Richard se enderezó y caminó a mí alrededor. Sus manos tocaron mis piernas y las acariciaron hasta dejar sus cálidas manos en mi coño. Ambas manos acariciaban mi abertura y, uno a uno, sus dedos entraron en mi v****a sin cuidado alguno. De nuevo vi a Javier frente a mí, estaba vestido con un traje de color gris, sus manos estaban en sus bolsillos y usaba zapatos deportivos. Permanecía inmóvil mientras Richard se encargaba de darme placer… Porque así era. Sentí su endurecido m*****o golpear mis nalgas, sus manos untaron lubricante en mi abertura trasera y se adentró en él con tanta lentitud que juraría le tomó diez minutos entrar por completo. Escuchaba sus gemidos y gruñidos, apretaba mis nalgas y las golpeaba pero no se movía.
—¿Lo disfrutas? —Preguntó Javier. No respondí, él no era real— Entonces me ignorarás —Sacó sus manos de los bolsillos y unas cadenas colgaron de ellas. Eran unas pinzas, colocó una en cada uno de mis pezones y fijó unas pequeñas bolas metálicas en el extremo opuesto de la cadena. Mis pezones se tensaron y emití un quejido— ¿Soy real ahora? —Se acuclilló y me miró a los ojos— Mírame muy bien, porque soy tan real como el dolor que sientes— Besó mis labios y tiró suavemente de las cadenas para hacer más peso.
Gemí en su boca e intensifiqué el beso. Debía constatar que sí era real, que mi mente no me jugaba una broma muy mala. Sentí su mano recorrer mi abdomen hasta tocar mi clítoris, jugó con él para torturarme sin dejar de besarme. Mi mente insistía en que no era cierto lo que sucedía, estaba convencida de que estaba delirando. Por otro lado, mi cuerpo sabía que sí era él, que estaba vivo y que todo había sido un plan para quizás quién sabe qué. Lo que sentía parecía muy real pero… algo más me decía que todo eso no era más que una maldita broma. Me separé de su boca, si es que en realidad alguna vez fue así, lo miré y él ladeó una sonrisa, se levantó y se acercó a Richard. Él seguía inmóvil detrás de mí, lo sentí moverse muy lentamente, su lentitud me causaba miles de sensaciones y emociones, era excitante y delirante. Richard comenzó a darme nalgadas y a me medida que mi placer aumentaba, él también aumentaba sus movimientos. Nuestros gemidos se hicieron uno solo, hasta alcanzar la punta del iceberg… fue increíble. Cerré mis ojos y no recuerdo qué sucedió luego.
Richard me despertó con ligeros golpes en mis mejillas, al abrir los ojos, estaba en la cama de la habitación de Javier, estaba anocheciendo pero no estaba segura cuántas horas o cuantos días habían transcurrido. Lo miré con las cejas hundidas y él sonrió ayudándome a sentar.
—Creí que estabas en coma —Dijo sonriendo— Estaba por llamar una ambulancia —Bufé molesta. Mis labios estaban tan secos que estaban pegados, tuve que deslizar mi lengua entre ellos para despegarlos.
—Tú me sedaste —Murmuré.
—No creí que esa pastilla tuviese un efecto tan fuerte en ti —Sus manos acunaron mis mejillas.
—Admites que me sedaste —Parpadeé varias veces para enfocar bien mi visión.
—Sí, lo necesitabas —Besó mi frente— Tu madre me dijo que desde la muerte de Javier, no dormías bien.
—Es cierto —Quité sus manos y froté mi rostro— Parezco un zombi.
—No tienes que mencionarlo —Se arrodilló entre mis piernas y me abrazó— Sabes que yo te ayudaré.
—Lo agradezco, pero debo hacerlo sola —Richard se separó de mí y me miró con desconcierto— No quiero que nadie me ayude a superarlo, quiero y necesito la soledad.
—Si es lo que quieres, lo respetaré, pero si llegas a considerar que estas por perder tu batalla interior… llámame ¿Sí? —Asentí y lo abracé.
—¿Richard? —Él me miró— ¿Qué sucedió mientras estuve sedada?
—Dormiste como osos invernando ¿Por qué? —Entrecerré mis ojos incrédula.
—¿Estás seguro? Porque sospecho que aprovechaste para disfrutar mi cuerpo a tu antojo —Él negó con la cabeza.
—¿Dónde estaría el chiste? Un cuerpo inconsciente no me da placer.
Me ayudó a ponerme en pie y a ir al baño, incluso me ayudó a asearme completamente. Era tan atento conmigo que me causaba tristeza tener que decirle que me iría de su lado. Estar con él era tener un recordatorio constante de Javier y si me quedaba cerca, él sería una sombra constante entre los dos y no quería eso. Cuando estuve totalmente lúcida, Richard me dijo que había dormido veintitrés horas. Busqué mi teléfono y encontré varios mensajes, entre esos estaban cinco mensajes de mi madre y uno de la dueña de la casa a la que me mudaría. Contesté los mensajes de mi madre y le dije que todo estaba bien, que no le había contestado porque estuve sedada…. Gracias a ella. Luego llamé a la propietaria de la casa porque me resultaba más fácil y breve hablar.
—Buenas noches, disculpe que llame a ésta hora pero apenas estoy recibiendo su mensaje —Me sentí apenada pero necesitaba resolver ese asunto rápido.
—Buenas noches, no se preocupe señorita —Su voz era amigable y serena pero no parecía la voz de una persona mayor— Sólo necesitaba confirmar si aún sigue en pie el alquiler de la casa.
—Sí, aún sigue en pie —La señora parecía contenta— Por la mañana realizaré el pago de los primeros tres meses.
—Muy bien, se lo agradezco, que tenga buena noche.
—Igual usted —Terminé la llamada y escuché a Richard llamarme.
Salí de la habitación y bajé las escaleras. Al entrar en la cocina Richard estaba de pie junto a la mesa, en ella, había una enorme pizza y una torta de chocolate. Sonreí y me acerqué.
—Luego no digas que no soy capaz de mimarte —Sonreí nuevamente.
—Si es por ti y por Goyo, yo estaría igual a la Mole de Stan Lee —Richard rió a carcajadas.
—No exageres —Me ofreció su mano— Ven, cuéntame cómo han estado tus sueños.
—Muy realistas —Richard me ayudó a sentarme y besó mi frente.
—Javier ¿Cierto? —Asentí.
—Es demasiado real, aún siento sus manos sobre mí —Cubrí mi rostro con mis manos— Sus recuerdos me están atormentando y ésta casa… —Dejé caer mi cabeza sobre la mesa.
—Tranquila, poco a poco irán pasando —Levanté mi cabeza y lo miré.
—Debo decirte algo —Él me miró fijamente— Me mudaré.
—¿A dónde irás?
—No quiero decírtelo —Hundió sus cejas— No me mires así, ni mi madre sabe a dónde iré.
—¿Y si te sucede algo?
—¡Vaya energía positiva que me transmites!
—No quiero que te alejes…
—No quiero estar cerca de nada, ni nadie, que me recuerde a Javier —Richard suspiró y frotó su rostro con sus manos.
—Bien, pero necesito que me dejes TODOS los números telefónicos en los que puedo encontrarte.
—¡Hecho!
—No te tomes mucho tiempo.
—Sabes que no me quedaré a tu lado —Mi voz se quebrantó— En otras circunstancias lo habría hecho pero así no.
—¿A qué te refieres?
—Si él hubiese muerto cuando tuvo el tumor…
—Ya, ya entendí, para ese momento tú estabas preparada para lo peor…
—Sí
—Bien, acepto tu decisión pero quiero que me prometas algo.
—Dime
—Promete que leerás…
—El contenido del sobre —Dije de mala ganas— Ya lo sé y lo prometo pero, permite que consiga el valor para hacerlo ¿Puedes?
—Está bien. Me avisas cuando eso suceda.
Cuando terminamos de comer, Richard se sentó en el sofá del living, iba a sentarme a su lado pero él lo evitó, señaló el suelo y entendí lo que quería. De rodillas entre sus piernas, con la cabeza apoyada en una de sus muslos, conversamos sobre nuestros planes. Él iría a los Estado Unidos y se residenciaría allí al menos durante un año, quería llevarme pero me negué. Me dijo también que Gregorio se mudaría a la capital para trabajar con uno de los socios de Javier, no me dijo cuál de ellos, pero él decía que Goyi estaba feliz de poder hacer lo que le gusta para alguien más.
Por la mañana, hice la transferencia para el pago de la casa, llamé a la señora para confirmar el pago y acordamos la mudanza para dentro de una semana. A Richard no le agradó la idea de mudarme tan pronto, pero yo lo necesitaba. Busqué en esa casa cada cosa que me recordara a Javier, principalmente fotografías y los tres discos duros de su computador, busqué un tobo metálico en el patio y quemé todo. No quería encontrarme con nada que me lo recordara.
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Me mudaría, pero no llevaría toda la casa conmigo ¿O sí? Al final sólo llevaría tres maletas y un bolso de mano, una con mis blusas, camisetas y vestidos, otra con las faldas y pantalones, la última era para el calzado y accesorios y, en el bolso llevaría cosas esenciales. Tal vez no era la mejor distribución, pero me sentí satisfecha. Gregorio hizo su aparición en mi casa el día antes de mi viaje, podría decir que si intentaba persuadirme para que no lo hiciera… llegaba tarde, muy tarde. Cuando él llegó, yo estaba en el patio de mi casa frente a una fogata.
—Sé que siempre tiene frío —Me sorprendió su voz— ¡Pero no creí que llegaras a hacer fogatas en pleno verano!
—No estamos en verano —Aclaré— Y no es una fogata para calentarme sino para borrar recuerdos.
—Me perdí —Musitó ladeando la cabeza.
—Estoy quemando todo lo relacionado con tu difunto jefe…
—Condita —Sus brazos me rodearon— ¿Enserio nos dejarás? —Su rostro denotaba tristeza.
—No me mires así —Palmeé su mejilla— Tú también te irás.
—No es igual —Dijo en su defensa— Lo mío es por trabajo.
—Y lo mío es para superar toda la mierda que me hizo pasar Javier —Él me abrazó con fuerza.
—Lo sé… —Me apretó contra su cuerpo— ¿Al menos me permites llevarte?
—Entonces sabrías dónde encontrarme.
—Sabes que nunca revelaría dónde encontrarte.
—¿Y si Richard te tortura para que le digas?
—¿Acaso le dirás que te llevaré?
—Tienes razón —Me soltó y besó mi frente.
Acordamos encontrarnos en el terminal principal de la ciudad, de allí partiríamos. Me llevaría a mi destino, luego se iría a la capital para completar su traslado. Me levanté antes de que el sol saliera, desayuné, tomé una ducha rápida y opté por usar prendas ligeras y de algodón para mantenerme fresca durante el camino. Llamé a la línea de taxis para solicitar uno y mientras lo esperaba, desperté a mi madre para despedirme de ella.
—No me parece justo que te vayas sólo porque tienes malos recuerdos —Mi madre me abrazó con fuerzas.
—No me voy del país, ¡Ma! —Le hablé sobre su hombro.
—Bueno, pero no te alejes mucho ¿Eh? —Me dio una nalgada.
—No, sólo iré a una zona remota donde no hay siquiera teléfono fijo —Me burlé. Nos despedimos de nuevo con un fuerte abrazo y emprendí mi viaje a una nueva ciudad.
El conductor del taxi me ayudó con las maletas, mi madre estaba parada en la puerta de la casa, lloraba por mi partida, pero en algún momento debíamos separarnos. Mientras el hombre conducía no pude evitar sentirme triste. Me alejaría de los lugares que siempre había frecuentado e iría a un sitio totalmente nuevo para mí, un lugar remoto donde esperaba encontrar la paz que tanto necesitaba.
Gregorio, al verme, mostró una gran sonrisa, me ayudó con las maletas y me dio un fuerte abrazo. No estoy segura cuál era su felicidad, pero esperaba que detrás de esa sonrisa, no hubiese una trampa. Finalmente, ambos emprendimos el viaje rumbo al oriente del país, La primera hora del viaje me sentí nerviosa, no dejaba de pensar que Goyo se traía algo entre manos o que Richard nos seguía y en algún momento nos interceptaría para evitar que me alejara. Gregorio notó mi estado y sólo me miraba de reojo, bufaba y ladeaba sonrisas.
—¡Ya deja la paranoia, mujer! —Se quejó— No te voy a secuestrar y Richard no sabe que estamos juntos, es más, ni siquiera sabe que también me estoy mudando.
—¿No te despediste de él?
—¿Para que me salga con dramas? —Exclamó llevando una mano a su pecho— ¡No gracias! —Sonreí. Él me miró con seriedad— Pero estoy seguro que sí llorará por ti, eso puedes darlo por sentado.
—No me hagas sentir peor de lo que ya me siento —Cubrí mi rostro con mis manos.
—No te preocupes, si superó a Celia, te superará a ti… aunque le costará un poco más.
—Eso no me hace sentir mejor.
—Tampoco era mi intensión —Golpeé su hombro.
—Eres un demonio.
—¡Ay no querida! —Fingió estar indignado— El demonio que caminaba entre nosotros ya es cenizas.
—No me lo recuerdes.
—Oye, estarás bien sin él —Sonreí a medias— A fin de cuentas, él sólo te lastimaba.
—Sí, me hizo daño…
—Te provocó cientos de orgasmos y ¡no olvidemos cómo te defendía de otros buitres! —Ambos reímos.
—He tenido sueños con él —Murmuré con tristeza— A veces se sienten demasiado reales, tanto, que puedo percibir su aroma y comienzo a dudar que sea un sueño.
—Eso es intenso…
—Sí, lo es.
—¿Sabes qué? Escuchemos música —Encendió la radio y buscó una emisora al azar. Se detuvo en una donde se escuchaba una canción. The Reason de Hoobastank, me miró y negó con la cabeza— No, esa nos hará llorar como la Magdalena —Continuó su búsqueda hasta que encontró una de Los Fabulosos Cadillacs, Matador— ¡Esa sí! —Exclamó emocionado— Me dicen maquillador, nací en Caracas —Cantó, cambiando la letra, me hizo reí— Si hablamos de matar, Javier casi me mata —Lo miré extrañada— No hace mucho tiempo conoció a una mujer que no logró dominar, y ahora sé que en cualquier momento se la va a llevar…
—¡Eres un loco! —Ambos reímos y cantamos la letra a dúo.
Fue un viaje divertido en el que pude conocer mejor el lado más íntimo de Gregorio. Nos sentimos a gusto compartiendo nuestras vivencias antes de que Javier entrara en nuestras vidas. Se atrevió a contarme lo que él había visto, que sólo Javier sabía, y que era más una carga emocional para él, pero se sintió mejor al compartir su historia con alguien más que no fuese su extorsionador.
—Lo único bueno que saqué de mis años al lado de Javier —Goyo parecía tener otro semblante en su rostro— Fue poder crear todo lo que me dio la gana sin que él me dijera que no, al contrario, me ayudó a perfeccionar mi costura, a encontrar mi estilo personal, incluso me enseñó defensa personal, a cazar, a usar armas blancas, usar equipo pesado, maquinarias, lanza-granadas, a pilotar helicópteros y avionetas… Uff ¡muchas cosas! —Levanté mis cejas asombrada por cómo se expresaba. Tenía un brillo en sus ojos.
—A mí sólo me enseñó a quedarme callada mientras él me follaba como salvaje…
—Si te hubieses casado con él, seguro te entrenaba para que fueses un arma de doble filo…
—¡Exagerado! —Golpeé su hombro— ¿Doble filo para qué? Si él sacudía a todos de mi lado como a los mosquitos.
—¡No bromeo!
—¡Ya cállate!