CAPÍTULO 11

2093 Words
Aquellos labios se movían sobre los míos, sus manos apretaban mi cintura mientras yo buscaba la forma de respirar y alejarme, en un segundo de lucidez de mi parte golpeé su entrepierna logrando que se alejara, hice amago de una arcada mientras trataba de avanzar hacia el baño, sentí de nuevo la mano en mi cintura pero esta vez como ayuda guiándome al baño. Pasados unos minutos en los que sentía que arrojaría mis órganos por el retrete, Alexander me ayudó a ponerme en pie, quería gritarle que se alejara, que no me tocará, pero me sentía tan débil y mareada que acepté su ayuda, senti lo suave de la cama, escuche la voz del castaño pero no logre entender que decia y en cuestión de segundos todo se volvio n***o a mi alrededor. Mi cabeza me lanzaba punzadas de dolor cuando intentaba abrir mis ojos, respire profundamente antes de girarme sobre la cama, volví a abrir mis ojos esta vez con más suerte que la vez anterior, un vaso de agua al lado de una pastilla para dolor fue lo primero que vi. Me incorporé de a poco, la habitación estaba vacía pero no la reconocí como la mía, aunque estaba segura de haber llegado a mi casa. Tome la pastilla ya que el dolor no iba a disminuir de la nada, levanté mi vista al ver la puerta de la habitación abrirse, fruncí el ceño al ver a Alexander entrar con una bandeja de comida, rápidamente los recuerdos de la noche regresaron incluyendo aquel beso robado. — ¿Qué mierda haces aquí? — Solté molesta. Él me miró con burla, mientras se acercaba con la bandeja colocándola donde estaba el vaso. — Limpio tu desastre, deberías agradecerme. — ¿Agradecerte? — dije con desdén — ¿No fue suficiente con haberme besado sin mi consentimiento?. — Sé que no fue lo correcto — dijo sentándose en la cama — Pero no lo pude resistir. — Eres un idiota — dije intentando pararme, pero por el brusco movimiento mis pies se doblaron Alexander detuvo mi caida, pero como todo existian esos momentos tan ridiculos en algun momento de la vida que caimos sobre la cama, con su rostro cerca del mio y su peso asfixiandome fue como la puerta se abrio dando paso al padre de Alexander que nos miro de manera curiosa, segundos despues mi padre entraba a la habitación. — ¿Pero qué carajo pasa aquí? — soltó mi progenitor de forma molesta. Suspiré mientras escuchaba la leve risa de Alexander y su padre. Sería un día largo pensé dejando caer mi cabeza sobre el colchón con mis ojos cerrados. Baje las escaleras después de varias horas luego de aquel incómodo episodio en el que mi padre solo había dicho que me esperaba abajo, después de que se fuera me retiré a mi habitación a pesar de la insistencia de Alexander por seguirme pude deshacerme de él. Ahora me dirijo al despacho pero unas voces proviniendo del pequeño loft en la entrada principal llamó mi atención. — …como le menciono señor Crowell, mis intenciones con su hija son sinceras, lamento que nos encontrara en aquella situación — la voz de Alexander retumbó en mis oídos, ¿pero que idioteces estaba diciendo aquel hombre? pensé molesta, me asomé escondiendo mi cuerpo detrás de las columnas que tanto mi madre había insistido en colocar; distinguí a los tres hombres sentados en los cómodos sofás. — Sé que eres un buen muchacho Alexander, pero esas no son las formas, mi casa merece respeto. — Y le aseguro que así será, es solo que Maika anoche ha venido un poco tomada, pero le aseguro que no le hemos faltado el respeto a su casa, solo han sido unos pocos besos. ¿Pero que sarta de mentiras estaba diciendo? pensé furiosa, inmediatamente salí de mi escondite como si no hubiera escuchado nada. — Papá estás aquí, estaba buscándote — dije con una sonrisa acercándome a él. — Alexander ya nos contó lo sucedido muñequita. — ¿Ah sí? — dije mirando inquisitiva al castaño, que solo me dedico una media sonrisa. — Así es hija — habló el padre de Alexander — Nos alegra su nueva relación, pero como bien dice mi ahora consuegro es importante tener límites, queremos ser abuelos pero primero deben casarse. — ¿Relación? ¿Casarse? — dije confundida — Deben estar confundidos — dije con una sonrisa antes de girarme hacia el castaño — Lo siento Alexander si ayer te confundi, nunca tomo de esa manera y me sentía dolida de no veré a mi novio durante un tiempo. — ¿Novio? — dijo mi padre levantándose de su lugar. — Lo siento padre, es solo que la prensa ha estado encima de nosotros, di por hecho que ya lo sabrías. Vi la cara de mi padre volverse blanca, sonreí para mis adentros porque él había dado en clavo sabiendo a qué me refería. — ¡Te lo prohibo!. — ¿Me lo prohibes? — dije cruzándome de brazos — No te confundas padre, has tomado decisiones con respecto a mi vida laboral pero en la personal no tienes ese derecho y si me lo permiten ahora tengo que ir con Dalton. Me gire caminando a la salida dejando a los tres hombres con la palabra en la boca. Sabía que decirles acerca de una falsa relación a Alexander y su padre haría que desistiera del tema de que pudiéramos ser familia algún día, odiaba a ese hombre, lo repudiaba y no perdonaría que me hubiera besado de aquella manera, no creía en su falso cambio de actitud ni por un segundo, tenía que alejarlos de mi familia, no importaba el costo. Miraba como Daltón jugaba con Navidad parecía cada vez más feliz, ese perro le reconfortaba la vida, tome un sorbo a mi limonada acomodándose las gafas de sol. — Así que…¿El imbécil de tu pasado ahora está colado por ti? — escuché decir a Cata había llegado hace un rato y desde entonces estábamos en la piscina tomando el sol, por alguna razón el invierno parecía haber desaparecido de la noche a la mañana, pero estaba segura que por la noche volvería a nevar, después de todo el clima estaba más loco cada año. — Pues eso parece, pero estoy segura que es algo más. — ¿Y todavía siguen aquí en tu casa?. Hice una mueca asintiendo, resultó ser que al fabuloso de mi padre se le había ocurrido la idea de darles asilo a los Thompson en lo que recuperaban su vieja propiedad. — Bueno, si vuelve a hacer una idiotez sabes donde golpear. Las dos nos reímos. — ¿Cómo es posible que estén tomando él sol con este clima? — nos giramos al escuchar la voz de Carlo, detrás de él Fer y Hank nos miraban con una sonrisa. — Hace buen clima — dijo Cata recibiendo a su novio con un beso. — Para patinar sobre hielo — refutó él con el ceño fruncido. Me levanté colocándome la bata ligera para ir a donde Dalton. — ¿Qué sucede cielo? — dije agachándome junto a él mientras Navidad ladraba feliz. — Han venido tus amigos, ¿te irás con ellos?. — Claro que no — dije frunciendo el ceño y sonriendo — Me quedaré contigo hoy, además ya los conoces te caen bien. — Mamá decía que eran borrachos. Trate de aguantar la risa, era típico de Dani decir eso de mis amigos, lo admito eran muchas veces en la universidad que nos íbamos de fiesta, en que desconociamos hasta nuestros nombres, Dani siempre estaba preocupada por mi, era una increíble hermana y madre por supuesto y es por ello que he tratado de mejorar lo que ella siempre me recalcó. — Bueno pero eso es cosa del pasado, ahora hemos crecido. — ¡Hola chaparro! — saludo Hank acercándose a nosotros, cuando recién falleció Dani por alguna razón había sido Hank el que más apoyo nos había dado con Dalton, claro que eso llevó a que me yo confundiera y terminara enrollandome con él, pero Dalton no tenía la culpa de eso, resultó que se llevaban bastante bien y cuando aleje a Hank de nosotros, bueno cabe decir que a Dalton le costó mucho volver a hablarme. — ¿Ya son amigos de nuevo?. Hank me miró confundido, a lo que yo solo moví la cabeza sin importancia. — Pues sí, supongo que sí. — ¡Genial! — dijo mi sobrino saltando de alegría — Podremos volver a jugar. — Dalton cielo — dije interrumpiendo — Hank ahora tiene más responsabilidades, tiene un trabajo al igual que yo, será un poco complicado sabes. — No, pero yo puedo tomarme el tiempo — soltó el moreno con una sonrisa, yo solo lo miré de mal modo tratando de que comprendiera las cosas. — Ya veremos entonces. Terminé por zanjar el tema, segundos después Dalton le mostraba a Hank lo que Navidad había aprendido a hacer, decidí irme de ahí, me alegraba tenerlo como amigo, pero no dejaría que las cosas se confundieran de nuevo. Detuve mi paso al ver a Alexander recargado en el marco de la puerta que daba al jardín, tenía las manos en los bolsillos y nos miraba de manera neutra, ignore el hecho de que estuviera de espía y llegue hasta donde Fer les contaba a Cata y Carlo sobre la increíble noche que paso con un chico que acaba de conocer. El resto del día mis amigos se quedaron a mi lado, por lo menos hasta que empezó a oscurecer y el frío ya se volvía más intenso, en ese momento cada quien decidió que era tiempo de ir a casa, después de todo el día de mañana la mayoría volvíamos a nuestra fabulosa rutina en la vida laboral. Seguí el consejo de Cata, ignorando el hecho de que Alexander Thompson y su familia estarían ahí por tiempo indefinido. Así que para la mañana siguiente cuando me dirigí a la oficina me sorprendió que Alexander no estuviera insistente en irnos juntos, esto sucedió por los siguientes tres días consecutivos, en casa no lo veía, únicamente para la cena, pero no solía sentir esa intensa mirada, por lo que hoy era un miércoles tranquilo hasta que recibí una llamada en la que me solicitaba en su oficina. Suspiré antes de atravesar las puertas. — ¿Ha llamado jefe? — dije tomando asiento frente a él. — Así es muñequita — rodé los ojos, pero me mantuve en silencio — Me he levantado con una estupenda noticia. Alexander se levantó para tomar lo que parecía ser una revista, la hojeo hasta quedar frente a mi extendiendola para que la tomara, observe la página en la que se podía ver varias fotografías granuladas, tomadas en la noche casi no se distinguían a las personas pero sabía porque Alexander me mostraba aquello, suspire al reconocer al rubio, además de que la nota decía claramente que era el nuevo amor del haz de béisbol. — Que raro que haga eso si se supone que están en una relación ¿no?. Cerré la revista dejándola de nuevo en el escritorio, me levanté cruzándome de brazos frente a él. — Pues como llevamos nuestra relación no es asunto tuyo y no entiendo qué tiene que ver esto con el trabajo. — No tiene nada que ver muñeca, sólo quería asegurarme que supieras la clase de hombre con el que sales. Solté una amarga risa. — ¿Se supone que te preocupas por mi bienestar? ¿No crees que es una jodida ironía?. — Te lo he dicho he cambiado. — Está bien, vamos a suponer que te creo que cambiaste, ¿Qué es lo que quieres Alexander?. Sonrió de lado dando un paso más cerca. — ¿No crees que es obvio? Pero no me molesta hacer una demostración. Se movió rápidamente tomando mi rostro en sus manos, estampo sus labios contra los míos antes de comenzar a moverlos, era la segunda vez que me besaba, ¿pero este hombre que se creía? pensé molesta, mientras sentía como sus labios seguían pidiendo permiso para explorar mi boca. — Señor Thompson lo buscan — la voz de la secretaría hizo que dejara de besarme aun sin alejarse — Oh, lo siento tanto. Por un lado agradecí que aquella señora interrumpiera, lo que no esperaba era ver aquellos ojos zafiro mirándome con una mezcla de molestia y sorpresa, ¿Pero que carajo hacía él aquí?.
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