CAPITULO I EL SEÑOR PERFECTO - Primera Parte

4221 Words
Un lunes como cualquier otro, me alisté, desayuné y partí rumbo a la oficina, el día fue normal con mucho trabajo, pero nada que yo no pudiera manejar. Al medio día me reuní con Cecilia para almorzar, como solíamos acostumbrar, en un café cerca de mi trabajo, y como siempre comentábamos sobre nuestro día, y no voy a mentir, criticábamos a nuestros compañeros y conocidos también. - Ni siquiera es capaz de invitarme una taza de café – protesté mientras compartíamos el almuerzo, haciendo referencia a un compañero de la oficina que se pasaba el día mirándome idiotizado, pero ni me saludaba – me mira, me mira y nada más – no es que el hombre me gustase demasiado, pero era atractivo y un poco interesante, pero para nada valiente, y eso le quitaba puntos y me frustraba. - Amiga es que tienes algo que espanta a los hombres – dijo Cecilia riendo – no sé qué, porque creo que eres el sueño de cualquier hombre: linda, inteligente, algo simpática, no demasiado divertida, pero es lo de menos – ambas reímos por su descripción, yo también creía que era un muy buen partido, pero los hombres idiotas que me rodeaban preferían mirarme de lejos y nada más. - Debería hacer terapia para descubrirlo – comenté frustrada. - No creo, ya aparecerá el hombre capaz de hacerle frente a semejante mujer, no te desesperes – me animó Cecilia, quien en verdad no perdía oportunidad en mencionar que para ella yo era la mujer perfecta, aunque analizando las cosas con más objetividad creo que no lo decía como algo positivo. - No me desespero, solo me molesta que me mire y no haga nada – respondí con aire de superación, y era verdad, yo ya me había resignado a que ningún hombre querría arriesgarse conmigo, pero me molestaban las miradas indiscretas y que no hicieran nada más. - Es un idiota – concluyo Cecilia y ambas reímos. Luego de almorzar cada una volvió a su trabajo. Ella quería ser actriz, y no tenía un empleo fijo, rotaba entre audiciones y cualquier empleo que le permitiera subsistir hasta que la fama golpeara su puerta. Era muy diferente a mí, totalmente desestructurada y sin ningún complejo con el que vivir. Simplemente disfrutaba la vida que tenía. Le encantaban las fiestas y a pesar de no ser tan bonita como una modelo tenía bastante éxito entre los hombres, era muy sexy. Al llegar a la oficina fue más de lo mismo, miradas con desdén, con deseo, con indiferencia, trabajo y más trabajo. Así era mi vida, y ya estaba acostumbrada a no ser muy querida en la oficina, al parecer molestaba bastante que yo corrigiera errores y marcara el rumbo a seguir en algunas cuestiones de importancia. Y no me importaba, porque para mí eso significaba que estaba haciendo bien mi trabajo. Casi al final de la jornada mi jefe me avisó que debería acompañarlo a una reunión de negocios, seguramente quería cerrar trato con algún hombre y quería usar mis encantos a su favor, a pesar de que tenía muchas capacidades para hacer mi trabajo, él insistía en que mi belleza y personalidad eran una de mis mejores ventajas y debíamos aprovecharlas, eso no significaba que yo me ofreciera a los posibles clientes o algo similar, simplemente era cordial, educada y les sonreía, eso ayudaba a cerrar los tratos, todo según mi jefe claro. Llegamos a una lujosa mansión en las afueras de la ciudad y luego de que el personal nos ubicara en la sala, el cliente en cuestión hizo su aparición. Me quedé embobada al verlo, si bien había conocido hombres guapos en mi vida, este se llevaba el premio mayor. Cabello castaño claro (casi rubio miel), brillante, cuidadosamente cortado y peinado para darle ese aire de rebeldía impecable, ojos azules, grandes e hipnotizantes, piel blanca de porcelana, labios carnosos, en los que se dibujaba una perfecta media sonrisa, haciendo que luciera endemoniadamente sexy. No pude evitar imaginarme a mí misma arrancándole la ropa a ese hombre y dejando que me hiciera suya de la manera que él quisiera, ese pensamiento me sorprendió e hizo que se me subiera la temperatura. Además de un rostro perfecto, el cuerpo que cargaba parecía de infarto, 1.90 metros de altura, hombros anchos, brazos fuertes, y por debajo de esa camisa con los primeros botones abiertos se notaba un tonificado pecho. Seguramente todo en él es perfecto, pensé cuando él se acercaba a saludarme. Al estrechar su mano sentí electricidad y no pude evitar sonreír como una niña enamorada. - Un gusto ¿señorita Manchini? – preguntó sonriendo. - Así es – respondí segura - y el gusto es todo mío señor Di Carlo. - Llámame Tomas por favor – dijo – me siento muy viejo si me tratan de señor. - Como usted – quise responder, pero él me reclamó juguetonamente con un gesto – Como digas Tomas – me corregí y ambos reímos. Durante la reunión ambos intercambiamos miradas picaras, él me descubrió más de una vez mirándolo y yo a él igual, había química entre nosotros, y lo sabíamos. - Bueno querida Amanda, Tomas – dijo mi jefe – tendremos que seguir la reunión mañana, o mi esposa va a asesinarme, no puedo faltar a la cena que preparó – comencé a ordenar los papeles con la intención de retirarme, con mucho cuidado y dedicación como siempre – aunque pensándolo bien – dijo el viejo poniéndose el abrigo – ustedes pueden seguir revisando todo así mañana solo hacemos los ajustes y firmamos ¿qué te parece Tomas? Te aseguro que Amanda está más que capacitada para hacerlo. - No tengo ninguna duda sobre eso Luis – respondió Tomas – si Amanda no tiene problemas, yo puedo quedarme hasta que terminemos – ambos me miraron, yo no podía creer lo que pasaba, por un lado me moría por quedarme a solas con Tomas pero por otro me aterraba lo que mi lado salvaje, hasta ese día desconocido, podría hacer, tenía el presentimiento de que él podía romper todas mis estructuras, lo pensé unos segundos, revisé falsamente mi agenda electrónica buscando una excusa, pero no la encontré, miré a ambos hombres. - Tengo un par de horas más – dije – y no nos queda tanto así que no hay problema. - Genial – respondió don Luis – nos vemos mañana – me saludó con dos besos en el rostro, me dio algunas indicaciones y luego se fue, Tomas lo acompañó a la salida. Cuando volvió se quedó en el marco de la puerta observándome trabajar, yo mordía un lapicero mientras leía unos papeles. - Las cosas no se van a hacer solas – dije sin mirarlo – y no creo que tengas poderes mentales para trabajar desde allí – el sonrío y se dirigió hasta un pequeño bar. - ¿Quieres un trago? – Preguntó como si no hubiera escuchado lo anterior – yo necesito uno, tanto trabajo me estresa demasiado. - No gracias – respondí – no bebo mientras trabajo. - Pues deberías - dijo él – colocando una copa de vino tinto sobre la mesa y sentándose distendido a mi lado, yo solo lo miré de reojo y alejé la copa de mis papeles. - Por favor señorita – exclamó él divertido – pasarla bien un poco no va a matarte. - No voy a acostarme contigo – dije casi sin pensar mirándolo a los ojos, él se sorprendió, pero luego sonrío. - Genial – dijo – porque yo tampoco voy a hacerlo contigo – se puso de pie, dejó su vaso sobre la mesa y se colocó detrás de mí, haciendo que me tensara de tal manera que me senté sumamente derecha, quise levantarse pero me tomó de los hombros suavemente, invitándome a quedarme donde estaba, comenzó unos masaje en esa zona que se sentían como la gloria, cada rincón que tocada quedaba ardiendo y eso que solo pasaba sus manos por mi cuello y mis hombros, cerré los ojos y me dediqué a disfrutar aquel contacto, después de todo era solo un masaje, no me di cuenta en que momento Tomas me respiraba en el oído para luego susurrarme – a decir verdad, tengo en mente muchas otras cosas para hacerte antes de que nos acostemos finalmente – su voz fue tan viril y sexy que me hizo estremecer hasta los huesos. - Esto no es apropiado – dije con un hilo de voz, pero solo por obligación porque todo mi ser gritaba para que lo dejara seguir, el suspiró y lentamente dejo de tocarme. - Tienes razón – dijo sentándose de nuevo en su silla y tomando unos papeles, como si nada hubiera sucedido. Me quedé en shock unos segundos, y luego de superar la idea de tirarme encima de él volví al trabajo. No habían pasado ni dos segundos cuando Tomas de improviso sujetó mi mano sorprendiéndome totalmente. - Cuando cerremos el contrato no vas a tener forma de escaparte de mí – dijo en un tono autoritario que me hizo desear terminar el trabajo en ese mismo instante, pero no pude articular palabra, me perdí en la inmensidad de sus ojos, hasta se me olvidó respirar – respira linda – me dijo acariciando tiernamente mi mejilla para luego continuar leyendo. Estuvimos un par de horas más ahí, la tensión en el ambiente se sentía, lo dos intercambiábamos miradas llenas de deseo y quien sabe que más. - Creo que es todo por hoy – dije en un momento resignada a que no podía seguir trabajando más, los ojos se me cerraban y la mente ya no funcionaba, me puse de pie, él hizo lo mismo casi al mismo tiempo que yo – mañana en un rato terminamos con todo. - Genial – respondió Tomas – cuanto antes terminemos con esto mejor – su tono estaba cargado de doble sentido. - ¿Podrías llamarme un taxi? – pedí amablemente. - No – respondió él muy cortante – yo te llevo – y salió de la sala, rumbo a la puerta de la calle sin darme la opción de oponerme. Una vez en el auto la incomodidad y el cansancio se hicieron presentes, yo no sabía que decir, ya no quería hablar del contrato, pero después de las intenciones reveladas por Tomas consideraba que él podría mal interpretar un intento por tener una conversación amena, y por más que el hombre me hubiera alterado el sistema nervioso, yo era una profesional muy responsable y recta y por sobre todo era una dama que no se acostaba con cualquiera solo porque se moría de ganas. - ¿Vives sola? – pregunto Tomas sacándome de mis pensamientos. - Si – respondí – hace varios años que estoy por mi cuenta. - Yo no podría vivir solo – dijo mirándome – me aterra la soledad. - Yo estoy acostumbrada – dije segura. - Eres una mujer muy fuerte – dijo y comencé a sentirme cómoda, me encantaba que me halagaran de esa manera. Podría decirse que la vanidad era uno de mis peores defectos, por lo menos en ese momento. - Gracias – dije sonriendo - ¿y tú con quien vives? – pregunté, esperaba que no me dijera que con su esposa. - Con mis hermanos – dijo sonriendo también – ellos ahora estaban en una reunión – eso explicó porque no los había visto – yo me encargo de la parte seria y formal y ellos la pasan bien. - ¿Tienes muchos hermanos? – continúe el interrogatorio, me encantó la noticia de que no tenía esposa o novia. - Seis – dijo – tres hermanos y tres hermanas, somos muy unidos. - Que bien – dije – yo solo tengo una hermana – recordé – hace años que no la veo, pero nunca fuimos muy unidas. - ¿La extrañas? – pregunto Tomas. - Muy poco, aunque suene frío – dije nostálgica – pero he aprendido a superarlo. - Al parecer puedes superar cualquier cosa – dijo él. - Esa es la idea – comenté – llegamos – dije señalando mi edificio, Tomas detuvo el coche y bajamos, me acompañó hasta la entrada, era muy tarde así que no había practicante nadie en la calle. - Ha sido un placer conocerte Amanda – dijo Tomas acercándose a mi mientras yo buscaba las llaves en mi bolso, no estaba mirándolo. - Para mí también – dije sin prestarle atención, por lo que no pude prever cuando me sujetó el mentón para hacer que lo mirara, estaba muy cerca. - Eres la mujer más extraordinaria que conocí en mi vida – dijo suavemente, acercándose más a mi rostro. Yo estaba hipnotizada, veía sus labios moverse y acercarse a los míos, y deseaba que me besara. Parecía que el tiempo iba en cámara lenta hasta que por fin Tomas depositó sus labios sobre los míos. Al principio parecía un simple beso de despedida, pero de repente me sujetó con fuerza por la cintura elevándome del suelo y me apoyó contra la pared más cercana, profundizó el beso con vehemencia, me mordía los labios, me metía la lengua con muchísima urgencia y pasión. Yo sentía que la sangre me hervía, nunca me habían besado de esa manera, me aferré a su cuello con mis delicadas manos y el usó las suyas para apretar mi cuerpo con algo de fuerza. Después de unos segundos así Tomas se separó de repente, yo estaba con las piernas temblando y lo miré suplicándole que no me dejara, pero él se revolvió el cabello y me sonrió mientras se relamía los labios. - Tranquila mi amor – dijo acariciándome el rostro – que esto recién comienza – esas palabras causaron una extraña sensación en mi cuerpo, algo en mi interior me decía que corriera de allí, pero no lo escuché, le hice caso a la parte que me decía que estaba frente al hombre de mis sueños. Él tomó mis llaves y abrió la puerta, me tomó de la mano y me hizo entrar, cerró y se marchó. No pude articular palabra después del beso y tardé bastante en volver en mí, estuve parada unos minutos en la entrada del edificio, mirando la nada misma. Cuando reaccioné subí a mi departamento y me preparé para dormir, esa noche soñé con Tomas, y me levanté feliz y emocionada, tenía muchas ganas de ir a la oficina, porque sabía que lo vería allí. Me arreglé un poco más de lo habitual, elegí un conjunto más llamativo, pero de muy buen gusto. Me sentía resplandeciente y quería trasmitirlo a todos. Yo no creía en el amor a primera vista, y estaba convencida que enamorarse era un proceso, pero Tomas me había calado en los huesos y lo que sentí con su beso no lo había sentido en toda mi vida, no podía negar eso. - Es como te digo – comentó Cecilia mientras desayunábamos en la cafetería de siempre – cada uno tenemos nuestra media naranja, nuestra alma gemela, y cuando lo conocemos te sucede lo que a ti – yo la miraba divertida – es como un despertar, como un BOOM – dijo y ambas reímos. - Si – dije – fue como fuegos artificiales de fin de año de todo el mundo juntos. - ¡No puedo creer que estés enamorada! – exclamó Cecilia riendo como una loca. - No estamos hablando de amor todavía – dije sonriendo – pero es algo nuevo y totalmente maravilloso – y lo era, se sentía como el paraíso de solo recordar e imaginar lo que vendría luego. Terminamos el desayuno y cada una nos marchamos a su lugar de trabajo. Yo llegué y estaba muy contenta, les sonreía a todos, saludé a quien se cruzaba en mi camino, algo que sorprendió a la mayoría, porque no era mi costumbre. La reunión con Tomas estaba preparada para las 11 A.M., las horas se pasaron volando para mí, y a las 11 en punto las puertas del elevador se abrieron y Tomas salió, atrayendo todas las miradas a su persona, era un hombre imponente e hipnotizante. Yo me fijé en las dos mujeres que lo acompañaban, y pude notar su extrema belleza, parecían modelos o actrices, los tres lucían perfectos. Sentí un poco de celos al verlas, yo me consideraba una mujer hermosa, pero estas mujeres eran absolutamente despampanantes. Tomas se detuvo frente a mí y ambos nos miramos a los ojos por unos segundos. - Buen día Amanda – dijo besando mi mano, haciendo que me sonrojara. - Buenos días Tomas – respondí – por aquí por favor – le indiqué con la mano que me siguieran, no tenía ganas de saludar a las súper modelos que acompañaban a mi hombre, además él no me las había presentado. Entramos a la sala de reuniones y ahí estaban Luis y los otros socios mayoritarios de la compañía, Javier y Clemente. - Bienvenido señor Di Carlo – lo saludaron a él, pero los tres hombres devoraban con sus ojos a sus acompañantes. - Muchas gracias caballeros, muy buenos días para ustedes también – los saludó él – les presentó a dos de mis hermanas - cuando dijo hermanas ya dejaron de desagradarme tanto, aunque no veía el parecido – Tamara – dijo señalando a la de su derecha, una mujer de cabello n***o, lacio y hasta la cintura, ojos grises y piel blanca de porcelana – y Celeste – ahora la que estaba a su izquierda, una rubia de cabellos ondulados, ojos verdes y curvas de infarto, parecía una conejita de play boy. - Un gusto señoritas – dijo Luis poniéndose de pie – yo soy Luis, ellos son Juan y Clemente – ambos hombres se pusieron de pie para saludar con un apretón de mano a las mujeres, luego de las presentaciones tomaron asiento. Yo fui a buscar a mi secretaria porque no traía las copias de los contratos con las modificaciones, tuve que ayudarla a encarpetar todo, por suerte para ella estaba en un buen día, de lo contrario además de la reprimenda que le di la despedía. Llegamos a la sala y repartimos las carpetas, luego de pedir unos cafés y otras bebidas, mi incompetente secretaria se marchó. - He agregado las modificaciones que vimos ayer – dije mientras todos ojeaban el contrato, todos menos Tomas que no dejaba de mirarme, haciéndome sentir nerviosa y algo acosada – los puntos que cambiaron están resaltados en estas copias, tengo otras en limpio para las firmas si es que estamos de acuerdo en todo – mis jefes continuaban la lectura, sus hermanas también yo intentaba concentrarme en la mía, pero sentía los ojos de Tomas clavados en mí, y efectivamente cuando levanté la vista él estaba mirándome como si no tuviera otra cosa que hacer. - Yo creo que esta todo en orden – dijo Tamara, le noté un acento extranjero – pero no entiendo el punto 12 y 13 ¿me los podrías explicar? – dijo mirándome. - Por supuesto – respondí, todos pusieron su atención en mí. Me dispuse a comenzar la explicación cuando nos interrumpieron. El odioso hijo de Luis, Francisco entró en la sala sin golpear siquiera. Se creía todo un galán, si bien era guapo, y tenía muchísimo dinero, el tipo era un imbécil con creces. - Buenas a todos – dijo como si entrara en una de sus fiestas, sacándose los lentes de sol. - Francisco ¿Qué significa esto? – Preguntó Luis alterado – estamos en una reunión importante. - Relájate viejo – respondió el impertinente muchacho – solo vine a llevar a Amanda a almorzar – dijo mirándome y se acercó a mí, yo quise levantarme, pero el sujetó mi silla de ambos apoya brazos – no me respondes los llamados Amanda, te haces negar cada vez que te busco, no me dejas otra opción. - Yo pensé que entendías las indirectas Francisco – dije sin dejarme intimidar, ya estaba acostumbrada a sus acosos, hacia unos años que Francisco se había obsesionado conmigo, solo porque yo le dije que no, y de vez en cuando hacia esas escenas – no te respondo los llamados porque no quiero hablar contigo y me hago negar porque no quiero verte y no quiero ir a almorzar contigo – le dije lo más calmada que pude. - Pues no me interesa si quieres o no – dijo tomándome del brazo con torpeza – vienes y listo. - Francisco déjala – grito su padre cuando me jaló para que me pusiera de pie y comenzó a arrastrarme hacia la salida. - Sigue con tus cosas papá, Amanda viene conmigo – dijo decidido y continuo llevándome, yo golpeaba su agarre con mi mano libre pero él ni se inmutaba. Estábamos por llegar a la puerta cuando Tomas se puse al frente. - Creo que la señorita fue clara al decir que no quiere ir contigo – dijo con esa voz fría y varonil, de haber sido yo Francisco se me hubiera helado la sangre. - No te metas en esto niño bonito – le respondió con burla e intentó pasar por su lado, pero Tomas se lo impidió, puso su mano en el pecho de Francisco y lo incito a mirarlo a los ojos. - Suéltala antes que todo se ponga peor para ti – Francisco quiso burlarse de él, pero luego de unos segundos me soltó y salió corriendo del lugar, como si hubiera visto un fantasma. - Gracias – dije a Tomas mientras refregaba mi muñeca, Francisco me había sujetado con mucha fuerza. - No tienes nada que agradecer – dijo acariciando mi muñeca – no dejo que nadie dañe lo que es mío – eso lo dijo para que solo yo lo escuchara y luego volvió a su lugar. - Lo siento tanto – dijo Luis realmente apenado – no puedo controlarlo, se me salió de las manos. - Descuida Luis todos pasamos por esa etapa de rebeldía y Amanda es una mujer que puede volver loco a cualquier hombre – dijo mirándome y sonriendo. - Eso es cierto – comento Clemente y Tomas lo miro con desaprobación, al parecer era celoso. - Sigamos así se olvida este desafortunado momento – dije y todos asintieron y por fin pude explicar a mi futura cuñada, los puntos donde tenía sus dudas, estuvimos un poco más de una hora allí y luego de aclarar todo cerramos el trato. Estábamos por brindar con champagne pero notamos que no habíamos almorzado así que decidimos ir a comer todos juntos para festejar. Cuando estábamos en la planta baja Tomas me tomó de la mano y se dirigió a mis jefes. - Si no les molesta caballeros quisiera almorzar a solas con Amanda – los tres hombres nos miraron sorprendidos – si ella quiere claro – yo me sentía entre la espada y la pared. - Por nosotros no hay problema – dijo Luis y me miró. - Supongo que está bien – dije dudosa. - Genial – exclamó Tomas – mis hermanas agradecerán su compañía para almorzar – las mujeres asintieron y todos salimos. Mis jefes y las hermanas de Tomas subieron en una limusina y nosotros en el auto de él. - Por fin solos – dijo con media sonrisa en el rostro, yo sentí escalofríos en mi cuerpo y solo pude darle una tímida sonrisa. En el camino hablamos de mi vida, él estaba muy interesado en saber mis vivencias pasadas y presentes, le hablé de mi familia, de Cecilia, ex novios incluso. A mí me gustaba hablar y a él escuchar así que estábamos bien. Llegamos a un lugar muy bonito y privado y la comida fue más de lo mismo, el preguntando y yo hablando como una cotorra. - Ya te aturdí ¿verdad? – pregunté luego de que el hiciera una extraña mueca con sus ojos, él sonrió. - Nunca podrías aturdirme, me encanta el sonido de tu voz y quiero saberlo todo de ti – dijo sosteniendo mi mano. - Es que hablo mucho – dije avergonzada. - Cuando no quiera escucharte te lo haré saber, descuida – dijo seguro y eso me produjo una serie de sentimientos encontrados pero los ignoré. Estuvimos horas allí, pero no me importaba, cuando salimos el condujo rumbo a mi casa sin preguntarme si volvería o no al trabajo, pero no me importó, a decir verdad estaba encantada de la vida de estar con él. Al llegar estacionó el coche y bajó conmigo, no hizo falta que le dijera que subiera, al parecer ya había decidido que lo haría. Entramos al elevador sin cruzar palabra, yo no sabía que intenciones tenía Tomas, pero me quedaron en claro cuando luego de apretar el botón del piso 15 me aprisionara contra la pared y comenzara a devorar mi boca de una manera posesiva y endemoniada, yo tarde en responder, nunca un hombre me había tratado así, claro que yo no tenía tanta fuerza como él, pero mi beso era cada vez más apasionado. Supongo que por la hora el elevador llegó a mi piso sin detenerse en ningún otro, casi sin separarnos salimos y él se pegó a mi espalda, mientras caminábamos por el pasillo hacia mi puerta Tomas repartía besos por mi cuello. ...continúa...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD