4. El dolor del pasado.

1747 Words
Leigh. Su perfume no se fue aún después de que él ya no estaba, su esencia se quedó impregnada en mi oficina recordándome lo bien que se sentía olerla hace cuatro años no obstante las mariposas en mi estómago me tomaron desprevenida, las ganas de correr a sus brazos eran tan fuertes que no me creí lo suficientemente fuerte como para no hacerlo. Jamás le confesaría mis sentimientos después de como se comportó conmigo, se volvió una persona fría y distante con los demás, el problema yacía en que conmigo no fue diferente. Como si yo fuese igual, como si valiera lo mismo para él que un extraño. Recuerdo cuando asistíamos a las cenas familiares y discutíamos frente a todos, para nosotros eran te quiero disfrazados de insultos, abrazos escondidos en disputas y roces ocultos entre golpes suaves alimentando así la idea de que nosotros nos odiábamos cuando lo único que queríamos era pasar todo el tiempo posible juntos. Cuando mi cabeza se pone a pensar y pensar en ese hombre la lógica desaparece, la última vez que lo vi fue la noche que me rompió el corazón presentándome a su novia oficial. Después de eso nunca pude verlo igual, ambos dejamos de hablar el uno con el otro a partir de ese día. Pensé que estábamos en la misma sintonía pero el sin duda no se sentía como yo. Al día siguiente no lo llamé ni él a mí, el segundo día fue lo mismo, el tercero, el cuarto... ninguno quiso hablar así que dejamos de hacerlo como si un resentimiento creciera muy dentro de nosotros y a decir verdad creo que así fue. Cuando la junta terminó decidí pedir un contrato con Javier del piso 23 así que subí y lo hice, cinco minutos después ya me encontraba frente a mi oficina. ─Leigh ─me llama Sandra─, te esperan... Me mira con una sonrisa ladeada antes de desaparecer, seguro es Jack quién me espera. Sandra no tiene un puesto fijo, es como la secretaria de Karla pero siempre que necesito algo me ayuda sin problemas. Después de ascender mi trabajo nunca decayó por lo que la actitud de todos hacia mí no cambió sino que por el contrario, el respeto se notaba en cada palabra e incluso en algunas miradas. Sonrío con nervios antes de pasar, pienso unos segundos antes de tomar el pomo de mi puerta pero una vez decidida abro encontrándome con Jack sentado en el pequeño sofá al fondo. Su cabello n***o perfectamente acomodado, sus manos moviéndose con nervios y sus cejas ligeramente fruncidas. Cuando nota mi presencia se levanta mostrando su prominente altura sin embargo el recuerdo de aquel hombre opaca por completo al chico frente a mí. ─¿Que tal te fue? ─pregunta sonriente. ─Solo quiero olvidarlo... La reunión no fue del todo mal, pude exponer todo lo que quería decir no obstante la presencia de ese hombre me puso todo tan complicado. Eso sin contar la estupidez que cometí al dejar caer todos los papeles, mierda. Tenía todo preparado, las palabras correctas y los números precisos pero mi intelecto no bastó para que esa rusa no se burlase de mí frente a las personas más importantes de la empresa. Cansada y frustrada decido hacer una tontería más, hace meses que Jack y yo tenemos contacto más que como amigos así que me acerco posando mis labios sobre los suyos. Intento encontrar pasión entre nosotros, conexión o al menos placer pero lo único que se viene a mi mente es la imagen de esos labios carnosos, aquellos ojos oscuros aislados de cualquier emoción, aquel rostro esculpido por los mismos ángeles. Me permito imaginarlo, visitar lugares que creía olvidados, explorar una pizca de placer con la mera imaginación sin embargo la puerta suena avisando la llegada de alguien en mi oficina. Para mi desgracia el dueño de mis pensamientos se encuentra frente a mí con los ojos fijos en la escena. La ira desborda de él, sus puños blancos por la presión que ejerce, sus labios en una línea fina. Mierda. Con un rostro indescifrable sale de mi oficina y no puedo evitar mi reacción a la hora de salir tras de él, me separo de Jack sin cuidado y entonces salgo llamándolo una y otra vez pero me ignora deliberadamente con la misma frialdad con la que trata a todo el mundo. ─¡Señor Grand! ¡Deténgase por favor! ─alzo más la voz esperando que me mire. Lo logré aunque ahora ya estoy segura de que lo mejor era dejarlo ir debido a la mirada que me lanza, esa mirada que jamás pensé que pudiera dirigirme a mí. ─¡Maldita sea mujer! Ve a besarte con ese hombre y déjame en paz ─hace una pausa dando dos pasos al frente concentrando sus ojos fríos y lejanos en los míos─, eso se te da muy bien Leigh. Puedo escuchar los murmullos a nuestro alrededor, mis ojos arden y mi cara se calienta. La vergüenza y el enojo se presentan adueñándose de mí en un segundo. ─¡Eres un idiota, Moon! Jamás había dicho algo así en la empresa y menos aún al dueño, lo miro esperando que mis palabras causen algo en él pero su pose sigue siendo la misma inmune ante cualquier persona así que no dudo para gritar de nuevo por última vez. ─Púdrete me voy, renuncio. Antes de darme la vuelta me parece ver un brillo peculiar en sus ojos pero teniendo en cuenta que es el señor Grand de quien hablamos, el dueño de la empres y el hombre que rompió mi corazón, seguro es mera imaginación. Tomo mi bolso y entonces salgo a toda prisa, evado las miradas concentrada en mi objetivo: huir. Cuando toco el botón para llamar al elevador siento como alguien me toma de la mano, sus dedos me toman con cuidado y tontamente mi corazón se acelera imaginando que es él quién viene por mí. ─¿Es que no entiendes...? Mi voz se queda enmedio de la nada cuando noto la mirada triste de Jack a mi lado. ─¿Enserio pensaste que iba a venir por ti? ─pregunta refiriéndose a él. ─No, es que es tan terco... ─¿Lo conoces bien? ─No pero... ─Ese enojo no es sólo por lo que pasó ahorita, ¿verdad? Mi estómago se contrae y mis manos comienzan a sudar así que lo ignoro pasando a su lado cuando el ascensor llega. Jack no me retiene mientras que yo no puedo ofrecerle ni siquiera una disculpa, las puertas se cierran dejándome a solas, casi. ─No entiendo estas cosas Mikhail ─escucho a la señora Hans hablando en ruso. He pasado toda mi vida tratando de ser la mejor, después de entrar a trabajar aquí la presión de los grandes puestos lograron que me convirtiera en lo que soy ahora. Sé inglés, español, francés, ruso y chino, ahora mismo estoy en un curso de sueco. ㅡPresione el botón con el número de piso a donde se dirige... ─susurro hablando en ruso. ㅡOh, ¿así? ─cuestiona mostrándome, asiento y prosigueㅡ. Los estadounidenses tan flojos como para no hacer escaleras. ㅡ¿En Rusia no hay ascensores? ㅡpregunto curiosa. ㅡQuerida, claro que no ㅡsuelta riendoㅡ. Nosotros solo usamos las escaleras. Ríe por unos segundos hasta que parece reconocerme, entonces pone una expresión seria durante el tiempo restante. Guardo silencio hasta llegar al estacionamiento subterráneo donde ambas salimos. Me dirijo hasta mi pequeño auto dejando que la señora se aleje sin más conversación. Mi celular suena al tiempo que introduzco la llave en mi puerta así que tomo la llamada dejando mi bolso sobre el capó de mi auto. ─Diga. ─Señorita Leigh, hemos decidido concertar la cita ¿cuando podría atendernos? ─la voz de la señora Ruth sale del altavoz. Maldigo mentalmente, llevo dos meses tras este proyecto y precisamente hoy se le ocurre aceptar. ─Me alegra mucho que nos haya elegido, no se arrepentirá ─digo amable─. El día de mañana la comunicaré con otra persona... ─Sino es contigo no hay trato. Cuelga. Menudo problema. Pienso en como resolverlo pero nada se me ocurre de momento así que me subo a mi coche echando un vistazo atrás de mí, la señora Hans se encuentra mirándome desde su ventanilla. Cuando nuestras miradas cruzan asiente y el auto comienza a moverse. Sonrío de lado ante la idea de que por fin, después de dos años, le caigo bien. Enciendo la radio una vez que estoy en la avenida escuchando la voz de Mariana Sanders, la estadounidense del momento. El programa ¿Infieles o Estúpidos? se volvió viral así que en mis tiempos libres escucho los testimonios de algunas chicas, problemas de pareja sin solución y chicas que lo único que tienen son inseguridades que les impiden tener una relación saludable. ㅡYo creía en el. ㅡMe dijo que no lo volvería a hacer... ㅡLo amo. Nunca he comprendido a las mujeres que siguen en un lugar aunque les haga daño, es decir, un borracho seguirá tomando, un drogadicto no dejará su vicio por ti y un maltratador te seguirá llevando flores después de golpearte hasta que un día las lleve a tu tumba. Las personas no cambian por uno, no cambian a menos que su vida dependa de ello y, a veces ni siquiera eso es suficiente para que el cambio logre efectuarse. Me dispongo a apagar la radio pero entonces mi celular suena así que contesto pero el sonido de la radio se sube así que ignoro la llamada por unos segundos para apagarla. Cuando presiono el botón mi celular cae así que me detengo para recogerlo no obstante los autos comienzan a pitar queriendo que avance por lo que tomo el celular rápidamente y acelero para que se callen. ─Diga... ─Leigh, ¿estás conduciendo...? Intento contestar pero me doy cuenta del semáforo en rojo así que freno repentinamente logrando que los neumáticos chirríen sobre el asfalto. Siento mi corazón detenerse por un segundo debido al susto, incluso siento el sudor frío por todo mi cuerpo. Cuando pienso que es todo lo que pasaría giro levemente hacia la izquierda, como si todo pasara a cámara lenta pude ver como una camioneta negra se estrella contra mí. El estruendo metálico, los vidrios rompiéndose y el metal retorciéndose. La vista se me nubla en medio del humo y el polvo hasta que finalmente no puedo mantenerme despierta.
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