Veo a mi esposa terminar de arreglarse, sus cuarenta y cuatro la tienen más buena que nunca, un poco más entrada en carnes, pero que en nada le quedan mal, sigo deseándola y sigue parándome la v***a como solo ella puede hacerlo, seguimos culeando de todas las maneras posibles. —Deja de mirarme con ganas de comerme que no tenemos tiempo, deja de ser morboso. —sonreí—. Y esa sonrisa de madurito buenote en potencia no te alcanzará para abrirme de piernas esta vez. —No he dicho nada. —sonreí—. Con el mañanero de esta mañana me conformo. —giró en su eje para mostrarme que es una hermosa mujer cuarentona y yo un cincuentón. —Sigues siendo la mujer más preciosa que hay sobre la faz de la tierra. —Gracias. —La vi entristecerse—. A papá le hubiera encantado ver la graduación de sus nietos. —

