Los brazos de Jackson reposaban sobre los hombros de Taylor y Antón. Fue casi un reto levantarlo de la cama, a consecuencia de su inconsciencia que duplicaba su peso. Una maldita tonelada, así se sentía el peso de Jackson sobre los hombros de esos dos amigos que buscaban el equilibrio y la manera de sacarlo de ese turbio lugar. En ocasiones por poco se van los tres al suelo, pero, aun así, no se rindieron hasta llevar a su amigo a salvo de nuevo al gimnasio. -Demonios su peso supera los kilogramos de las pesas de entrenamiento – murmuró Taylor, mientras Antón desactivaba el auto para abrir la puerta. Taylor entró primero y jaló a Jackson en modo que quedara acostado, pero era tan grande que medio cuerpo quedaba por fuera, de seguro no duraría mucho sobre el cojín sin terminar en el sue

