Su teléfono suena un par de veces al subir al auto, se sienta en silencio, pero es su estómago quién la hace pasar un vergonzoso momento al rugir por hambre. ─Lo siento. ─dice avergonzada, deseando ser tragado por la tierra. ─No tiene que disculparse. ─ðice mirando disimuladamente sus muñecas, que aún tienen marcas. ─Yo debería disculparme. ─dice y se detiene en el cambio de color del semáforo. ─Yo debería disculparme. ─dice mirando por la ventana. ─recuerdo lo que pasó la noche del cumpleaños. ─dice y pese a ya haber cambio de color del semáforo, no avanza. ─¿De qué habla? ─pregunta girándose a ella. ─No debí besarlo sin su consentimientos, entiendo que se defendiera de... ─No fue eso... ─se detiene y evita mirarla. ─lo siento, no quise interrumpir. ─se disculpa y regresa la mirad

