Lecciones.
Narrado por Caliope Bonneville
El flamante vestido rojo reposa plácidamente sobre mis piernas desde hace rato. Esto es más seguro una amenaza latente de la venganza que está por venir. El condenado vestido brilla más que mi propia existencia, es como si tuviera vida propia.
El pesar me embarga completamente, me lleva a pensar en qué coño fue que me metí. Mi estómago se revuelve horriblemente y me roba el hambre de este día y el siguiente.
Releo una y otra vez la amarga nota, Magnus desea con fervor que caiga en su juego. Es que lo puedo escuchar diciéndo:
"Es una orden"
“Bonneville haz esto, Bonneville haz aquello”
Idiota arrogante.
Pero también mi complicado subconsciente se va al recuerdo de su voz serena y a la vez ruda preguntando:
"¿Te gusta lo prohibido?"
Sus miradas, sus gestos. Dios mío. No soy capaz de dormir. Ese hombre me va a volver loca.
Un temblor corporal se apodera de mí y a la vez el sudor frío hace de las suyas.
Tomé una almohada y ahogué mis gritos frustrados en ella.
¿Acaso se lo voy a dejar fácil?
No lo dejaré ganar fácilmente señor Ansen, sepa que le daré guerra.
Hoy no tengo ni una mínima gota de ganas de ser Roula.
Mañana hablaré contigo mí querido Frey…
Y sí, según la mitología nórdica, freyr es el Dios de la virilidad entre otras cosas. En Noruega, aunque son cristianos hace mucho. Las antiguas familias aún conservan sus creencias en dioses antigüos.
Entonces mi hombre misterioso es de una familia antigua, el príncipe heredero quizás. Con esa imponente voz que tiene me hace pensar que es un monarca.
Eso o es un Otaku muy adentrado en su papel.
¿Quién eres en realidad Freyr?
¿Dónde estás?
*******
En un Townhouse a las afueras de Nordmarka, se encuentra el mal encarnado en la tierra.
Su cuerpo al desnudo deja entrever un gigante tatuaje que cubre su pecho, es un carnero que según la mitología nórdica indica fuerza, poder, sacrificio y liderazgo. No es para menos, él es la definición de todo esto. Sin duda la morena que lo acompaña está noche sabe que así es, puede dar fé de ello.
— Mi titan, te necesito. Ven a mí.— ronronea ella mientras se desliza en la cama extendiendo un brazo hacia él.
Aquella voz lejos de encenderlo o causar estragos en él, es todo lo opuesto.
La mujer que él secretamente desea y viene a su mente no es precisamente una perita en dulce, es más bien obstinada, es diabólicamente política, sabe como barrer y trapear el piso contigo sin perder su clase.
Es su fuego, es su fuego lo que lo consume.
La rabia y frustración que le da el no tenerla, lo empujan a drenar todo ese poder sobre la joven modelo.
Sacó su m*****o erecto de entre sus boxers, agarró a la mujer del cuello y la obligó a ponerse de rodillas. Le ordenó abrir su boca para él.
— Abre tu boca— ordenó severo. —. Vamos ábrela más.
Introdujo su m*****o mientras movía la cabeza de ella haciendo que todo su poder entrara y saliera de su boca. Ya veía las lágrimas de esta llenar sus ojos, aún así la complaciente mujer pedía más.
— ¿Es todo lo que tienes mi titán? Dame más.— exigió bañada en deseo.
No pudiendo ver su rostro aún más, la soltó bruscamente colocándola en cuatro haciendo que sus nalgas quedarán bastante inclinadas dejándole un buen acceso a su húmeda v****a, la embistió con fuerza y es entonces cuándo nuevamente vino ella a su mente.
Por un momento imaginó que eran sus caderas las que apretaba mientras le daba duro y fuerte. Aquello logró elevar su excitación a niveles increíbles, haciendo que no tuviera piedad a la hora de embestir a la morena.
Cuando ya estaba a punto de venirse salió de ella, quito el condón y la hizo colocarse en cuclillas frente a él.
— Dime qué la quieres.— dijo severo, con la voz ronca, sin poder decir que era por deseo. Era rabia. Ahí contenida.
— Sí mi titán, dámela toda.
Sintió cierto fastidio pero obligó a su m*****o a darle a la mujer lo que pedía, después de todo no dejaría que la imaginación de cierta secretaria inmoral -que desea-, le robara la dicha de terminar el día con una buena cogida.
Traerla nuevamente a su mente hizo que explotara, lleno la cara de la morena con su muerta descendencia y sonrió satisfecho.
Tomó un cigarro y se salió al balcón.
— Mañana será un gran día. — dijo para sí mismo, nuevamente hablando solo. Sabiendo que estaba perdiendo la batalla con la cordura.
Ella lo estaba haciendo perder la batalla.
Se quedó pensando un momento mientras veía la noche caer.
Decidió meterse en un viaje de no retorno, no estaba midiendo las consecuencias, después de todo lo único que se pasaba por su mente era la necesidad latente de darle lecciones a Calíope.
*******
Narra Caliope Bonneville
El gran día por fin llegó, es sábado, el día, bueno la tarde afuera es linda.
Pero a su vez oscuramente prometedora. Llevo ya bastante tiempo trabajando de la mano de Magnus Ansen y jamás en este tiempo él me había hecho acompañarlo a alguno de sus eventos importantes.
Es más, yo ni siquiera soy la imagen del parlamento. Se supone que una encargada de relaciones públicas, hace apariciones públicas. Yo en tres años trabajando para él, no he salido del cascarón.
Quizás por mi padre, quizás porque no soy del agrado de mi jefe. No lo sé.
Comienzo a prepararme para la noche, el vestido rojo que ayer me parecía tétrico, hoy es simplemente magnífico. Después de todo, es mi primera vez saliendo a la alta sociedad noruega.
Sí voy a ser enterrada públicamente, al menos voy a hacerlo con elegancia.
Con delicadeza tomó el vestido y lo pasó por mi cuerpo, la suavidad de la tela es eléctrica, eriza los vellos de mi cuerpo. Es bastante ceñido, los tirantes también, al ser de algún tipo de metal quizás dejarán marcas en mis hombros.
¿Con que así comienza tu castigo señor Ansen?
Siento leves y sutiles mezclas de su olor en el vestido. Huele a él.
¿Acaso juegas a reclamarme como tuya?
¿Qué cambió Magnus?
¿Será que verme a punto de ser follada en tu oficina encendió algo en tí?
Sonrió frente al espejo.
¡Mio Dio!
Dejó la calentura a un lado, debo ser fuerte. No puedo caer en su juego.
Miro mi reflejo en el espejo y debo decir que al menos el señor Ansen tiene buen gusto. Mi cabello, maquillaje y perfume están listos.
Frente al espejo está Roula. Brillante e irreconocible.
Miro la hora en el reloj y se que él momento se acerca. Terminó de colocar el par de tacones y tomó la cartera brillante.
Saliendo de casa, una visita inesperada me encuentra.
Erick.
— ¿A dónde vas? Tengo un rato aquí parado tocando el timbre— preguntó el rubio confundido, lleva una botella de vino en su mano. Creyó que hoy había fiesta, se acerca a mí e instintivamente doy un paso atrás. — ¿Qué sucede Callie?
— Hoy no Erick— respondo tajante, más tajante de lo que creí que sería con él. —, tengo compromisos con mi jefe.
Terminó de tomar mi abrigo y cierro la puerta tras de mí. Paso a un lado de Erick y siento su mirada abrasadora puesta en todo lo que sea nalga y teta.
Cavernícola.
Hombre al fin.
Toma mi brazo con fuerza obligándome a detenerme.
— Él nunca te lleva a ningún evento, ¿Por qué ahora sí? ¿Acaso esto es por lo ocurrido en su oficina? Trabaja para mí Callie. Puedo protegerte.
Su decir me causa risa, de pronto estoy siendo una desgraciada. Pero, ¿Cómo puede decir que puede protegerme? Eso le queda grande.
Siendo el galante protector que dice ser, ese día fuese encarado a Magnus, no salir corriendo como lo hizo.
— Erick, tú no tienes ese poder y yo no tengo que explicarte nada. Órdenes son órdenes. Así que si me disculpas.
— ¿Ahora te convertirás en la zorra de Ansen?— pregunta furioso, las venas marcándose en su frente. —. Por mí es que te presta atención ahora Calíope.
— ¿Estás celoso Erick? Puede ser todo tuyo. Créeme no lo quiero para mí. Al menos no como tú crees o quieres. — quito yo misma su agarre de mi brazo y avanzó fuera de mí propiedad.
Los dos tuvimos culpa en lo sucedido, pero odio un hombre con pocas nueces.
— ¡Te arrepentirás Calíope!
Blanqueo mis ojos y decido ignorarlo.
Hay un auto n***o aparcado justo en la entrada de mi domicilio, miro la hora en mi reloj de muñeca y sé que ya es justamente el tiempo.
Los vidrios son oscuros pero extrañamente siento una mirada puesta en mí dejándome al descubierto, me desnuda. Un hombre vestido de n***o se acerca.
— Señorita Bonneville, espero tenga una buena noche. Soy Raúl, seguridad privada del ministro. — me sonríe cortés mientras toma la puerta del auto. — el señor Ansen la espera.
Abre la puerta para mí y ahí está él. Envuelto en un traje azul marino con una pajarita roja, perfectamente peinado hacia atrás y con un puro en su mano.
Le da una calada al tabaco y el humo lo exhala en mi dirección, el olor es abrasador, se mezcla con su loción, metiéndome en un trance inmediato.
— Veo que es puntual señorita Bonneville.
Tragué grueso. Moví mis piernas inquietas, una calentura comenzó a recorrerme entera. Sonreí cortésmente.
— Siempre he sido puntual señor.
Subo al auto sin mucho preámbulo. Tomó asiento a su lado y por alguna razón todo mi cuerpo se electrifica.
Su cuerpo se abalanza al mío de manera calmada, sus manos se fueron al cinturón de seguridad, jugándome una mala pasada.
Esperaba algo más.
¡Que inocente Callie!
— No sea descuidada— abrochó el cinturón mientras me observaba atento. —. Espero que así como es puntual. También obedezca, esa es su misión para esta noche. Comenzó bien.
Me mira indiscretamente y volví a sentir ese cosquilleo en mi entrepierna. Me removí inquieta en el asiento y la suavidad del vestido casi me roba un gemido, además de todo lo tenso del momento.
Tiene razón, yo comencé la noche obedeciendo.
Le hice caso.
No llevo ropa interior.
†