Punto de vista de Sebastian. Estaba recostado en su sofá y ella se encontraba sobre mi pecho, totalmente acurrucada en mí. Con mi mano acariciaba continuamente su espalda, hacía una media hora se había quedado dormida y yo llevaba esa misma media hora admirando lo hermosa que es. Su respiración era lenta y suave, en su rostro se notaba lo cómoda que estaba, y eso me hacía muy feliz, quería ser yo el hombre que le brinde esa seguridad, esa comodidad, esa tranquilidad, a pesar de que con cada beso o cumplido que le hago, se sonroja y siento que la incomodo un poco, pero no puedo detenerme, no cuando sé que su reacción será bajar la cabeza totalmente sonrojada. Seguí acariciando su espalda, su cabello, su rostro hasta que una de las tantas películas que vimos hoy se terminó. Me levanté

