CAPÍTULO 3

2377 Words
Nikolas estaciono el vehículo frente a un pequeño puesto donde se podía leer “ El mejor poutine” con letras luminosas, debía haber unas quince personas esperando a ser atendidas y otras en las pequeñas mesas de madera que estaban al costado, apenas alumbradas con farolas, por un instante me sentí fuera de lugar por nuestra vestimenta Nikolas y yo desencajabamos de aquel lugar, pero al rubio pareció no interesarle ya que se bajó del vehículo con una sonrisa. — Pensé que eras demasiado egocéntrico para venir a estos tipos de lugares — dije bajando del coche cuando me abrió la puerta. — Lo soy, pero me gusta el poutine callejero ¿a ti seguramente te lo hacen gourmet cierto?. — Mi chef lo hace en casa. Él hombre se rió mientras se acercaba al puesto con las manos en los bolsillos, de mi parte lo seguí con los brazos cruzados era claro que no era la primera vez que venía a ese lugar y lo comprobé por la forma en la que el hombre que atendía el puesto sonrió exageradamente la ver al castaño, debía medir cerca de los dos metros, era un hombre robusto con un enorme bigote. Traía una boina que tapa la calva incipiente y portaba un delantal que rezaba la misma frase luminosa, era de esos hombres que a simple vista podrías apreciar su buena actitud. — ¡Nikolai! — gritó extendiendo los brazos con un francés mocho. El castaño hizo el mismo gesto mientras sonreía. — ¡Gastón!, pero qué bien huele amigo, extraño tus poutines cada vez que estoy lejos. — Te prepare uno enseguida — dijo haciendo señas a su ayudante. — Que sean dos, vengo con alguien. Nikolas me señaló al tiempo que me hacía señas para que me acercara, yo le sonreí al hombre de bigote que me miraba con sorpresa. — Ella es Maika, ¿hermosa no? — dijo Nikolas tomando mi mano para besarla, trate de que los colores no se me subieran al rostro. — ¡Belle femme!. — Gracias Gaston — dije sonriendo nerviosamente. El hombre sonrió de manera amable antes de mirar ansioso nuevamente al rubio que había colocado las manos en su bolsillo poniendo de nueva cuenta un gesto despreocupado. — ¿Y qué tal la temporada Nikolai? — habló Gastón mientras preparaba los platillos. — Vamos bastante bien — contestó el castaño con una media sonrisa — Está por terminar y hemos pasado a las finales. — ¿Temporada? — dije intrigada, volviendo a mi mente el recuerdo de aquella fotografía y los ojos azules que me habían llamado la atención. Nikolas se giró hacia mí con una sonrisa que hacía que te derritieras en ese instante. — Me fascina que no sepas quien soy, eso lo hace interesante. — ¿Debería conocerte? — dije con una ceja levantada siguiendo el juego, quizá el mismo me termine de confirmar si no era solo una coincidencia — ¿Eres un jugador famoso?. El castaño soltó una risa mirando de nuevo a Gastón que también sonreía. — Es el mejor — dijo el hombre de mostacho apuntando al cielo con la pala llena de queso derretido — Pero él debe ser quien te cuente, por ahora ya tienen que irse la gente comienza a darse cuenta Nikolai. Fruncí el ceño observando a nuestro alrededor, no me había dado cuenta de la gente con los celulares apuntandonos, otros cuchicheaban bajo entre sí, ¿de verdad era famoso? me pregunté mientras veía a una chica pelirroja que se armó de valor para acercarse. — ¿Podría tomarme una foto? — dijo con voz tímida. Nikolas avanzó hasta la pelirroja y tomó el celular de la chica. — Por supuesto preciosa. Después de esa acción por parte del rubio, la mayoría de las personas a nuestro alrededor pareció perder el miedo a acercarse ya que varios adolescentes esperan obtener una selfie con Nikolas, pero, ¿este hombre de verdad era el mismo?, dije para mí misma sacando el celular para investigar cuando la voz de Gastón llamó mi atención. — Maika, están listos sus poutines — dijo Gaston entregándome una bolsa de papel que olía bastante bien. Sonreí tomando el paquete. — Gracias Gaston, ¿Te debo…?. — Oh cariño no, van por cuenta de la casa, pero deberías sacar a Nikolai de aquí antes de que la prensa llegue. Asentí moviéndome hacia donde el castaño sonreía aun conviviendo con ¿sus fans? pensé con ironía. — Nikolas — dije llamando la atención del rubio — Debemos irnos. — Pero aún no comemos los poutines — dijo decepcionado, me sentía completamente fuera de lugar cuando me di cuenta que varias personas aún grababan disimuladamente. — Gaston me los ha entregado, podemos comer en otro lado. — Me hubieras dicho eso antes — dijo con un tono demasiado provocativo para mi, mis mejillas se encendieron en ese instante, Nikolas sonrío despidiéndose de la gente antes de colocar su brazo sobre mi hombro guiándome a su auto. — Me hubiera gustado comer con Gaston, hace mucho que no lo veo — dijo una vez que emprendimos camino nuevamente. — Si no hubieras estado tan entretenido. — ¿Celosa?. — ¿Por qué lo estaría? Te conozco hace unas horas. — En algunas culturas dicen que solo basta una mirada para enamorarte. — Oh claro, y si quieres nos casamos mañana — solté con sarcasmo. — Aún soy joven, pero en unos años puedo ser un buen marido. Entre cerré los ojos, preguntándome si no estaba bromeando, pero la seriedad de su perfil me hacía dudar bastante, era atractivo por supuesto, pero ¿casarse?, eso solo pasaba en las novelas de ficción, de pronto solté una risa que hizo que el castaño me mirara como si estuviera desquiciada. — ¿Qué te ocurre rubia?. — Nada, solo he recordado algo. Por un momento mientras mi risa se calmaba permaneció con el ceño fruncido, hasta que nuevamente en un alto de semáforo se detuvo. — Bueno ¿y donde quieres comer?. Sonreí negando con la cabeza, vi las calles pasar mientras conducía a un destino incierto. Había sido una noche interesante, resultó completamente diferente a lo que alguna vez hubiera esperado de salir con un extraño, la cena había sido un poutine callejero, que resultó ser increíblemente delicioso, dentro del vehículo lujoso de un atractivo desconocido. Esa noche Nikolas no dijo nada más de si mismo, ni yo pregunte, disfrutamos el poutine como si fueramos viejos amigos, resulta ser que cuando conoces un poco más al rubio no es tan idiota como la primera impresión; en algún punto de la noche me hablo de Gastón de como lo conocia desde que era un niño, la madre de Nikolas les solía comprar el poutine desde que el hombre fránces abrio el pequeño local y para Nikolas fue la mejor comida en su niñez; él no pregunto de mi vida tampoco, pero le confese que ese día había sido mi graduación y comenzaría a trabajar de manera inmediata, pensé en proponerle vernos de nuevo, pero quiza aquel castaño de hermosos ojos solo era de las personas que conocias por accidente, que en un momento te hace reeplantear las cosas, esa noche con Nikolas me hizo entender que de ahora en adelante mi vida tenia que ser diferente, tenia que enfocarme en formarme como profesionista, ayudar a mis padres a educar a Dalton, buscar el amor de verdad. *************************************************** La navidad estaba a la vuelta de la esquina, se notaba en las calles de la ciudad, la nieve, las luces y las decoraciones de cada hogar, llenaban de alegría a aquellas personas que esperaban con ansia las festividades. En nuestra casa no era lo contrario solo que aquel espíritu navideño solo era visto en los empleados que se habían encargado de decorar la enorme mansión de mis padres. Camine decidida a despertar a Dalton, había mucha nieve afuera, él debía divertirse, pero cuando entré a su habitación, él estaba recargado en el alféizar viendo los pequeños copos de nieve caer lentamente. — Dalton, ¿sabes que es más divertido salir a jugar con ella?. — No es divertido, es fría. Suspire acercándome a él, me senté frente a él removiendo su cabello. — Cielo, recuerdas que tu mamá y yo te enseñamos a hacer angelitos de nieve, a ella le encantaría ver uno desde el cielo. Sus ojos se abrieron de sorpresa. — ¿De verdad lo vería?. — Pues claro, así que cambia esa carita y salgamos a la nieve. Vi a Dalton apresurarse a cambiarse mientras yo leía los mensajes de Cata, desde ese día de la fiesta de cumpleaños del extraño no habíamos tenido oportunidad de vernos, pero Catalina había descubierto los videos virales en internet que habían posteado con el nombre de alguien en particular y en uno de ellos me había reconocido. Resultó ser que Nikolas si que era un jugador profesional, él mismo que mi padre tenía en aquella fotografía, en un inicio me había puesto nerviosa pensando que quizá me lo encontraría en cualquier momento, como reaccionaria a su presencia, pero el tiempo había pasado sin ningún tipo de luz arrojada sobre aquel rubio, me dedique a mi trabajo dentro de una de las compañías de mi padre no era la CEO claro está, no tenía la experiencia así que había optado por el área creativa, me había acoplado bien a mis compañeros a pesar de ser la hija del dueño. Y por otro lado insistía en sacar adelante a Dalton. Conteste rápidamente a mi mejor amiga con un simple “ven cuando quieras” cuando vi salir a Dalton con varios suéteres encima. — Por lo menos no te resfriaras — dije con una sonrisa. Él frunció su pequeño entrecejo sin decir nada más, solo me causaba ternura el verlo de aquella manera seguramente para Dani hubiera sido lo mismo. El frío caló en nuestras mejillas cuando salimos a la blanca nieve, ya habían pasado los primeros días en los que nieve arrastra la suciedad de las calles y árboles, para dar paso a la blanquecina nieve. Vi a Dalton dejarse caer para comenzar a hacer los ángeles de nieve. — ¿Vendrás Mai?. Dalton salía de la nieve con las mejillas sonrojadas por el frío, sonreí acostándome junto a él. — Cuando tu mamá era una niña como tú — comencé a hablar moviendo mis brazos para formar la figura — Yo apenas aprendía a caminar pero me enseño a hacer mi primer angel de nieve. — ¡¿De verdad?!. — De verdad, pero tú siempre has sido un experto — agregué guiñandole el ojo. Dalton me mostró sus dientes en una gran sonrisa a la que yo correspondí de igual manera. — ¿El abuelo se quedará esta navidad?. Lo mire con una mueca recordando como el año pasado el pequeño se había quedado llorando cuando mi padre no apareció, había puesto de excusa la reciente muerte de Dani, pero para mi madre y para mí tampoco la habíamos tenido fácil, en esa ocasión lo de Dani claramente era parte de nuestro duelo y estar juntos era la mejor decisión, por eso esta navidad mi madre y yo habíamos prometido hacerla mejor posible para Dalton, más alegre, que recordará con amor todas aquellas navidades en las que Dani estuvo con nosotros. — Te prometo que así será Dalton, el abuelo no irá a ningún lado o tendrá que pasar por mi c*****r. — Él te aplastará. Los dos sonreímos, mi padre era demasiado alto en eso Dalton tenía razón además, había ganado un peso considerable en los meses que había estado fuera, seguramente por tanta comida rápida que debió haber ingerido. El sonido de un vehículo entrando por el camino de grava que daba directo al porche de la casa nos llamó la atención, desde donde estábamos apenas podíamos apreciar el increíble auto deportivo color azul que se había estacionado justo frente al acceso a la mansión de mis padres. — ¿Quién ha venido? — escuché preguntar a Dalton con curiosidad, mientras estiraba lo más posible su pequeño cuello. Yo me alce de hombros, desconocia aquella información, además la persona que había bajado traia una sudadera n***o con el gorro puesto y lo había perdido de vista cuando ingreso a la mansión. — Debe ser alguien conocido de tu abuelo, porque ha entrado como Juan por su casa. — Él abuelo nunca ha tenido ningún amigo — dijo negando con la cabeza de forma testaruda —¿Y si es un sepuestrador?. — ¿Sepuestrador? — dije sonriendo — No, lo dudo un poco. — Vamos a salvarlo — dijo dando un salto para comenzar a correr. — Pero, nos estábamos divirtiendo — dije con fastidio mientras sacudía la nieve de mi trasero. Entre a la casa sin pista de Dalton, había emprendido huida para “salvar” a su abuelo, me quite los estorbosos abrigos cuando sentí la calefacción dentro de la casa, avance hasta donde mi padre había levantado su despacho, se podían escuchar voces conforme más me acercaba, fruncí el ceño ¿quién vendría a discutir con mi padre en su propia casa?, pero la respuesta llegó a mi de manera instantánea, en un segundo las puertas del despacho se abrieron con un sonoro golpe, de ellas salió el hombre de sudadera hecho una fiera, hubiera impactado conmigo si no fuera por el hecho de ser ágil. Vi el mechón rubio salir debajo de su capucha antes de que sus ojos se fijaran en mí, aquel azul zafiro que había reconocido de inmediato estaban llenos de enojo, pero su mirada cambió al reconocerme y una sonrisa torcida se formó en sus labios. — Preciosa, no creí que te encontraría de nuevo y mucho menos en estas circunstancias — dijo con la voz más profunda que hubiera escuchado nunca. Me hubiera gustado responderle, pero mi cuerpo no reaccionaba, su voz había causado una especie de bloqueo en mi cerebro, escuche su ronca risa y sin poderlo detener desapareció de mi vista una vez más, aquel hermoso ser asi como llego se fue. Nikolas, el chico de ojos de zafiro ¿que has venido a reclamarle a mi padre?.
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