Capítulo 30. —Bethany, por favor, no te vayas, cariño. —Mía está desconsolada al verla querer marcharse. Bethany camina al corredor de la casa y Dante la detiene. —Estás haciendo un berrinche de los tuyos, para llamar la atención; yo no lo traje y, puesto que estabas de luto, no pensé que volverías a la oficina por ahora, así que no tomes todos mis pasos como una amenaza. —Le dice Dante muy serio. —Te equivocas, Dante, no estaba, estoy de luto; la única razón por la que vine aquí es por Mía y porque mi pobre novio me lo pidió, haciéndome creer que era lo correcto; si no, no hubiera venido. —Dice muy enojada. —Bruno, muchacho… —Dante lo mira llegar y es como un ángel caído del cielo, ya que sabe que es el único que puede controlar a Bethany. —Por favor, Bruno, cuídala, te la entrego en

