Terminando un juego de mesa, donde descubrieron que Ansel era increíblemente habilidoso para ganar haciendo trampa, tanto León como Morgan observaban indignados al omega. —No es mi culpa que ustedes no se dieran cuenta —rió el omega. —Eso es lo que dicen los tramposos —refunfuñó Morgan, alejándose para contestar una llamada. —Dime la verdad, no es la primera vez que juegas a esto, ¿cierto? —preguntó León, observando a su pareja con sus ojos entrecerrados. En respuesta, Ansel se carcajeó alegremente. —Es la primera vez, pero estuve presente cada vez que mi padre jugaba a las cartas, así que aprendí observando, incluyendo los trucos —confesó. —Lo sabía —exclamó León y su omega volvió a reír. Cuando se escucharon unos suaves balbuceos a través del comunicador, informando que su hijo ya

