Sus tías eran realmente curiosas. Estuvimos junto a ellas solo un momento y ya querían conocer cada detalle de mi vida. Nos despedimos también de su padre, antes de que él me arrastrara a dar un paseo. Resultó que detrás de la casa también había un hermoso jardín con distintas variedades de rosas, que se veían maravillosas. Caminamos entre las bastante altas flores. Lo que más me gustó de aquel lugar era que en el medio de ese laberinto había una linda fuente y un banco, en el que Sebastian se sentó. — Amor, ven, siéntate conmigo. — escuché detrás de mí, cuando me agachaba frente a la fuente. Lentamente me levanté y me acerqué a él, sentándome a su lado. — Ella parece una modelo —. susurré. Sin una palabra Sebastian me atrajo a su regazo. — Puede que sea así, pero tú eres más h

