Sin duda alguna, el humor de Lucy y Goyi había cambiado drásticamente… Y no era para menos. Me mantuve en la habitación mirando por la ventana los matices del atardecer, me sentí como Rapunzel, nada más me faltaba la súper melena. En fin, tres horas después, Lucy abrió la puerta en su totalidad y me indicó que saliera. —¿Qué? ¿Ahora me aplicas la ley del hielo? —Dije sin moverme de mi sitio. —Ana, yo sólo quiero que hagas lo que te pido —De nuevo me indicó que saliera— Ya sabes que por las malas soy lo peor que te puede pasar. De mala gana me moví, tomé mi teléfono, ella salió detrás de mí siguiéndome el paso. Me detuve frente a la habitación de Javier, no sabía si ella quería que baja. Lucy abrió la puerta de la habitación y extendió su brazo para decirme que entrara. Rodé mis oj

