—Estás muy grande para que yo sea tu mamá —dice Lucy.
—Jamás se es demasiado grande para tener una mamá, o una Sugar Mommy.
—Vale hagamos algo —se le ocurrió una idea de repente, pensó que podría sacar completa ventaja de la situación. —Serás mi niño si aceptas dejar de molestarme y hacer todo lo que te pida, comportarte bien y enseñar cosas a los alumnos que usen en su vida.
—No exiges mucho —se le ve dudoso.
—¿Entonces? —le insiste antes de retractarse.
—Me parece bien, no creo que sea muy difícil seguir tus ordenes además eres amable, jamás me pondrías a realizar cosas extrañas.
Veinte minutos más tarde.
—¡En serio no puedo creer que me hagas limpiar tu baño! —exclama Jonathan. Tal vez Lucy se había aprovechado un poco de su bondad, pero disfrutaba de la situación.
—La vida es injusta para algunos jóvenes, además hicimos un trato, si no quieres puedes irte.
—Dejaré tan reluciente tu baño que jamás volveré a limpiarlo de nuevo.
En ningún momento se negó a las peticiones de Lucy, la finalidad de todo era que dejara de ser egocéntrico y que pudiese dejar un poco su idiotez de lado. Es por ello que Lucy aprovechó el bonus del dos por uno no solo para ayudarlo si no para ayudarse a sí misma.
—Creía que rechazarías hacer mis deberes —le asombraba que hubiese aceptado sus peticiones siendo tan testarudo.
—Es mejor que estar sólo en casa —en ese momento se notaba en su rosto que era algo que no quería decir, como si se hubiese equivocado, pero ella comprendió lo que pasaba.
—No hay problema yo también estoy sola todo el tiempo —dijo con una sonrisa para intentar cambiarle el curso a la conversación. —No te preocupes por eso, si haces bien tu trabajo podrías venir después.
Él se levantó de donde estaba y se acercó a Lucy de una manera que la intimidaba, en su rostro se reflejaba seriedad, pero sus ojos decían otra cosa.
—Oye... ¿Qué...? —le tomó de las manos y se las levantó, luego de eso la puso contra la pared del baño, tenía su mirada al suelo, pero lentamente fue subiendo hasta llegar a cruzar su hermosa mirada con la Lucy. —Acaso... oye.
—Jamás dejaría a alguien, así como tú.
—¿Por qué me dices eso de esta manera? —el corazón de Lucy se aceleraba, era la primera vez que se sentía intimidada y emocionada al mismo tiempo, su perfume le enloquecía y su voz... su voz es gruesa, y aunque suene como un chico egocéntrico la excita tanto escucharlo hablar. Estaba sudando frío y le temblaban las piernas, sentía cosas en su cuerpo que jamás hubiese imaginado.
—Para las personas como tú hay un mundo especial ahí fuera, me sorprende que no lo hayas encontrado, seguramente ahí fuera está el hombre de tu vida, trabajador, guapo y con ganas de amarte y hacerte su esposa. El problema es que yo no voy a dejar que eso ocurra, tú vas a ser mía —sus labios se acercaban, cada vez más y ella automáticamente cerró sus ojos, luego sintió como él se acercaba a su oído y decía: —Me encantaría verte desnuda suplicando perdón por haberte portado mal, pero quiero hacer las cosas bien contigo y mereces algo mejor y me esforzaré en dártelo o me iré a casa con las manos vacías —Lucy sintió un pequeño cosquilleo ahí abajo, abrió los ojos lentamente y él la liberó y salió. Ella le siguió a ver qué sucedía, ese comportamiento era extraño.
—Disculpa creo que vendré mañana a terminar, te veo después en el trabajo —él se retiró del departamento como si nada, como si hubiese ido a pedir azúcar y más nada mientras que ella se había quedado pensativa y confundida, tuvo que esperar dos días para verle la cara de nuevo y ni siquiera sabía cómo reaccionar.
—Creía que tenías que haber ido a limpiar hace dos días —fue lo único que se le ocurrió decirle ya que estaba nerviosa.
—Lo siento —le responde y parece haber estado ocupado, su cara de cansancio lo dice todo. —No tuve tiempo tuve que corregir exámenes de hace un mes.
—De verdad eres un desastre, no importa no tienes ninguna obligación conmigo.
—Pero yo me comprometí y lo haré, por cierto, quería invitarte hoy a cenar espero que puedas aceptar mi petición como un adelanto de pago.
—Jamás dije que te pagaría, ¿Le vas a cobrar a tu dueña? —de momento parece retractarse de lo que decía. “¡Mierda! ¡¿Por qué eso salió de mi boca?! —pensó”. —Lo siento no quise decir...
—No te preocupes —la interrumpe. —Tienes razón soy yo quien debe hacer tus deberes ya que eso acordamos.
—Bueno supongo que nadie trabaja de gratis —desvió la mirada.
—Es un hecho, nos vemos en la tarde —parecía complacido.
—Adiós mi amor... —se le escapó y la vergüenza que sintió al decirlo fue incontenible. —¡Perdón! No quise decir eso —él solamente le miró y sonrió. “¿Qué le pasa?” “¿Por qué es tan guapo?”, se preguntaba. Sajir y Sonia estaban espiándola detrás de la máquina expendedora, pero al voltear Lucy se percata de ellos y aunque Sajir intenta huir Sonia le coge del cuello de la camisa, de todos modos, ya estaban metidos en el lio juntos.
—¿Qué hacen? —se les acerca y deja que Jonathan siga con lo suyo. —Deberían estar dando clases ustedes dos pare de vagos.
—Y tú deberías estarte cogiendo a ese semental —añade Sajir.
—¿Qué? No estábamos haciendo nada, y no es tu problema.
—No sabía que te llevabas tan bien con el nuevo profesor —dice Sonia.
—Tampoco es eso, solo me saludaba —a ninguno de los dos le había dicho que él era el chico del evento, se moriría de vergüenza si lo hacía es por eso que prefirió mantenerlo en secreto. —Yo tengo que dar clases —solo se quería zafar de ellos. —A diferencia de ustedes que solo andan por ahí escuchando conversaciones ajenas.
—¡Más tarde tendrás que contarnos!
—¡Sí como sea!
A veces no los soporta, pero siguen siendo sus mejores amigos. Extrañamente el día iba muy bien no había tenido problema con las clases y se sentía a gusto. Jonathan le envió un texto diciendo que se tenía que ir primero pero que iría a recogerla a su casa a las siete.
Obviamente lo primero que hizo al llegar fue darse una ducha y arreglarse, jamás había puesto tanto esfuerzo en verse hermosa hasta se rasuró por instinto, estaba usando un hermoso vestido escotado color azul oscuro y unos tacones negros hermosos que había comprado para una graduación en la universidad. El idiota podrá ser de todo, pero no es impuntual, a las 7:13pm ya estaba llamando a su puerta, por suerte ella se estaba arreglando desde las cinco y técnicamente estaba lista.
—Te ves hermosa —dijo él al verla, ella obviamente se sentía apenada, pero al mismo tiempo halagada de recibir tales palabras.
—Tú también te ves bien —le dice ella. Usaba unos pantalones ajustados color beige y una camisa manga larga de botones color blanco que se amoldaba perfecto a su figura y unos zapatos color n***o. El perfume que usaba olía distinto, pero era dulce y amargo al mismo tiempo, espectacular. La perfección de su barba y su cabello le sorprendían, incluso para su edad.
—Espero que tengas hambre.
—Sí, mucha de hecho.
La llevó a un restaurante al que había hecho una reservación, la mesa estaba en el segundo piso al aire libre y era hermoso poder ver las estrellas y el paisaje Neoyorquino desde esa ubicación.
—Hermoso ¿No? —él se había acercado al lugar de la terraza donde ella se encontrada admirando el cielo.
—Hacía mucho que no salía de casa a ver las estrellas, o a cualquier cosa —realmente se sentía libre de la presión de las clases y del trabajo, era como no tener que preocuparse por el mañana.
—Cuando te veo a los ojos no es necesario ver el cielo, tus ojos tienen la calidez del sol, la belleza del mar y lo brillante de las estrellas del cielo nocturno. Todo es hermoso y al mismo tiempo inalcanzable —esas palabras tocaron el corazón de Lucy, y aunque sonaba como sacado de una página web para ligar, su rostro decía lo contrario.
—No sé cómo te interesas en una chica mayor como yo —Lucy suele despreciarse por ser tímida, avergonzada y por haber llegado a su edad sin pareja. Cree tener menos cualidades de las necesarias para ser feliz.
—Nadie dijo que la edad fuera un factor de gran importancia, además, aunque fueses menor lo que me importa es lo que hay en tu cabeza —él sigue observando la hermosa vista del lugar.
—¿Mi cabello? —dice ella a modo de broma sonriendo tímidamente y haciéndose un poco la tonta.
—Tienes una sonrisa tan hermosa que me duele el corazón de solo verte.
—No deberías verme entonces... —voltea para no demostrar su vergüenza, pero él la toma suavemente del mentón y le regresa la mirada.
—Me gusta castigarme a mí mismo —sus miradas se conectaban a la perfección.
—¿Eres masoquista? —ella suele hacer bromas malas para salir de situaciones incomodas.
—Tal vez solo un poco, será una pena que en unos minutos no podré ver esa sonrisa por un buen rato —decía de forma tentadora.
—¿Y eso por qué o qué? —tenía un aura misteriosa.
—Te voy a hacer gemir tanto que solo podrás tener expresiones de placer en tu cara.
—Jonathan... ¿Qué... haces?