-Al parecer aquí todos me han perdido el respeto. - Espetó el Admad sacando una 9 milímetro que apuntaba directo a la cabeza de Antón. Sonriente, complaciente y abusando del poder que tenía sobre todos nosotros. Pero que a su vez le jugaría en su contra, porque no permitiría que ganara. - No hay mujer en este lugar con las características de la foto. –Uno de sus hombres aparecía, desde el otro lado del gimnasio. La respuesta que le dio no fue del gusto del Admad, de hecho, del mío tampoco. Era una ofensa para mí que entrara y revisaran mi propiedad sin mi consentimiento. Aprete mis puños cuando sin dudarlo el Admad, vacío el cargador en su cabeza, dejando un fuerte estruendo por todo el lugar sin remordimientos, es más podía ver ese brillo de satisfacción en sus ojos, por haber arrebatad

