has besado dos veces sin mi consentimiento.
— Si me correspondieras no querrás separarte de mi.
— La cosa es Alexander — dije colocando el contrato sobre mi escritorio y acercándome a él — Que no quiero, no lo deseo.
Vi como su mirada se oscurecía, lo había hecho enojar pero me importaba un carajo, se abrochó el saco y caminó hacia la oficina encerrándose en ella. Suspiré lo que había comenzado como un día tranquilo se había convertido en todo un desastre y seguramente gracias a la secretaria del pelinegro, mañana todos se enteraran de los sucesos de hoy.
Salí hacia mi coche cuando dio la hora de mi salida, me sorprendí al ver a Nikolas recargado sobre el capó mientras observaba su celular, de verdad se esperó a que saliera, pensé sorprendida. Quizá solo le interese lo del contrato, me repetí para mis adentros tratando de no ilusionarme de nada, después de todo aunque él no haya hecho mención de las fotografías que salieron en la revista de la farándula, era una espinita que tenía grabada, carrape acercandome y sus ojos de inmediato se clavaron en mí, sonrió guardando el celular.
— Hola — dijo con voz gruesa.
— Estás aquí — dije abriendo el coche.
— Te dije que te esperaría.
— ¿Y has estado aquí cinco horas?.
— ¿No me crees? — dijo sorprendido abriendo la puerta.
— Es difícil — encendi el carro — Tienes tanto dinero que podrías hacer lo que quisieras, incluso hacerme creer que de verdad has estado cinco horas recargado sobre mi coche.
— Para lo otra podrías darme las llaves del coche.
— Todavía no eres tan importante Necker.
Me coloqué las gafas de sol antes de arrancar hacia el atardecer.
Me sorprendió el lugar al que llegamos, resultó ser que Nikolas había cambiado de parecer a medio camino, dijo que me mostraría un lugar increíble aunque no esperaba llegar a un centro de entrenamiento de béisbol.
— Vamos, te gustará — dijo abriendo mi puerta y ofreciéndo su mano, lo miré inquisitivamente, no me gustaban los deportes, creo que es algo que debí mencionar.
Entramos al recinto, donde también parecían conocerlo, saludo alegremente a varios empleados y aun sin soltar mi mano nos adentramos hacia una de las jaulas vacías, se podían escuchar el coche de la pelota contra el bat, los gritos de euforia y las pláticas amenas.
— Nikolas, ¿no deberíamos comer algo primero?.
Tomó uno de los cascos desinfectandolo, se acercó a mí con una sonrisa.
— En un momento me traen la comida, por ahora jugaremos — dijo colocando el casco sobre mi cabeza, trate de evitar una mueca ya que no solo era algo que alguien más había usado, si no que el desinfectante me causaba grandes arcadas.
— Nikolas no creo que…— trate de hablar, pero él ya se había puesto un casco tomando uno de los bats.
— ¡Vamos! — dijo alegre — Te enseñaré a batear.
Al ver que no me acercaba, comprendió que algo iba mal y se acercó preocupado.
— ¿Todo bien? No tienes de qué preocuparte estaré aquí, solo quiero que veas las sensaciones que a mi me embriagan cuando golpeó la pelota — dijo tomando mi mano para llevarme a la base.
Trate de respirar profundamente, no debo ser tan quisquillosa después de todo. Sentí a Nikolas detrás mío, tome el bat que no estaba tan liviano como parecía.
— Bien — dijo en mi nuca, sus manos envolvieron las mías alrededor del bat — Fija tu vista en la bola, respira profundo no tienes que dudar.
Trate de ignorar el hecho de lo que su voz en mi oído provocaba a mi cuerpo en ese momento, respire profundamente clavando mi vista en la máquina lanzadora de pelotas, se escuchó un ruido y de repente una bola lo bastante rápida salió disparada hacia nosotros mi instinto de supervivencia fue moverme del lugar, pero en un segundo Nikolas había movido nuestros brazos junto con el bat, dando de lleno a la pelota que rebotó en la pared de enfrente. Solté el aire que había contenido en esa fracción de segundo y de repente la risa del rubio inundó el lugar.
— No fue gracioso — dije alejándome de él.
— Dios Maika, te has puesto completamente rígida, estabas en la posición correcta para que la pelota no te golpeara.
— Odio los deportes — dije dejando caer el bat, pero eso solo ocasiono que Nikolas se riera aún más fuerte.
— Entonces — dijo después de unos minutos en los que considero suficiente burlarse — ¿Nunca has ido a un partido de absolutamente nada?.
Negué con la cabeza quitándome el oloroso casco.
— No me llama la atención ir a gritarle a un grupo de personas que se mueven a costa de una pelota.
— Que peculiar eres Maika Crowell, pero te aseguro que el béisbol es asombroso.
— Ya, bueno si tuviera que elegir para ir a un partido de lo que sea elegiría el americano.
El pareció ofenderse, pero al final la risa nos ganó a los dos.
— Tendrás que verme jugar.
— ¿Para que me enamore del béisbol?.
— O del jugador — dijo guiñandome el ojo — Uno nunca sabe.
La comida llegó después de eso, aun me sorprendía el hecho de que pudiera ser bastante modesto algunas veces, ¿o será que solo es así conmigo? pensé al imaginar el restaurante de lujo al que había ido con su cita la noche anterior. Quería preguntarle al respecto pero temía verme demasiado celosa, además suficiente tenía con que insinuara que sería yo la que se enamoraría primero, admito que mi corazón se acelera la mayoría del tiempo cada vez que estoy cerca de él, pero lo asocio a que es bastante atractivo, algunas veces caballeroso y se preocupa por mi en algunas ocasiones. Pero eso no quiere decir que esté enamorándome de él, no es el príncipe azul de mis sueños, no como yo creí. Nikolas Necker podía ser un príncipe encantador, pero detrás de esa fachada un hombre jugador se ocultaba tendríamos que aprender a hacer amigos, ya no quiero una vida complicada, quiero algo sencillamente eterno, no quiero perder el tiempo, porque temo que se agote cuando cierro los ojos.