Al llegar, abre la puerta de atrás, al entrar noto que tenemos un chófer, entra y al cerrar la puerta ordena al señor mayor donde iremos. Este asiente y sonríe, una ventanilla sube y nos deja en total privacidad, eso no me lo esperaba, –cosas de ricos, supongo–. Lo observo, él ya lo hacía, me sonríe y acerca su nariz a mi hombro izquierdo, se pasea por mi piel olfateando, tocando, cierro mis ojos al sentir su contacto con mi piel. –Me gusta el olor a jabón de avena en tu piel... –Yo, olvide aplicarme perfume... –susurro. –Deberías olvidarlo siempre, me gusta más este olor –alza la vista, le miro. –Samantha, podríamos ahorrarnos la cena, ¿No te parece? Su voz ronca y esas palabras me pone a mil, pero le daré un escarmiento por haberme dejado el sábado esperando sin ninguna explicación.

