3. Cita a medias.

1716 Words
—En serio no puedo creer que me hayas convencido de venir acá contigo —dice Lucy, un par de palabras y hasta ella misma había quedado confundida. “Todavía no me puedo creer que haya aceptado venir —se queja en su cabeza”. —El poder de las palabras es impresionante ¿No lo crees? —Y los sobornos también lo son —ella aceptó por alguna extraña razón desconocida de la que aún no se enteraba. Pero le intrigaba la razón de que él hubiese ido a buscarla exclusivamente para pedirle una cita. —Entonces ¿Puedes decirme por qué me invitas a salir? —él se da la vuelta a la mesa y se sienta frente a ella. —Me pareces una mujer inteligente e interesante, aunque te conocí ebria y quería poder hablar contigo estando sobria —responde Jonathan. —Eso debe ser algún capricho tuyo o algo así —suena medio tonto, pero ella no se fía de sus palabras. —Tal vez, pero me preguntaba ¿Qué hace una profesora tan joven y hermosa en un lugar como este? —se hace sonar como todo un don juan con esos coqueteos. —¿En serio parezco joven? —se ruboriza un poco al escuchar esas palabras de un guapo y joven hombre. —De hecho, no me pareces tan joven, ya se te empiezan a ver las arrugas en la cara —le señala de manera descortés. —¡¿Bromeas idiota?! —exclama indignada. —¿Cómo te atreves a insultarme de esa manera? —Tú misma lo dijiste es una broma, no te pongas así, me excita verte enojada, me gustaría cogerte tan duro hasta que pidas perdón por haberte enojado. Lucy no encontraba forma de responder a esas palabras, podía ser guapo y joven pero su pervertida y egocéntrica forma de hablar arruinaban su bello rostro. —¿Y eso que significa? Vienes hasta aquí para decirme solamente eso y ¿Luego qué? ¿Crees que me iré corriendo contigo a tu casa para tener sexo salvaje? —De hecho, podríamos ir en mi auto —se ríe. —Si vamos corriendo llegarías empapada de sudor y sería desagradable una concha mojada de sudor en vez de... —¡Basta! —exclama y se levanta. No tiene intenciones de seguir escuchando sus sucias palabras ya que le aborrecen. —Yo me largo, no debí aceptar nada, de todas formas, gracias por el café, tómatelo tú. Salió del lugar muy molesta y a la vez bastante decepcionada, “¿Por qué solo piensan eso hombres?” “¿Ya no quedan príncipes en el mundo?”, eran cosas que ella pensaba. Todo tenía que ser tan horrible para ella, “Definitivamente moriré sola”, se decía. Le intrigaba saber si el chico quería hablar con ella de algo más, pero resultó querer sexo y nada más, pero lo más extraño es que pudo hacerlo cuando estaba ebria, pero respetó su privacidad e incluso la llevó hasta su casa y luego vino a disculparse, viéndolo de otro modo tal vez no es un mal chico pero su comportamiento dice lo contrario. Ella creía que no lo vería más nunca después de haberlo dejado solo en el café. Pero al día siguiente mientras nutria el extraordinario "Cerebro" de sus "Queridos pende... estudiantes" parecía como si el destino le dijera algo. Al salir del salón de clases se encuentra una sorpresa bastante… desagradable. —Nos encontramos de nuevo preciosa señorita. “Maldito, es él —pensó ella”. — ¿Tú? —pregunta, aunque sabe que es estúpido preguntar algo tan evidente. —No me digas que ahora también piensas estudiar, seguramente quieres empezar a usar la cabeza de arriba para ganarte la vida. —Muy graciosa —señala él. —Esa estuvo buena pero ya me gradué hace algún tiempo, ahora trabajaré aquí contigo espero nos llevemos bien. Ya tengo que ir a mi primera clase ¿Podrías esperarme al salir? Te acompañaré a casa. —¡Estás jodiendo es imposible! —exclama con desagrado total. —Imposible es querer meterle dos consoladores y un pene a una chica de un metro cincuenta y cinco de altura por el ano, créeme que lo intenté y no se puede, ¿Pero ser profesor? —hace como que lo piensa. —Es tan fácil como sacarle un balde de agua a la playa. Ya me voy se me está haciendo tarde. “Esto cada vez se pone peor —se dice a sí misma—, ahora estoy siendo acosada en el trabajo y lo peor es que no puedo quejarme con nadie. Ahora tendré que verle su egocéntrica cara todos los días, ¿Será un castigo divino? Dios prometo no volver a robarme las galletas del comedor, y dejaré de quejarme tanto”. Aseguraba que en su vida pasada había hecho algo mal y por eso ahora estaba sufriendo las consecuencias de sus actos pasados. Salón 23. —Buenos días alumnos —Jonathan iba bien vestido, a la moda se podría decir. —Soy su nuevo profesor de orientación. Sé que ver una cara nueva a éstas alturas del semestre no es común, pero espero llevarme bien con ustedes. Pero sobre todo espero que no sean unos pendejos sin cerebro, no me gustaría tener que repetir las clases más de dos veces. —Este profesor está bastante odioso —murmuran algunos alumnos entre sí. —Eso lo escuché —dice Jonathan. —Puedo ser un mal nacido salido del propio trasero de satanás, o un ángel caído del cielo dependiendo de ustedes, ahora saquen sus cuadernos la primera clase de hoy será, cómo hacer que su pareja tenga múltiples orgasmos usando solo una zanahoria y un condón sabor a frutas. —¿Qué tipo de clase es esa, profesor? —los alumnos parecen desconcertados. —Del tipo de clases que vas a llevarte arrastrada al semestre que viene si no te callas la boca y empiezas a seguir mis órdenes. —Comprendo... —Deberían estar felices de que una bola de retrasados como ustedes reciba tales conocimientos de mi parte, ni se imaginan las clases que les tengo preparadas para la materia. —Profesor —le llama alguien y levanta su mano para pedir el derecho de palabra. —Diga —responde en tono normal. —¿En serio va a fumar aquí? —Jonathan se mira las manos, en una llevaba la caja de cigarros y en otra el encendedor. —Vaya ¿Cómo llego eso ahí? —se pregunta a si mismo sarcásticamente. —¿Eres tú el dueño de la universidad? —No. — ¿Hijo del director? —No. — ¿Eres de las campañas publicitarias que trabajan para prevenir el cáncer en el mundo? —No. —Entonces creo que si se puede —saca un cigarrillo y se lo coloca en la comisura de los labios para encenderlo. —Por cierto, hay un requisito muy importante para mis clases, deberán ver al menos cinco minutos de porno durante la clase para tener referencias visuales de mis explicaciones. —¿No está eso en contra de las reglas? —pregunta una alumna. —Vamos no sean aguafiestas las reglas se hicieron para romperse, así como las v*****s, alégrense, mi estadía con ustedes será algo que jamás olvidarán. Salón de maestros Lucy creía que un tipo como él no encajaría en un lugar como la universidad, le preocupaba el tipo de enseñanza que le impartiría a los alumnos, pero sobre todo el evidente acoso. Es por ello que decidió esperarle luego de clases para poner las cosas en orden y pedirle una explicación. —¿Te hice esperar demasiado? Perdón, los alumnos son tan estúpidos e inocentes que jamás habían pensado lo bien que se puede acompañar los vegetales con la carne —sonaba a un doble sentido evidente, Lucy sentía lastima por los pobres alumnos. —¿Das clases de cocina? —aun así, se le ocurrió preguntar inocentemente. —Amo tu inocencia —eso le hizo pensar que hablaba de algo más allá de lo culinario. —Eso es... extraño y asqueroso —hace una mueca con su boca y arruga la frente. En fin, ¿Qué haces aquí? —Ya te lo dije. —¿Pero por qué? —le vuelve a interrogar. —Quería estar más cerca de ti, extrañamente quiero conocer lo que de verdad eres y me intrigas. —Eso es acoso —dice Lucy. —Deberías decir que es tierno, pero está bien, solo espero llevarme bien contigo —le regala una sonrisa que parece llevar algo oculto. —¿De qué se supone que das clases? —para Lucy lo único que Jonathan debe saber hacer es usar el pene. —¿Cómo es que el director le dio trabajo a alguien como tú? —El director es una persona muy susceptible, le mostré mi grueso y largo currículum, le mostré mis habilidades y le presenté a una compañera de trabajo para que le animara un poco. —Que puto asco ni me lo quiero imaginar —el director con una golfa, mientras que Lucy mendigaba por un aumento de salario, le jodía que se diera el lujo de contratar a alguien más en vez de aumentar la paga de los demás profesores. —No es necesario, créeme que ver a ese vejatorio tener sexo hasta para mí fue asqueroso —se queja. —Espero poder verte todos los días y poder tener la oportunidad de hablar contigo. —¿Te das cuenta de que yo podría tener novio o estar casada? —o eso es lo que ella desearía, pero en cambio es una solterona de treinta años de edad que vive sola en un departamento al cual llega todos los días sin aspiraciones y con más ganas de dormir que de vivir. —Con tu actitud lo dudo —se burla de ella con una sonrisilla. —Te vi en el almuerzo comiendo comida recalentada, si estuvieses casada o tuvieses novio le harías comida fresca del mismo día, además de no haber ido al evento, además de no vestirte así, además de no tener un anillo, además... —¡Ya está bueno! —le detiene en seco para que no le siga restregando en el rostro la horrible realidad de que no tiene pareja. —Solo una más. Si estuvieses casada igual podría hacer que seas mía —sonó como un idiota, pero a Lucy ya no le parecía raro escuchar de él todo tipo de vulgaridades. —Cometes un gran error si crees que soy de las que se lanza de brazos a los chicos guapos solo porque creen ser el centro del universo. Así que disculpa, tengo que irme a mi casa a preparar mi comida de mañana, nos vemos. —Seguramente solo quieres huir de mí, pero no podrás hacerlo para siempre, te estaré vigilando Lucy. ¡No creas que las rocas son imposibles de romper!
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