6. Enlazados.

1722 Words
—Nada, solo que tenías algo aquí en el cabello —el corazón de Lucy latía rápido, el momento de tensión al ver a Jonathan tan cerca le emocionada de alguna manera. —Serás idiota —dijo en voz baja. —¿Dijiste algo? —él no alcanza a escucharla. —Nada importante, ¿Vamos a comer? —Por supuesto vayamos a pedir algo rico para comer. Ella pensaba que ser mujer no era fácil, había odiado esa perversidad y picardía desde que lo conoció y ahora era como si lo deseara. Aunque le parecía extraño esos cambios de humor repentinos en él, de repente le decía algo bonito para intentar ganársela y luego dejaba todo a medias. Pidieron pasta para cenar y tarta de postre, había muchos nombres y comidas raras en el menú y Lucy no quería pedir algo que luego no se fuese a comer, la comida fue esplendida y los dos se sintieron muy a gusto hablando. Desde un punto de vista general parecía una cita completamente normal de esas en las que no sientes incomodidad con la otra persona y todo puede fluir normalmente. ¿Quieres tomar unos tragos? —le propone Jonathan, pero ella sabe que no se lleva muy bien con el alcohol. —Mañana debemos trabajar —era excusa, pero al mismo tiempo le decía la verdad. —Solo serán unas copas, podemos ir a tu casa y tomar algo antes de terminar nuestra cita. —Me parece bien entonces —terminó accediendo y fue así como se dirigieron al departamento de Lucy. Mientras iban en el auto ella le miraba fijamente mientras él conducía y estúpidamente se le escapaban algunas sonrisas. —Me alegra que sonrías —dice Jonathan. “¡Se dio cuenta! —pensó y se moría de la vergüenza”. Empezó a mirar por la ventana tratando de evitar su comentario, pero sabía que no iba a tener ningún efecto. —No me había divertido tanto con una chica en años considerando mi trabajo —su voz le tranquiliza. —Por cierto, ¿No estás trabajando? —le pregunta ella, le molesta pensar en ello sabiendo de lo que trataba su antiguo trabajo. Es como un inexplicable sentimiento de angustia mezclado con celos. —Renuncié, no era la vida que quería llevar y renuncié al conseguir el trabajo como profesor. —¿En serio? —estaba bastante sorprendida, pero al mismo tiempo le causaba un sentimiento de felicidad internamente. —Sí, de hecho, no me divertía haciendo ese trabajo, pero me pagaban bastante bien, hice muchos ahorros y creo que es hora de rehacer la vida que ese trabajo me arrebató. —Es bueno comenzar de cero —habían llegado ya al departamento, luego de entrar Lucy dejó su bolso en el sillón para luego dirigirse a la alacena a sacar dos copas y una botella de vino que tenía guardada desde hace ya algún tiempo. Estuvieron sentados tranquilamente charlando y bebiendo, era algo tan simple, pero con un significado bastante grande. —Ya debo irme —se levantó y se acomodó el cuello de la camisa. —Pero me gustó pasar tiempo contigo es muy divertido. —Ten cuidado cuando vayas camino a tú casa, no conduzcas muy rápido —a Lucy le preocupaba un poco considerando que había tomado más que ella, no sabía si por fuera disimulaba su ebriedad. —Tranquila soy muy prudente —de repente la abrazó espontáneamente y le agradeció de nuevo, su pecho era firme, ancho y cálido. Hace mucho que ella no recibía un buen abrazo. —Mañana nos veremos en la universidad, duerme bien. La noche se le hizo larga, no podía cerrar los ojos dos minutos sin pensar en él. Daba vueltas y vueltas en la cama tratando de conciliar el sueño, pero le era imposible sacarse a Jonathan de la cabeza, se aferraba a su almohada colocándola entre sus piernas y abrazándola fuerte. Ahora era ella quien le deseaba, tenerlo no era una opción era una meta que ella debía cumplir a toda costa y aunque sabía que ahora era ella quien sonaba como una pervertida no le importaba. Ella iba a tener a Jonathan y nada se lo impediría. Al día siguiente. —Profesor Gryder —dice uno de los alumnos y levanta la mano. —¿Sí? Diga —Jonathan voltea a verlo desde su escritorio donde estaba leyendo un libro que trataba sobre cómo ser un buen profesor. —No entiendo la pregunta diez. —¿Tienes un móvil con Internet? —parece no tener ganas de contestar por cuenta propia. —Sí señor —afirma el alumno y se saca dicho móvil del bolsillo derecho de su pantalón. —Primero que todo no me digas señor —Jonathan cierra el libro y lo coloca sobre el escritorio. Luego de eso se levanta para caminar y colocarse frente al escritorio y sentarse en la orilla del mismo. —Estoy bastante joven, aunque no parezca y segundo, no seas pendejo usa el celular y responde la condenada pregunta que debo entregar esos formularios al director y ya me está tocando los huevos. ¿Escucharon todos? —alza el tono de voz. —Dense prisa o es que no tienen ganas de ir a comer. —Pensábamos que estaba prohibido profe. —Eso solamente aplica cuando a mí me dé la gana de que así sea, pero por hoy usen lo que necesiten para resolver el examen. —Profe. —¿Qué mierda quieres ahora? —se coloca las manos en la cintura. “Estos estudiantes son una bola de retrasados —se piensa Jonathan”. —Necesito mi hierbita para concentrarme —dice refiriéndose a la m*******a que lleva escondida. —¡¿Y eso a mí qué cabrón?! —exclama. —Ve al baño y fuma tu porquería y trae tu trasero rápidamente aquí y termina el maldito formulario de una buena vez, ¿O acaso tengo cara de policía? —Usted es el mejor profe ya regreso —se levanta animado de su pupitre. —Más te vale traerme un jugo al menos antes de llegar aquí o no volverás a pasar. Muy bien, no se queden ahí mirando todos como idiotas —le dice al resto de alumnos. —No me interesa si necesitan iluminación espiritual o si necesitan una quimioterapia terminen esa mierda para ayer. Al salir de clases Jonathan seguía pensando que realmente sus alumnos eran algo retrasados, pero sabían guardar un secreto, en el fondo les apreciaba bastante y se esforzaba por aprender y poder enseñarles algo de interés y de valor. Había tenido la oportunidad de hacer unos cursos hace ya algún tiempo, pero su vida de actor porno comenzó a temprana edad, específicamente a sus diecinueve años habiendo sido recomendado por un amigo para trabajar en dicha empresa editando los videos de los cuales terminó siendo el protagonista. Le parece que Lucy es mil veces mejor profesora que él, ella es amable y atenta y su cabello color obscuro y sus ojos color miel le vuelven loco, sin mencionar sus rosados labios. Él jamás hubiese imaginado que conocerla ese día en el evento traería como consecuencia todas las cosas que han pasado hasta ahora, pero le gustaba que las cosas estuviesen así. Se suponía que ese día sería una despedida al mismo tiempo que se desharía de esa triste vida que llevaba como actor porno. Día del evento. —¿Entonces piensas renunciar? —le pregunta su manager. —Lo siento Marco, de verdad no quiero seguir con esto —Marco era el manejador de Jonathan y quien le conseguía los mejores contratos. —Entiendo, no te preocupes sé que no es un trabajo tan fácil como parece y me ha ido muy bien contigo no tengo ninguna queja, además si alguna vez quieres volver sabes que no habrá problema alguno y puedes hacerlo cuando quieras. —Te lo agradezco —se sentía en parte mal, ya que Marco había sido su apoyo todos estos años. —No pongas esa cara, ve a disfrutar tu última fiesta, cógete a alguna de las invitadas o algo así. Vive en grande y deja de limitarte tanto. Jonathan había ido por una cerveza para sentarse cerca de la piscina e intentar disfrutar de lo que quedaba de fiesta. Realmente quería irse, pero no pretendía decepcionar a su manejador en su última noche como actor porno. Fue ahí cuando vio a una tímida chica que usaba antifaz, parecía incomoda y cohibida, pero de repente entró en la piscina. Se notaba ebria por lo que se le dificultaría nadar así que Jonathan dejó de lado su cerveza para lanzarse al agua en su rescate. —¿Estás bien? —le preguntó ya fuera del agua. Estaban sentados en el suelo el uno frente al otro, pero el antifaz que ella llevaba le dificultaba a Jonathan verla mejor. —¿Lo estoy? sí.... —ella toce un poco, parece que había tragado algo de agua. —Creo que lo estoy gracias por preguntar. No sabía que había salvavidas en la piscina. —No los hay, solo creí que te ahogabas y no había muchos en las cercanías, el juego que se lleva a cabo en la piscina aún no empieza es por eso que no hay casi nadie. —Creo que estoy muy ebria —olía a alcohol así que era muy obvio. —Pues espero que lo pases bien. —Tus ojos... —se le queda viendo a Jonathan de una forma que le intimidaba, ninguna mujer le había mirado antes así, ella se quitó el antifaz y él pudo observarla mejor. —¿Qué pasa con mis ojos? —le interroga con gran interés en saber lo que tiene para decirle una chica ebria. —Tienes una mirada perdida y muy horrorosa —su aliento apestaba a alcohol y se le hacía difícil articular las palabras, pero tenía razón en lo que decía. —Es extraño que en un lugar como este haya un jovencito tan apuesto con un rostro tan decaído, seguramente has pasado por muchos problemas, pero descuida mi vida también está jodida, soy una profesora de treinta años soltera sin aspiraciones y ni siquiera sé por qué estoy en un lugar como éste ebria. ¿Sabes? Parece que fueses a llorar, si estuvieses conmigo jamás te haría sufrir porque siempre he querido conocer a un príncipe y hacer que el resto de sus días sean felices a mi lado. Sé que sueno como una niña, pero es que me siento tan sola... Ella entendía perfectamente los sentimientos de Jonathan incluso en su estado de ebriedad, eso despertó una gran curiosidad en él por lo que decidió que le seguiría y se arriesgaría a saber si esa chica sería capaz de arrancar esa tristeza y esa soledad que lleva soldada al pecho.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD