[ZAMIRA]
No sé cuántas horas llevo sentada aquí en este sofá esperando que Iker llegue del hospital. Parezco un soldado s*****a esperando entrar a una emboscada que aun sabiendo que va a morir, espera pacientemente la orden para avanzar. En mi mente he practicado una y mil veces las diferentes maneras en que puedo confesarle mi verdad, pero sin importar que tono de voz use o las palabras que use, sé que dolerá. Tengo miedo... me consume y no sé si es peor la espera por largar toda esta verdad de una vez por todas, o lo que me imagino que pueda suceder.
El ruido de la puerta principal abriéndose, es la orden que esperaba. Volteo para verlo y me sonríe, pero al ver mi expresión me mira entrecerrando sus ojos. —Buenas noches, amor, ¿Qué sucede? — Pregunta preocupado mientras se acerca a mí y me da un corto beso en los labios para luego sentarse a mi lado.
—Hola, ¿Has cenado ya? — Pregunto ya que no puedo simplemente lanzarle la bomba así de una vez.
—Si, ya sabes que, si salgo después de las ocho, ceno en el hospital. — Me explica y con sus dedos acomoda un mechón de mi cabello detrás de mi oreja —¿Por qué traes esta carita amor? — Pregunta nuevamente y no soy capaz de verlo a los ojos.
—Tengo que hablar contigo. Es serio, y podría cambiarlo todo. — Le advierto.
—Me estas preocupando...— Me dice en un susurro.
—Créeme que yo estoy más preocupada que tú por decirte lo que te tengo que decir. — Le admito y a pesar de que mis ojos se han aguado, tomo el valor para verlo a los ojos.
—Habla de una vez por favor. — Me suplica.
—¿Recuerdas el día que llegue al hospital? —
—¿El día de tu accidente? Claro que lo recuerdo, ¿Cómo podría olvidarlo? — Me dice confundido.
—No fue un accidente Iker. Esa noche yo intente suicidarme... Estrelle el coche contra ese paredón apropósito. — Le explico como queriendo empezar a explicar todo de alguna manera.
—¡¿Qué?! ¿Por qué quisiste hacerlo? No entiendo... ¿Por qué me dices esto casi cuatro años después? — Me pregunta totalmente confundido.
—Porque si te explicaba que me quería suicidar, hubiese tenido que contarte por qué y si te explicaba la razón, tendría que haberte contado algo que para mí me es muy difícil de decirte... es un secreto que llevo años guardando. — Digo en un enredo de palabras.
—No entiendo nada...—
—Tengo una hija de casi trece años que mi padre me quito apenas nació. — Digo sin rodeos.
«Que sea lo que deba ser... ya no aguanto más con todo esto.»
—¡¿Qué?! ¿Cómo que tienes una hija de trece años? No... no me puedes decir esto ahora...— Dice totalmente indignado y en lo que es prácticamente a gritos.
—No la conozco aún. Hace exactamente trece años que intento dar con ella... Mi padre nunca me ha querido decir que ha hecho con mi hija, esa noche que me quise matar discutí más fuerte que nunca con él y no daba más, sentía que mi vida ya no tenía sentido, pero apareciste tú y diste algo de luz a la oscuridad que era mi alrededor.— Explico.
—¡Hace cuatro años que estamos juntos!... dos de casados... tenemos un hijo, y ¿no has sido capaz de decirme que tenías una hija?— Me grita levantándose del sofá.
—No pude. Tenía miedo... creí que no me querrías si sabías esto... tenía tanto dolor... tanta rabia...— Digo entre sollozos y me encojo subiendo mis pies al sofá y sujetando mis piernas con mis brazos.
—¿Y porque ahora sí?— Me pregunta mientras lleva su mano a su cabello y enreda sus dedos en el a modo de frustración.
—No doy más... hace tiempo que quiero decirte esto, pero no quería involucrarte en toda esta mierda, necesitaba que Nico tuviese a uno de sus padres libres de este dolor.— Me defiendo.
—¿¡Me dices que no me querías involucrar!? ¡j***r Zamira, que soy tu esposo! ¡Quieras o no estoy involucrado en tu mierda como le dices tú!— Me grita más alto de lo que puedo soportar.
—Lo siento... sé que he hecho mal, pero no pude...— Digo tan bajito que creo que ni se me oye. Siento que estoy tan débil que no puedo ni respirar.
—¡¿Y qué ha cambiado ahora?!— Dice caminando de un lado al otro de la casa y sin mirarme.
Intento respirar, pero no puedo... siento que estoy a punto de morirme...
—Que me he reencontrado con su padre, el cual tampoco sabía de esa niña y que ahora quiere buscarla después de que le he confesado la verdad.— Le confieso sin mirarlo.
Escucho sus pasos en el piso de madera del salón. Cada vez esta más cerca de mí... Su mano me sorprende al sujetar mi barbilla y levantar mi rostro para que lo vea —¿Es el imbécil de Sebastien?, ¿no?— Me pregunta en un tono amenazante.
—Si.— Respondo con un hilo de voz y él prácticamente me aniquila con la mirada.
—Gracias por hacerme ver como un completo imbécil enfrente de tu "vecinito de la adolescencia".— Me dice de una manera que me asusta llena y de sarcasmo para luego soltar mi rostro para marcharse.
Lo sigo con mi mirada hasta que lo veo salir de la casa y no puedo más que llorar desconsoladamente al ver como he arruinado absolutamente todo lo poco bueno que había o en mi vida.