Haber hablado sobre su triste vida patética peor a la del cuento infantil de "cenicienta" resultó que había agotado a Ansel más de lo que pensó que podría hacerlo. Cuando su alfa le había comentado al respecto, el omega sabía que le llevaría a un doloroso sendero del recuerdo, uno que realmente le habría gustado olvidar, pero como el contar sobre su vida tendría sus frutos contra su padre, no tuvo de otra más que hacerlo. No, corrección, él quiso hacerlo. Después de todo, León le había dado la oportunidad de rechazarlo, no le obligó ni intentó motivarlo a hacerlo, su alfa simplemente dejó la decisión en sus manos prometiéndole que cualquier cosa que escogiera, estaría bien. Y esas palabras, más esa dulce mirada cargada de sentimientos, motivó al omega a aceptar. Fue doloroso recordar,

