PRÓLOGO
Cinco años antes...
Llevo semanas buscando empleo, dejando currículums y haciendo mojines pero de ningún modo me contratan.
Camino por la calle desanimada, no puedo creerlo, me ha costado demasiado llegar a lo que soy ahora y aún así nadie cree que merezco una oportunidad. ¿Cómo quieren que tenga experiencia si no me contratan?
Observo a una mujer saliendo de un Starbucks y entonces recuerdo la frase que mi madre siempre repite "un café siempre mejora las cosas".
El cielo azulado es de lo más hermoso y a pesar de que me gustaría disfrutarlo, el sol quema mis brazos descubiertos creando así la capa de sudor que recorre mi cuerpo.
Al cruzar la calle noto un auto estacionado afuera, un Mercedes n***o. Lindo auto pero sin duda muy por fuera de mi presupuesto aunque sin trabajo pues ni un Chevy estaría dentro.
Entro al local a trompicones debido a la cantidad de gente que se encuentra en él siendo la hora pico, serpenteo entre las personas torpemente hasta llegar al frente del mostrador.
Una chica se ubica al otro lado, parece muy joven sin embargo la mirada en su rostro me hace saber lo frustrada que está aquí. Su cabello atado en una coleta alta con un lindo moño amarillo y sus delgados labios en una línea recta.
─Buenas tardes ─ habla como si estuviese harta de repetir lo mismo tantas veces─, ¿qué desea ordenar?
─Un capuchino por favor ─ pido amablemente.
La chica no me mira solo pide mi nombre y después de anotarlo en un pequeño papel a su lado da la orden a la persona detrás de ella para informar sobre mi pedido.
Me formo junto a todos los demás que esperan sus órdenes pacientemente y aunque algunos se encuentran mirando su celular con ansiedad otros simplemente caminan de un lado a otro sin saber que hacer, aunque algunos pocos se encuentran ubicados frente al mostrador sin mover un solo músculo.
Después de veinticinco minutos esperando mi orden llega ahí con ello me dirijo en busca de un asiento libre.
El lugar está a tope sin embargo a lo lejos logro ver un taburete vacío y sin tiempo que perder camino hasta allí entre la multitud no obstante hay una chica sentada junto al taburete así que, algo nerviosa, me acerco para hablarle.
ㅡ¿Puedo sentarme? ㅡcuestiono nerviosa.
ㅡClaro ㅡdice con una sonrisa como de esas de comercial Colgate.
Tomo mi café pero después de cinco minutos solo oyendo el bullicio de las personas en el lugar me dispongo a platicar con la chica.
ㅡHola, mi nombre es Leigh.
Ella se encuentra mirando su celular con el rostro relajado pero cuando me escucha levanta la mirada sonriente, amable.
ㅡMucho gusto, Karla ㅡse presenta.
Es una de esas mujeres que te hacen cuestionarte si todos los humanos venimos de la misma especie. Es hermosa y a juzgar por su ropa, maquillaje y calzado, es de dinero. Vive cómodamente, muy cómodamente.
Todo en ella huele a riqueza y lujos, literalmente, esa colonia seguro es costosa.
Su cabello n***o azabache cae en ondas muy bien peinadas sobre sus hombros, sus ojos perfectamente delineados, los labios delgados pintados sutilmente de rosa y su piel reluciente y perfecta.
Es hermosa.
ㅡ¿Vienes a estudiar? ㅡpregunta mirando los sobres que cargo en mi bolso.
ㅡOh, no. Busco trabajo, me acabo de graduar.
Se sorprende ante mi respuesta y su curiosidad no se hace esperar mucho.
ㅡOh, ¿de que buscas?
ㅡEn realidad, ahora de lo que sea. Me gradué con excelentes notas en administración de empresas.
ㅡ¿En serio? ㅡinquiere impresionadaㅡ. ¿Me prestas tu currículum?
ㅡClaro ㅡdigo estrechándoselo.
Después de revisarlo a fondo me dijo lo que menos esperaba oír en una cafetería, a hora pico y de una chica rica:
ㅡ¿Quisieras trabajar como mi secretaria? ㅡpropone y rápidamente aclaraㅡ. Soy como la mano derecha del dueño de la cadena de empresas Grant.
Las empresas Grand son las más adineradas de la ciudad y probablemente del país, esa familia es millonaria.
Pienso seriamente en que me está tomando del pelo pero al ver sus accesorios, su bolso, todo en ella es dinero, debe ser cierto pero entonces, ¿porque yo?
ㅡ¿Entonces?
ㅡClaro que quiero ㅡdigo rápidamente.
Las dudas me invaden pero ¿porque dejar pasar algo así?
ㅡBien, vamos. Te enseñaré el camino.
Tomo mi café y mi bolso caminando justo detrás de ella siguiéndole el paso.
Al salir un chico se acerca a nosotras, su camisa blanca perfectamente a acomodada y su delantal n***o me hacen saber que es un trabajador. Con una sonrisa amable le tiende unas llaves a la chica a mi lado quien, por su parte, las toma agradeciéndole.
─Éste es mi auto ─dice como si nada.
El Mercedes que ví antes, mierda.
─¡Carajo, es hermoso! ─exclamo impresionada.
Suelta una carcajada no muy propia de una señorita como ella y no puedo evitar reírme igual.
─Creo que nunca me habían dicho algo así ─admite divertida.
─¿Algo como qué? ─cuestiono sonriendo.
─La palabra que dijiste...
─¿Carajo? ─me río de nuevo.
─Si ─vuelve a reír aunque ahora lo hace un poco nerviosa.
─Disculpa...
─Está bien, no te disculpes por ser tú misma.
El comentario me hace sonreír de forma genuina, subimos al auto y entonces nos dirigimos a la empresa más grande de la ciudad.
La empresa Grand.
Las calles pasan rápidamente y no puedo evitar toquetear mis dedos con los nervios en punta, ¿que pasa si no encajo?
─No estés nerviosa, todo irá bien.
─¿Que haré exactamente?
─Primero lo primero ─sonríe─, iremos a que firmes lo que es requerido y ahí mismo verás tus responsabilidades y obligaciones.
─Perfecto.
Sonrío satisfecha, no puedo creerlo.
Quizás no todo en la vida tiene que ser malo porque, ¿que podría salir mal?