Cuando entré al despacho de mi padre, él estaba con la cabeza entre sus manos, parecía derrotado ¿será posible que Nikolas lo pusiera en ese estado?.
— Papá, ¿todo está bien?.
Mi voz pareció asustarlo por un segundo, sus ojos me miraron aterrados antes de forzar una sonrisa.
— Muñequita — hice una mueca al escuchar ese apodo, nunca me había gustado — Todo está bien, no tienes de qué preocuparte.
— El chico que salió…
— Es solo un jugador de los Blue Jays, está molesto porque hemos perdido la temporada después de que yo despidiera al manager del equipo, cosas sin importancia — dijo haciendo un ademán para restarle valor.
— ¿Y por eso ha venido hasta nuestra casa con esa actitud? — dije con tono acusatorio, vi un atisbo de nerviosismo en mi padre pero rápidamente se recompuso formando de nueva cuenta una sonrisa.
— Maika cariño, así son los deportistas, temperamentales, además — agregó levantándose del sofá para guiarnos fuera del despacho — Es la estrella de los Blue Jays, el mejor bateador, es joven y ha hecho más jonrón que el propio Bonds en una temporada.
— No preguntare como es que ahora sabes tanto de baseball — dije girandome hacia él con los brazos cruzados al pie de la escalera — Lo que es seguro, es que no permitiré que alguien ajeno entre de esa manera a nuestra casa, sobretodo con Dalton viendo la situación.
— Te aseguro que no pasará.
Suspiré dirigiéndome hacia la habitación de Dalton, probablemente se hubiera escondido después de haber escuchado a Nikolas discutir con mi padre. Efectivamente cuando abrí la habitación Dalton estaba en posición de cuclillas en su armario de juegos.
— ¿Qué haces corazón? — dije colocándome a un lado de él.
— Me preparo para atacar al dementor…
— ¿Dementor? — dije con una sonrisa — Has visto mucho Harry Potter últimamente.
Él me miró con el ceño fruncido.
— Él ha atacado al abuelo, se ha quedado triste.
— ¿Lo has visto?.
Dalton asintió frenéticamente antes de volver su vista hacia sus juguetes.
— Es un feo dementor y has hablado con él.
Sonreí acariciando su melena castaña, tenía los rizos rebeldes de Dani lo cual me costaba mucho trabajo acomodarlos, me había rendido dejando que crecieran a su gusto y tanto a mi como a Dalton no nos había molestado. El resto de la tarde nos la pasamos jugando en su habitación, a pesar de que la navidad estaba cerca yo aún tenía que presentarme a trabajar al día siguiente llevaba apenas dos semanas así que me estaba adaptando.
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La mañana había amanecido fresca tomando el humeante café de mi termo mientras corría hacia mi lugar de trabajo, ahí ya me esperaba Rafael Guirón un hombre de mediana estatura con cara de haber despertado con el pie derecho.
— Señorita Crowell, ¿ha visto la hora?.
— No, no en realidad — dije dejando mis cosas en el pequeño escritorio que se me había asignado, Rafael Guirón podía ser mi jefe pero no permitiría que me tratara mal, además no había llegado tarde.
— Ser la hija del dueño no le da el derecho de responder de esa manera.
Rodé los ojos ante la irritante voz de aquel hombre antes de formar una sonrisa y fijar mi vista en él.
— Señor Guirón no le he faltado al respeto, además nunca abusaría del hecho de que mi padre es el accionista mayoritario.
Entrecerró sus pequeños ojos antes de darse la vuelta y dirigirse a la salida. Suspiré dejando caer mi cabeza sobre el respaldo de la silla.
— Algún día el guasón comprenderá que no debe tratarnos así.
Asentí sonriendo ante las palabras de mi compañera; Meredith era una chica amable, la había conocido el primer día que ingrese a laborar, siendo la única que me trato como si no fuera la hija del dueño, ella ya llevaba dos años en aquel departamento y le había puesto el mote de Guasón cuando en una fiesta de disfraces el licenciado fue vestido de aquel personaje interpretando la sonrisa de una manera exacta.
— No hay que perder la fe — respondí concentrándome en mis labores.
— ¿Sabes que tendremos una nueva campaña a nuestro cargo?.
La observe intrigada, alentando a seguir hablando.
— Lo he escuchado cuando el guasón hablaba por teléfono esta mañana, lucía bastante emocionado al respecto, según dijo “son atletas, debemos buscarles el mejor escenario posible”, ¿Te imaginas?, tendremos atletas guapos, fuertes y grandes.
Me mordí el labio pensando en lo que Meredith había dicho, ¿no podía ser tanta coincidencia o si?, no me dio tiempo de pensar porque Rafael entró con el ceño fruncido.
— Las dos, vengan conmigo.
Meredith y yo nos miramos un segundo antes de salir detrás del molesto hombre. Avanzamos hasta donde se reunían usualmente mi padre con los socios, vi al “guasón” arreglarse disimuladamente antes de entrar. La sala de juntas estaba llena de gente cuando ingresamos mi padre en la cabecera sonreía amable, de un lado tres de los accionistas mayoritarios de la empresa escuchaban atentos a un hombre en el otro extremo de mi padre, pero lo que llamó más mi atención fue el encontrarme de nuevo con el chico de ojos de zafiro estaba sentado al lado de mi padre con cara de fastidio mientras miraba disimuladamente a su celular, claramente era el más joven ya que junto a él los demás miembros de los Blue jays escuchaban atentos al mismo hombre que parecía ser el único en hablar. Rafael nos hizo señas para sentarnos a un lado de los socios, seguí mirando a Nikolas pero este parecía perdido en su propio mundo, hice una mueca y por fin presté atención a lo que el canoso hombre decía.
— ...es por eso que hemos decidido realizar esta campaña, los muchachos esta temporada han estado excelentes, con los mejores marcadores, lamentablemente la pérdida del manager afectó más de lo que hubiéramos querido, pero podremos reponernos de otra manera, para eso el señor Rafael Gurón y su equipo de creativos están aquí, ellos se encargaran de llevar la campaña de “Play with me” de los Blue Jays.
En ese momento la ronca risa del rubio se hizo notar, él miraba fijamente al hombre que se había quedado en silencio con los labios apretados en una fina línea como si le hubieran arrancado las palabras de la boca.
— ¿Creen que eso calmara los ataques que hemos recibido? — dijo con una voz bastante calmada — Las r************* están infestadas, todo por el capricho de un señor multimillonario.
Me giré hacia mi padre, había borrado la sonrisa que lo caracterizaba en su mirada volvía a aparecer el terror y la decepción al escuchar a Nikolas.
— ¿Quién te crees para hablar así? — solté de repente llamando la atención de todos en aquel lugar.
— Que carajo haces Maika — escuche decir a Rafael entre dientes mientras apretaba mi antebrazo — No seas irrespetuosa.
Nikolas me miraba con asombro hasta que una diminuta sonrisa burlesca se formó en sus labios.
— Preciosa, ese carácter que tienes no sabes como me pone.
Mi cara se tornó roja de coraje, pero antes de hablar era mi padre el que se había puesto de pie.
— Ten cuidado de como hablas muchacho, que seas mi estrella no te da derecho de faltar el respeto a mi hija.
— ¿Faltar el respeto?— dijo con burla aun con sus ojos clavados en mí — Eso sería imposible después de la otra noche, eso sería lo último en mi mente.
— ¿Última noche? — dijo mi padre con un hilo de voz girándose hacia mi.
— No es lo que crees papá — empecé a explicarme, pero la voz de Meredith me interrumpió.
— ¡¿Entonces eras tú?! — el asombro no cabía en mi compañera cuando empezó a buscar de manera frenética en su celular, segundos después mostraba a mi padre la imagen de la cena de poutines que había tenido con Nikolas hace tiempo.
Malditos periodistas, pensé al ver la imagen que parecía bastante comprometedora debido al ángulo en la que había sido tomada.
— Papá…
— ¿Cuándo ha sido esto Maika? — podía escuchar el tono con el que mi padre hablaba como si estuviera dolido y decepcionado a la vez, cada vez que sentía que alguna de nosotras le mentíamos o traicionamos de cierta manera, su voz sonaba de aquella manera que nos hacía sentir tan culpables.
— Fue hace tiempo, ha sido casualidad, además no creo que este sea el momento para hablar de esto.
Mi padre pareció comprender ya que fijó su vista en el hombre canoso antes de volver a hablar.
— Ferrer encargate de organizar todo con Guirón, las cosas se harán como las tenemos planeadas no importa si alguien no esta de acuerdo, se acatará lo que han firmado de su contrato — esto último lo dijo clavando su vista en el rubio, todos podíamos sentir la tensión que se había formado alrededor de los dos hombres.
Vi a Nikolas apretar la mandíbula mientras mi padre pasaba por un lado de él, me disculpé con los presentes antes de seguirlo.
— Papá...— dije una vez entrando a su oficina, pero su mirada me hizo atragantarme mis propias palabras.
— Maika, eres mi hija ¿estás consciente de ello no?, sabes que mi imagen es importante para que tenga el respeto de mis socios, que no puedo permitir que un niño caprichoso, me haga burla de esa forma, ¿porque no has dicho que lo conocías?.
— No lo hago, esa noche fue casualidad, lo juro...nunca lo volví a ver, hasta ahora.
— ¿Qué hiciste con él esa noche?.
— Solo hemos cenado poutine, me ofreció traerme a casa después de que Cata se quedará en aquella fiesta.
— Muñequita, quiero que te mantengas lejos de él, es mi jugador estrella tiene que ganar la temporada, además solo es un niño rico.
Me crucé de brazos mientras sonreía.
— Papá te aseguro que nada pasará, lo único que sé de ese engreído es su nombre, Nikolas.
— Sí bueno — dijo mi padre dejándose caer en su enorme silla — Nikolas Necker podrá ser un engreído como dices, pero es nuestra estrella y hay que cuidarla.
— Habrá más estrellas del deporte papá — dije tratando de ser condescendiente con él, mi padre también era un niño mimado aunque él no lo quisiera admitir, cuando tenía un juguete nuevo en la mano lo usaba hasta que este no le funcionara más.
— No como él muñequita, créeme es un haz, una estrella en ascenso.
Rodé los ojos antes de salir del despacho. Levante mi vista topandome con Nikolas me miraba con burla y una sonrisa torcida en su rostro.
— ¿Por qué sigues aquí? — Solté de forma más brusca de la que pretendía.
— Porque tengo un contrato, tu padre lo ha dicho.
— Me refiero a dentro de la empresa, la campaña aún no inicia deberías estar ya lejos de este lugar.
Se recargo en la pared con los brazos cruzados ensanchando aún más su sonrisa.
— Maika, preciosa Maika...tienes que acostumbrarte a verme todo el tiempo, trabajaremos juntos después de todo.
Esta vez fue mi turno de soltar una burla.
— Trabajo en el equipo creativo eso es correcto, pero el que tratara directamente con ustedes será Rafael, así que rubio mientras no tengas llamado te aseguro que no me verás.
Comencé a caminar de nuevo hacia el departamento creativo, Rafael debía estar vuelto loco, era la primera vez que ponía por delante mi apellido ante su puesto.
— Imaginé que dirías eso — fruncí el ceño al escuchar la voz de Nikolas cerca de mí, él hombre se había movido con sigilo hasta llegar a mi lado — Por eso, parte de mi contrato me permite poner una cláusula, ¿sabes cual es?.
Negué con la cabeza sintiendo su intenso aroma marear mi cerebro.
— Elegir a las personas con las que trabajaré.
Abrí mis ojos sintiendo sus dedos en mi mentón, su sonrisa torcida nuevamente apareció y su aliento chocho con el mio.
— Y Maika Crowell te he elegido a ti.