-Sabes no me interesa escuchar tus bochinches de… El muy imbécil se largó mencionando eso último, dejándome con la palabra en la boca para recibir en respuesta un portazo. Sentí la tensión de la sangre alterar todo mi torrente sanguíneo, en una rabia profunda que no pude controlar, cuando mi cuerpo fue rápido y rodeo el escritorio para estar en unos momentos fuera de la oficina, encontrándome con la espalda de Antón a unos cuantos metros de mí. Irritado camine hasta alcanzarlo y tomar su hombro para voltéalo de un movimiento brusco que lo hizo trastabillar y clavar su mirada de ira sobre la mía. -Al rin. Ahora. –Ordené. Él se reincorporo, con una sonrisa de fastidio. Tomo el borde de su camisa y la deslizo hacia arriba dejando su dorso desnudo. -Sera un placer –Escupió, caminando hacia

