La noche fue una de las peores, su cuerpo entero temblaba, jadeos por el miedo, veía su rostro, ese que fue golpeado, no tengo porque aguantar el que cada vez me le hagan más y más daño, porque con tan solo ponerle un dedo a mi flor, me hacen el peor de los daños a mí. – ¿Crees que puedas llamar a Eric? Necesito de su ayuda, que me escuche –la veo jugar con su tazón de cereal y asiento. –En cuanto terminemos de comer, le llamare lo prometo –toma un bocado y con lentitud come. – ¿Nos dejaran en paz en algún momento? ¿Crees que podremos por lo menos caminar tranquilamente por la calle? ¿Tomar un helado? ¿Ir al cine? –su voz quebrada y triste, extiendo mi mano y tomo la de ella. –Yo te lleve a todo esto –sonríe de lado y sus claros me miran fijamente y niega. –Aquí no hay culpables y tú

