CAPÍTULO 5

1965 Words
Nunca había tenido que caminar bajo la nieve un veinticuatro de diciembre con enormes bolsas llenas de juguetes en cada mano. La gente parecía no querer irse a casa aquella tarde, caminaban de prisa, los niños jugando a un lado del enorme árbol lleno de luces de quince metros que había colocado en el círculo central del centro de la ciudad. Hice una mueca al ver a un niño parecido a Dalton jugando alegremente con sus primos o amigos. Mi sobrino no había querido salir ese día, había estado muy apegado a su abuelo, creo que para que no se fuera, aunque en realidad mi padre había decidido quedarse desde que hace una semana Nikolas Necker había firmado el contrato con nuestra empresa. Recordé el último día que lo vi, creí que me desmayaría ahí mismo con su aroma impregnado en mis fosas nasales, sus largos dedos había tomado mi mentón tan fuerte que había soltado un gemido imperceptible, y cuando dijo aquellas palabras mi corazón pareció detenerse. Esa noche no pude dormir, pensando en ese hombre de ojos azules, de cabello dorado, realmente parecía un príncipe, pero después soltaba frases que hacían que mi ilusión se desvaneciera, había temido encontrarmelo en los siguientes días, pero parecía que él solo jugaba conmigo dejándome con la expectativa de volver a verlo. Aunque Rafael había anunciado el día anterior que llevaríamos a cabo la sesión de fotos después de navidad así que mi cerebro se estaba preparando para ese día. — ¿Compras de último momento?. Suspire aliviada al escuchar la voz de mi mejor amiga detrás de mí. — Cata — dije con alivio — Dalton ha cambiado de juguetes como de ropa, es difícil adivinar que quiere ahora. — ¿Y por eso le has comprado la tienda? — dijo ayudándome un poco. — Quiero que Dalton empiece a tener buenas navidades de nuevo. — Una tienda de juguetes es felicidad momentánea Mai, quizá necesite otra cosa. — ¿Otra cosa? No quiere salir de su habitación — dije abriendo la cajuela del coche para guardar las bolsas. — Necesita una motivación, el niño perdió a su madre. — Y yo a mi hermana Cata — solté con fastidio — Perdona, tratare de buscar algo que le agrade. Mi mejor amiga sonrió asintiendo mientras se subía al coche. Mill St era un pub al que solíamos ir cuando aún estábamos en la universidad estaba bastante cerca, nos gustaba por el ambiente, así que cuando entramos aquella tarde Brent el barista nos saludó alegremente. — ¡Las bellezas que iluminan mi bar han vuelto al fin!. — Hola Brent — dije sentándome en la barra — Ya no somos estudiantes rogando por una copa después de exámenes. — Eso lo puedo notar, ahora lucen como todas unas pequeñas emprendedoras. Brent era un hombre que rondaba los cuarenta, la primera vez que entramos a su pub recién cumpliamos los dieciocho, Brent nos había mirado de soslayo debimos parecer ciervos asustados porque nos ofreció una mesa pidiendonos el ID, después de eso su cara siempre fue amable, dijo que siempre recibía a los estresados adolescentes de las universidades aledañas. Se volvió nuestro confidente y de vez en cuando nos ganábamos unas bebidas gratis. — Lamento mucho lo de Dani Maika, era una chica estupenda y ese pequeño niño… — Gracias Brent — dije cortando el inicio de una conversación que no quería tener — Dalton está increíblemente bien, por ahora solo hemos venido por unas bebidas. El hombre pareció comprender porque asintió con una sonrisa antes de servirnos lo que usualmente pedíamos. Cuando estaba segura que Brent no escuchaba le relaté a Cata todo lo que había sucedido con Nikolas Necker. — Vaya — dijo con asombro una vez que escuchó mi relato — Te lo digo amiga, jugador en la cancha jugador en la vida. Hice una mueca. — Esperaba que me dijeras otra cosa. — ¿Cómo que? — dijo con un toque de burla — ¿Que es el príncipe azul que tanto sueñas?. — Soy una tonta. — Claro que no, el hombre es jodidamente atractivo pero tu te quieres enamorar y créeme amiga, ese hombre no te dará eso. Pensé en las palabras de Cata cuando iba rumbo a mi casa, Nikolas Necker había estado en mi cabeza en los últimos días, pero no porque estuviera enamorada apenas y lo conocía, es solo que el hombre podía mover el tapete con una simple sonrisa, o unas palabras, la forma en la que te mira con aquellos ojos tan únicos hacía que flotaras, suspire moviendo la cabeza para sacar esos pensamientos, Nikolas era el empleado de mi padre, quizá pudiéramos ser amigos pero más solo sería un juego. Pise un poco más a fondo cuando vi la hora en el tablero del coche en mi casa ya debian estar listos para la cena navideña, yo me habia retrasado más de lo previsto. Los empleados si que se habían esmerado en la decoración, la casa lucía completamente iluminada con los focos de colores; baje las bolsas de compras apresurandome a colocarlas debajo del enorme árbol que se encontraba en la sala principal. — Maika aquí estas. — ¡Mamá! me has asustado — dije levantando — Pensé que era Dalton. — Él se encuentra con tu padre y nuestros invitados. — ¿Invitados?. Mi cara de confusión lo decía todo, supuestamente nada más seríamos nosotros cuatro ¿a que invitados se refería mi madre?. — Será mejor que te apresures a cambiarte cielo. Subí a mi habitación cuando mi madre se retiró de aquel salón, mi corazón se aceleró al imaginar que la casualidad aun me seguía y los invitados sorpresa podían incluir a un chico de ojos azules y cabellos rubios. Sin saber porque me arregle lo suficientemente atractiva para impresionarlo, sabía que estaría cometiendo un error, pero y si Cata y yo nos equivocabamos y Nickolas si podía ser aquella persona que tanto espere. Llegue al salón con una sonrisa siendo recibida por una abrazo de Dalton, mi padre le había mandado a hacer un traje a su medida así que lucía como un pequeño galán. — Dalton cielo, qué guapo estás. — Es incómodo — dijo haciendo un puchero. — Dalton es solo por esta noche, tu abuelo tiene invitados ¿no? — vi asentir al niño mientras señalaba a unas personas que charlaban amenamente con mi padre, fruncí el ceño al no ver ninguna melena rubia — Bueno, tendremos que vestir así por un rato, después usaremos pijamas toda la noche. — ¿Lo prometes?. — Lo prometo — dije sonriendo mientras me volvía a acomodar el vestido poniéndome de pie, tomé la mano de Dalton acercándome a donde mi padre se encontraba. — ¡Maika, muñequita! — soltó efusivamente cuando nos vio acercarnos — ¿Recuerdas a los Thompson?. Fruncí el ceño viendo a un hombre de la edad de mi padre sosteniendo una copa de champagne, una señora que sonreía tomada del brazo del mismo hombre, y por último otro hombre que debía sacarle una cabeza a los que debían ser sus padres, clavó su mirada en mi para lo cual me puse nerviosa, sus ojos no expresaban nada por lo que tome fuerte la mano de Dalton carraspeando y mirando de nuevo a mi padre. — Lo siento papá, no lo recuerdo. — Oh muñequita, los Thompson fueron nuestros vecinos hace más de diez años, su hijo y tú solían jugar en el jardín trasero. Fruncí el ceño volviendo mi vista al chico alto que aún mantiene ese perfil serio. Recordaba vagamente a un chico tres años mayor que yo, pero no éramos amigos, él solía jalarme el cabello, lanzarme al lodo, yo solo lo recordaba como el niño malo que me hizo sufrir, cuando se fueron me sentí aliviada. — Ya...algo viene a mi memoria — dije fingiendo una sonrisa — Un gusto señores Thompson verlos de nuevo. — Pero mirate Maika, ahora ya eres toda una señorita — dijo la señora de cabellos plata, casi no recordaba a los Thompson a decir verdad, pero prefería ser educada después de todo no se quedaría bastante tiempo. — Él es Dalton, el hijo de Dani. — Tu padre nos ha contado esa terrible noticia, pero veo que el pequeño está bien. Mire a Dalton con una sonrisa sosteniendo su cabeza. — Es un chico muy fuerte ¿verdad cielo?. Dalton asintió mirando aun desconfiando a las personas, sentia aquella pesada mirada nuevamente asi que levante la vista hacia el hombre de n***o que aun no decia palabra. — Alexander no seas maleducado, eran amigos cuando eran unos críos — soltó su padre palmeando la espalda del hombre que se acercó a paso lento. — Maika qué bueno verte de nuevo. Sonreí de lado. — Si, bueno un gusto igual, ¿les parece si pasamos a la cena?. No espere una respuesta por parte de los presentes solo avance hacia el comedor donde mi madre daba órdenes a los empleados para que todo estuviera presentable. Nos sirvieron la cena cuando todos estuvimos sentados, no me vi en la necesidad de convivir más con esas personas, me dediqué a divertirme con Dalton aunque de vez en cuando podía sentir la intensa mirada sobre mi cabeza, para cuando dieron las doce de la madrugada Dalton había corrido hacia el árbol, así que ahora me encontraba cubierta de papel de regalo mientras mi sobrino habría presuroso cada regalo debajo del inmenso árbol. — Así que…¿muñequita eh?. Fruncí el ceño girándome para ver a aquel hombre recargado en el marco de la puerta con una copa de champagne en las manos. — Feliz navidad muñeca — dijo alzando su copa para beber. Me levante molesta asegurándome que Dalton aún continuará abriendo sus regalos. Sonreí de manera provocativa, había sentido la forma en que Alexander Thompson me había mirado durante toda la noche y estaba dispuesta a ponerle un alto. — Alexander... — dije con el tono más sensual que mi cerebro permitió, tome la copa de entre sus manos para terminar de beber el líquido, lo vi pasar saliva cambiando de pie mientras me relamía la agria champagne de mis labios. — Luces como una diosa vestida de rojo, quien iba a imaginar.... — ¿Que aquella niña flacucha se convertiría en mi? — dije con burla. — Solo erámos unos crios Maika — dijo dando un paso hacia mí, yo sonreí dejando que confiara en el hecho de que le permitía invadir mi espacio personal. — ¿Sabes cuantas veces llore cuando era una cría?, porque un niño tonto se aseguraba de que mi propio jardin se convirtiera en un infierno. La risa de Alexander llegó hasta mí. — Podemos olvidarlo, ahora encontre mejores formas de hacerte cambiar tu opinión sobre mi. Hice una mueca ante su forma lasciva de hablar. Esta vez coloque mi mano sobre su pecho para poner distancia. — Por favor Alexander no te denigres de esta manera, si crees que cambiaré de opinión con respecto a tu personalidad estás equivocado, de hecho creo que sigues siendo aquel mismo bully de cuando éramos niños. — Las personas cambian Maika. — No las que son como tú. Alexander sonrió de lado alejándose, se colocó las manos en los bolsillos. — Me estás juzgando mal. — Quizá, quizá no...pero no creo verte más así que no me interesa. Comencé a caminar de nuevo hacia Dalton, pero la frase que dijo a mi espalda me dejó helada. — Estaremos más cerca de lo que te imaginas muñequita. Me giré para enfrentarlo pero él ya no estaba ahí, me quedé parada en medio de la sala con la pregunta rondando en mi cabeza ¿Alexander Thompson volvería a mi vida?.
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