4. Me cabreas.

1454 Words
El tiempo pasaba y los días y las semanas se hacían cortos, por alguna razón el idiota de Jonathan se había hecho su fama en la universidad, disque el más guapo, disque el más excitante, disque el más cool. “¿Y los demás profesores que si enseñamos de verdad qué?” “¿Qué nos tiren a la basura?”, pensaba Lucy. Su insistencia en poder salir con ella era grande, pero Lucy no se iba a dejar caer en sus brazos tan fácilmente. —¿Me seguirás ignorando Lucy? —Así que ahora aprendiste a leer la bola de cristal y eres adivino —dice sarcásticamente. —Acertaste. —Sabes que no es sano guardar rencor. —No guardo rencor a nadie es solo que eres muy pegajoso. —No tienes idea. —Y no lo decía en ese sentido por si acaso —le explica para que no se haga ideas extrañas. —Solo quiero estar en paz. —Solo una cita y te dejaré tranquila lo prometo —eso sonaba a todo lo contrario. “Ya me había venido con esto antes y resultó que empezó a trabajar en donde yo trabajo —piensa ella—. Si accedo a otra cita sabrá Dios lo que pasará”. —Dudo que después de una cita conmigo quieras estar tranquilo. —¿Estás diciendo que jamás podría olvidarte? —se le queda viendo, pero ella ya ha controlado sus movimientos, no le parece sexi en lo absoluto. —No lo sé, solo no quiero ningún tipo de relación y menos contigo, eres muy... tú... y eso me cabrea, eres egocéntrico y solo piensas cosas perversas. —Va, pues lo siento por haber elegido un mal trabajo para ganarme la vida, pero así son las cosas. Él dio media vuelta y se alejó caminando, Lucy se sintió un poco mal al haberle rechazado tanto, pero es su primera vez en este tipo de cosas y no se sentía cómoda, pero por otro lado pensaba que no era su culpa ser lo que era. Ya era de noche y Lucy estaba en casa revisando exámenes, se sorprenderían de saber que las respuestas son como leer una novela de ciencia ficción, cualquier cosa es posible. Pero no tenía ganas de cocinar así que se dirigió a un 24/7 a comprar un poco de sopa instantánea o algo rápido para comer. Mientras elegía entre la gran variedad de alimentos "Nutritivos" entre la selección de fideos instantáneos creyó escuchar la voz de alguien conocido, como es de costumbre, se asomó hasta el otro pasillo y allí estaba el idiota de Jonathan, quiso esconderse para que no la viese, pero luego miró entre las cosas que estaba comprando y todo eran gaseosas, comida rápida, cerveza y bocadillos. Lo único sano de su carrito de compras era una manzana. Creyó que no sabía cocinar y ella tiene el corazón más grande que el ego por lo que se acercó para hablarle, de todas formas, le ve todos los días en el trabajo. —Hola... —Tú... — él volteó a verla. Pareció tan vulnerable de repente. —Hola, vaya sorpresa no creí que te volvería a ver jamás en la vida. —Eso suena cruel incluso para ti, solo han pasado horas y trabajas en la universidad me verías todos los días. —Después de lo de hoy pensaba que ya no sería así, de verdad lo siento... —sonaba a que renunciaría. En ese momento ella lo miró detenidamente mientras él observaba la repisa de las salsas, su mirada era triste y perdida, no encajaba con su personalidad y su físico en nada. A Lucy se le encogió el corazón, tal vez él estaba así por ella y no quería que hiciera algo estúpido. —¿Vas a tener una fiesta? Esas son muchas frituras —le señala. —¿Esto? —él se ríe tímidamente. —No para nada, hoy es el día de "Come todo lo que puedas", no se puede vivir siempre de comida sana el cuerpo necesita un poco de daño para mantener el equilibrio. Su sonrisa era fingida, y ella sabía que estaba mintiendo tiene comida chatarra para un mes al menos y demasiada comida instantánea, no le sorprende que las chicas cambien de humor rápidamente pero que un chico orgulloso como él lo haga era extraño y de alguna forma alarmante. —¿Quieres cenar en mi casa? —le propone, después de todo no le ha tratado mal a pesar de sus pesadas bromas y frases extrañas. —No quisiera molestarte... —de repente bajó su mirada, por alguna razón le cabreaba verle así. “¡Demonios tú no eres así idiota!”, pensaba Lucy. “Eres un egocéntrico guapo y degenerado”, “¿Cómo podrías tener esa mirada tan lamentable?” “Podrías salir a la calle y conseguir cualquier cosa que quieras y prefieres estar en un súper comprando porquerías con la mirada de un cachorro triste y abandonado”. Eso era lo que ella le quería decir per prefirió no hacerlo. —No molestas, tienes un cuerpo que en teoría parece sano y seguramente ejercitas, si comes tantas frituras perderás tu figura y no creo que quieras eso, de hecho, pensaba cenar ramen del instantáneo pero el pan está de oferta, podría comprar algo de pan y carne, tú podrías comprar verduras y algunos huevos y yo podría hacerlos en casa. —¿Estás segura? —hasta para él era sorpresivamente extraño que Lucy le propusiera eso después de que siempre le evitaba. —Te veo en la caja doce en quince minutos, no tardes. Ella se dirigió a comprar las cosas que le hacían falta y luego de esperar en caja y pagar los dos se dirigieron hasta su departamento, la noche estaba preciosa y las animadas calles de Nueva York captaron la atención de Lucy todo el camino. Al llegar ella se dispuso a preparar la comida, pero terminó por hacer más de lo necesario pensando que podrían comerlo todo. —Esto está bastante bueno, no pensé que fueras tan buena cocinando —verlo comer su comida le hacía sonreír. Se notaba que disfrutaba cada bocado y que no exageraba con sus palabras. —Solo es pan, tampoco es cosa de otro mundo —su sonrisa volvía a ser la misma, ahora si estaba en orden, pero aún le intrigaba saber ¿Cómo alguien como él podría deprimirse y la razón? Incluso las personas así tienen corazón de pulga supone ella. —¿Estás triste? —él mira el plato por un segundo con esa mirada perdida de nuevo. —¿A qué te refieres? —se hace el que no sabe. —No soy tonta, allá en el súper tenías una mirada decaída pero no decías nada. —¿Eso? —de repente vuelve a verla y sonríe. —No te preocupes por eso, con una mamada se me pasará todo. —Idiota... —dice ella. “Seguramente me preocupaba por nada —pensó”. —No puedes arreglarlo todo con sexo, esa mirada que tenías era algo más que eso. Eso era algo más. —No importa, todos nos sentimos mal alguna vez. —Tampoco puedes salir a la calle luciendo lamentable. —Lo siento, no volverá a pasar. Seguramente por eso hoy no he podido ligar a nadie. —Veo que ya volviste a ser tú —sonaba algo distinto, pero parecía ser él de algún modo. —Tal vez así me veas —dice Jonathan. —Pero tengo sentimientos, incluso al tener sexo se debe sentir amor en el corazón —sus palabras por primera vez han dejado de tener groserías y obscenidades en ellas. Suena a que odiaba su trabajo anterior y para Lucy es evidente que a eso se refiere. —Pues... no lo sé, sabrás tú. Ella seguía disfrutando de su comida mientras ponía a calentar un poco de agua para el té, estaba en el mesón de la cocina mientras que él estaba sentado en la sala. Aunque estaban cerca parecía haber mucha distancia entre los dos, dos mundos distintos. —¿Por qué fuiste a un lugar como ese? —le pregunta Jonathan de repente refiriéndose a la fiesta. —Fue una invitación de una amiga, fue una locura total solo estaba equivocada —responde de manera normal sin darle mucha importancia. —Tal vez fue el destino —le comenta. —Pues vaya jugada me ha hecho —suelta después de un suspiro. —¿Quisieras saber por qué me interesé en ti en un lugar como ese? —Eso quitaría muchas dudas que tengo, por favor. —Pues no quiero decirte —se ríe en voz baja, pero Lucy reconoce que no está del todo bien. —Serás idiota —indica ella. —Así me conoces —el cesa un poco la risa y se sonríe a sí mismo mientras observa la comida. —A todo esto ¿Qué edad tienes? Nunca te pregunté —ella nunca se había interesado, pero aun así era algo que debía saber. —Veinticinco años. —Soy mucho mayor que tú. —Podrías ser mi mamá —le bromea. —No quiero un hijo así. —Pues yo estoy seguro de que serías una gran mamá, yo si quisiera una como tú.
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