Alekséi la miró intensamente entre el silencio que los consumía a ambos hasta que finalmente se atrevió a formular palabras después de fruncir el ceño. Había algo en ella tan intrigante que lo hacía seguir adelante en lo que estaba haciendo, el fomoré en su interior estaba agitado y por primera vez en su vida sintió algo casi prohibido para los de su r**a, los sentimientos en los fomorianos no significa otra cosa que debilidad y él no era débil ni nunca llegaría a serlo.
—No te enamores de mi Levina, es lo único que te pido —susurró él mirándola con fijeza y como si ella se tratara de un imán imposible de resistirse acunó su pálida mejilla y con el pulgar tocó su piel sensible. Levina lo miró y frunció el ceño.
En verdad no era nada feo, todo lo contrario.
Él era demasiado atractivo ante sus ojos, alto y su cabello rubio castaño le tentaba a tocarlo justo como estaba haciendo él en esos momentos, sus ojos azules eran preciosos.
Aún así su aire de misterio no le convencía para nada, a ella no le iban los chicos como él y a él en definitiva no le iban las chicas como ella, era demasiado obvio, eran polos opuestos.
—Lo prometo, no lo haré —refutó con evidente socarronería rogando en silencio por no equivocarse—.
*
El tiempo pasó para Alekséi y para Levina, a lo largo de un mes, todas las noches ambos aunque no lo admitirían se divertían haciendo distintas tonterías juntos, su vínculo había crecido al inventar aquel juego en donde ambos hacían una lista con las cosas que realmente les gustaría a hacer y ejecutarlo en compañía de ambos.
Era algo tonto aún así era divertido.
Alek la hacía olvidarse de sus pesadumbres.
Al principio Liv había pensado que Alek era una persona oscura llena de secretos y que podía llegar a hacerle mucho daño.
¿Podía estar en lo correcto?
Hasta el momento no lo había intentado si quiera, por el contrario Alekséi le hacía olvidar los secretos que se moría por descubrir que rondaban su familia mientras que Levina ocasionaba que las frías noches de soledad para ambos se fuesen desvaneciendo, después de todo no era tan aburrida como él pensaba.
Por otro lado su mejor amiga era algo que la afligía en absoluto, Hyo Hee es estaba comportando muy extraño desde aquel día hacía un mes y desde entonces no había cambiado mucho.
El simple hecho de pensar que alguien le había hecho daño a su mejor amiga la ponía mal, aún peor era que ella al parecer ni tenía la confianza suficiente para decirle que era lo que sucedía.
—Vámonos, por favor Levina —había pedido otra vez—.
—Está bien, esta semana se acaba el semestre y...
—Te lo tengo que contar Liv.
La rubia respiró profundo al ver el miedo en sus ojos y escuchar el temblar de su voz.
—Muy bien, aquí estoy, soy tu amiga y te ayudaré.
Hyo Hee lloró abrazada a Levina de miedo.
Pero la asiática se arrepintió, Hyo Hee corrió hasta refugiarse en su habitación y gritarle a Liv que no quería verla.
Levina suspiró ante el recuerdo y se apresuró a entrar a su casa donde se detuvo en seco al encontrarse con una sorpresa en ella, su hermano.
Era todo un shock tenerlo allí pues desde su boda casi podía decir que se había olvidado de su familia.
Con cierta molestia tiró su bolso al mueble de la sala y caminó hasta llegar al frente de él.
— ¿Qué haces aquí Gustavo? ¿Te acordaste que también tienes familia y no solo es Lin?
Se cruzó de brazos frente a él con chulería, si, ellos no eran una familia normal.
—Guarda tus uñas gata, he venido a ver cómo estás.
Chasqueó la lengua y se encaminó al otro lado de la sala.
Hacía muchísimo que no lo veía y se moría de ganas por abrazarlo pero no lo haría, primero se encargaría de hacerlo sentir culpable por su abandono.
—Viva o por lo menos respiro.
—Levi, me preocupo por ti.
— ¿En serio? Es que se nota mucho —ironizó—.
— ¡Deja tu sarcasmo!
Pero ella no lo podía hacer o por lo menos no quería intentarlo, Liv sabía que Gustavo tenía su propia vida con su nueva familia sin embargo no aceptaba que la hubiese dejado de lado por nadie, él más que nadie sabía lo que estaba pasando con ella, conocía las disputas de sus padres y la eterna guerra que surgía en la casa.
—Mis dos hijos juntos —dijo visiblemente feliz Laura—.
—Levina, Gustavo vino a pasar el fin de semana con nosotros.
— ¿Quieres jugar a la casita ahora mamá? Déjame decirte que yo no quiero pertenecer a tu juego —soltó fastidiada.
— ¿Porqué siempre estás a la defensiva? —Preguntó enojado Gustavo—.
—No lo sé —respondió Laura en su lugar—.También yo me lo pregunto a veces.Levina en su lugar la fulminó con la mirada.
¡Como si le importara ella!
—Eres una falsa —gruñó ella—.
— ¡Levina! —La regañó su hermano indignado por su comportamiento—.
—No saldrás hoy.
Giró los ojos enfadada.
Me trata como a una niña.
Entonces se fue a su habitación dejándolos con la palabra en la boca, definitivamente era como una niña cuando su madre o su hermano estaban en su campo de visión.
Odiaba el descaro y ellos eran muy descarados.
Debía madurar y superarlo, de otra manera no avanzaría en la vida.
—De algún modo tengo que salir de aquí, en serio quiero salir de aquí.
Después de la cena nuevamente y sin decir palabra la rubia fue a su habitación.
Cuando la oscuridad y el silencio consumieron la casa fue cuando Levina supo que todos dormían excepto su padre que aún no llegaba, al parecer hoy era su turno de llegar tarde, Gustavo se había quedado a dormir cosa verdaderamente extraña.
Ella no tenía sueño, pero tampoco quería escapar, no se atrevería era demasiado miedosa como para eso.
La puerta de su habitación se abrió dejando ver una sombra en ella, amenazando con espantar sus pensamientos.
—Levina, ¿duermes?
—No.
No podía dejar de ver en su mente los recuerdos con Alekséi eran muchos y siempre los recordaría a pesar de que no tuviese mucho tiempo de conocerlo tenía más recuerdos con él que con la misma Hyo Hee.
— ¡Abre Levina! —gritó su hermano desde afuera—.
— ¡Vete Gustavo, tengo sueño!
El móvil de Levina sonó entonces contestó frunciendo el ceño.
—Levina, alguien me persigue estoy en la calle...
¡Oh Dios! Por favor ayúdame Liv, por favor.
— ¿Hyo? ¡¿Hyo?! Dios, Laura no me dejará salir.
Escuchó el impacto de piedras chocando contra su ventana entonces corrió a asomarse y pudo ver a Alekséi afuera.
Él sonrió de lado.
—Baja.
— ¿Estás loco? Estoy castigada.
— ¿Estás oyendo lo que dices? Tienes veintidós, no pueden castigarte ¿Bajas tu o voy yo por ti?
—Alek, necesito tu ayuda —dijo ignorando el retintín en su voz—.
Quizás él la podía ayudar a encontrar sana y salva a Hyo Hee, rezó en silencio por ella, porque su amiga estuviera bien.