Lina y Alex salen de su nidito de amor, despidiéndose de este para ya volver a su hogar y retomar sus vidas en donde le habían dado una pausa. Cuando todas sus pertenencias fueron ubicadas en el maletero de la camioneta, se adentran en ella para partir hacia donde los espera el avión para llevarlos nuevamente a Argentina.
Una vez arriba del avión, Lina se acomoda en el asiento apoyando su cabeza en el hombro de Alex y este enreda sus dedos con los de ella dándole seguridad sabiendo bien que Lina todavía no lleva bien lo de volar.
—Me da pena alejarme de este lugar, pero extraño horrores a mi hija —habla Lina rompiendo el cómodo silencio que los rodeaba.
—Siento lo mismo —concuerda Alex acariciándole con el pulgar la mano—. Pero podemos volver y traerla con nosotros.
—Podríamos traerla, le va a encantar el parque acuático —exclama Lina.
—Entonces lo haremos —promete el joven sonriendo.
Después de una hora de vuelo, la rodilla de Lina bailaba sin cesar. Alex observa como esa pierna danza y se sonríe de costado, sabiendo la incomodidad de su mujer. Con una pequeña pícara sonrisa la toma de la mano y la levanta del asiento.
—¿Qué haces? —pregunta la joven confundida.
—Vamos a relajarnos —le responde sin dejar de tirar de ella en dirección a la habitación.
Una vez dentro cierra la puerta tras él y sin soltarle la mano la direcciona hacia la cama. Con suavidad comienza a quitarle la chaqueta, luego la camiseta dejando un suave beso en cada parte de piel expuesta. Así continua con cada prenda hasta dejarla totalmente desnuda frente a él y con ojos brillantes; lleva las manos de ella a la altura de los botones de su camisa señalándole en silencio que se la quitara. Lina ladea la cabeza mostrando una pequeña sonrisa y rezumbando curiosidad a través de sus grandes ojos grises. Sin perder tiempo acata el pedido de su marido y comienza a desvestirlo bajo la expectante mirada azul de Alex. Cuando ambos quedan expuestos, Alex la toma de nuevo de la mano y la lleva arriba de la cama situándola en medio de esta; toma uno de sus pies y comienza a masajearlos y a regalarles besos con una asombrosa atención. Repite la acción con el otro pie, luego sube atendiendo el largo de sus piernas, sigue con sus caderas, su estómago, su tórax, se hace cargo de sus pechos, recorre cada parte de ella con masajes y besos, haciéndole hervir la sangre cuando sus caricias tocan esas partes erógenas, las cuales Alex sabe muy bien dónde encontrar a cada una de ellas.
Lina ya tenía la cabeza en cualquier lado, ya no pensaba en el viaje, ni mucho menos que estaba arriba de un avión. Ella solo no estaba pensando, sino que estaba sintiendo. Su marido tenía un gran poder sobre ella y sabia como manejarla sin ser prepotente ni avasallante, él podía hacerle creer que el mando lo tenía siempre ella, pero en realidad quien movía los estribos era él, en silencio y con su tacto siempre la ponía donde quería.
Alex comienza a bajar por el cuerpo de Lina marcando un camino de besos hasta llegar a esa humedad que siempre lo deja rendido a los pies de su mujer. Las manos de Lina vuelan con rapidez hasta la cabeza de Alex como acto reflejo para pedir más fricción, más poder, más duro. Pero Alex intercepta sus manos y tendiéndose sobre Lina, las pone juntas atadas con el sostén de ella «que fue lo primero que llegó a encontrar», en la cabecera de la cama impidiéndole cualquier movimiento con ellas. El chico retoma sus caricias suaves y sus dulces besos, adorando cada parte de la joven. Adornándola a ella misma. Besa su humedad con pasión y devoción. Introduce su lengua para luego sacarla y jugar con ese duro y excitado botón robándole sonoros gemidos. Tomándose su tiempo en amarla y adorarla la hace alcanzar la cúspide para luego dejarla caer al subsuelo.
El cuerpo de Lina tiembla por el orgasmo obtenido y Alex aprovecha que ella esta laxa sobre la cama para cernirse sobre ella y desatarle las manos, al tiempo que se apodera con suavidad de su boca. Cuando las manos de la castaña estuvieron libres, con velocidad las lleva a la nuca de su marido y no lo deja cortar con ese beso, ella lo necesita y se lo demuestra de la mejor manera que puede. Sin romper el beso, Alex con una rodilla abre las piernas de Lina para situarse entre ellas y adentrarse muy despacio en su interior. Cuando llega al fondo, Alex se detiene y clava sus azules pupilas en las grises de ella.
—Cuando me miras de esa manera, me dan muchas ganas de hacerte el amor —le señala con una media sonrisa—. Te amo, ángel —le susurra rozando sus labios con los suyos. Ella le regala una dulce sonrisa, mientras sus ojos brillan.
—Te amo, ojitos de hotel —Alex le devuelve la sonrisa al escucharla llamarlo así y vuelve a besarla, al mismo tiempo que comienza a moverse dentro de ella.
Lina enrosca sus piernas en las caderas de Alex llevándolo más hacia ella. Ambos se mueven al mismo ritmo con sus cuerpos pegados sin dejar que haya espacio entre ellos. Una mano de Alex comienza a bajar por el costado femenino hasta llegar a su culo y lo aprieta con fuerza queriendo más de ella. Él deja la boca de Lina para hacerse de un pezón. Lo succiona con su boca, lo roza con sus dientes y luego lo acaricia con su lengua, vuelve a succionarlo para después soltarlo con un sonoro pop.
Alex le hace el amor como le había prometido y también le hace olvidar que estaban arriba de un avión. Él se encarga de que su mujer pudiera pasar con tranquilidad ese viaje de vuelta a casa. Le hace el amor más de una vez, la adora e idolatra hasta que a ella no le quedan fuerzas terminando rendida, satisfecha y dormida entre los fuertes brazos de su marido.
Alex la observa por un largo tiempo dormir, mientras le acaricia el pelo con suavidad. Todos los recuerdos se hacen presentes conforme la observa. Como la conoció, como la persiguió, casi convirtiéndose en un acosador por tener vigilado cada paso que hacía en su estadía en Alemania. También recuerda todo lo que pasó después de ese viaje, como había sufrido cuando ella se había alejado de él por comportarse como un idiota y no saber cómo manejar la situación de que ella no le había contado sobre su hija. Recuerda cuando dejó de comportarse como un idiota y comprendió que sin ella no era lo mismo y decidió pelear por esa mujer. Todos los recuerdos se hicieron presentes en ese instante y dio gracias por entrar en razón y no dejarla ir. Y por supuesto dio gracias a que ella le haya dado la oportunidad de demostrarle el amor que siente. Con todos esos recuerdos y sentimientos en su mente se vence al sueño dejándose caer en los brazos de Morfeo.
La voz del pilotó se escucha a lo lejos atravesando el sueño de Alex, seguido por un golpeteo suave en la puerta de la habitación. Frotándose los ojos deja un beso perdido en la cabeza de su mujer y observa la puerta que vuelve a llamar su atención al escuchar un nuevo golpe. Con cuidado se separa de Lina y se coloca los pantalones para llegar a la puerta y averiguar el propósito de la interrupción.
—¿Sí? —pregunta al abrir la puerta y encontrarse con una de las azafatas.
—Ya estamos llegando, señor; deben tomar sus lugares —le hace saber la mujer.
—Ok. Ahí vamos, gracias.
—De nada, señor —con un asentamiento se gira para irse a su puesto y Alex cierra la puerta para despertar a su mujer.
—¿Ya llegamos? —se escucha la voz de Lina un poco ronca por el sueño.
Alex la observa y sonríe al ver como frota sus ojos y su cabello esta todo alborotado.
—Sí —asiente—. Hay que tomar asiento —indica acercándose a ella.
—¿Lo hiciste de nuevo, ¿verdad? —cuestiona sonriendo.
—No sé a qué te refieres —evade Alex.
—Sí que lo sabes —le acusa ella y ríe cuando Alex se tira sobre ella robándole un mojado beso—. Has usado el sexo para distraerme del viaje —exclama.
—¿Funcionó? —curiosea acariciando con su nariz la nariz de ella.
—Funcionó —asiente Lina.
—Entonces no te quejes —socarronea Alex.
Dándole un nuevo beso se separa de ella y de un salto sale de la cama para comenzar a vestirse.
—Tampoco es para que te agrandes —se guaza Lina saliendo también de la cama y tomando la ropa que Alex le tiende.
—Demasiado tarde, ángel, desde el momento que diste el sí, soy invencible—suelta con arrogancia arrancando una carcajada a su mujer.
Ambos salen tomados de la mano de la habitación y se acomodan en sus lugares para tomar asiento y prepararse para el aterrizaje. Luego de bajar del avión y salir del helipuerto se dirigen hasta el restó sabiendo que para la hora que llegaran, su hija ya iba a estar allí, donde les iban a dar la sorpresa tanto a la niña como a los demás, ya que nadie sabía que habían vuelto de su luna de miel.
Cuando Lina cruza las puertas del restó, se estrella contra el aroma a café y la música del cantante puertorriqueño Siete con su más famosa canción "Tengo tu Love", provocando una inevitable nostalgia al darse cuenta, cuanto había echado de menos el ambiente en ese lugar y todas a esas personas que hacen de él, acogedor y entrañable. Sus ojos se llenan de lágrimas al ver a Sofi del otro lado del mostrador sirviendo café a un cliente, sus ojos siguen observando el lugar hasta llegar donde se encuentra Sole dándole el biberón a Eva. Toda esa imagen la tenía hipnotizada y no se había dado cuenta que una rebelde lágrima rodaba por su mejilla hasta que Alex se la atrapó con su dedo índice.
—¿Estas bien? —indaga él observándola con detenimiento, ya que era muy raro que ella llorara.
—Muy bien —responde, evitando mirarlo a la cara para ocultar de manera estúpida algo que Alex ya se había dado cuenta.
Su marido le da un suave beso en los labios solo para mostrarle que él está a su lado y desviar la incomodidad que le produce a ella verse vulnerable. Lina le agradece en silencio y se dispone a caminar para reencontrarse con su familia. A pocos pasos del mostrador, Tony cruza las puertas que comunican la cocina con el salón quedándose estático en el lugar al ver a su amiga Lina acercarse con una pequeña sonrisa dibujada en su rostro. A los segundos, Tony reacciona y comienza a dar pequeños chillidos y saltitos en el lugar. Sus compañeras lo observan un poco asustadas, para luego seguir con la mirada hacia donde él miraba y chillaba, para encontrarse con la castaña del otro lado del mostrador seguida por su marido.
—¡Volvieron! —musita Sofi llevándose las manos al pecho.
La primera en reaccionar es Sole que, dejando al bebé en su carrito, corre hasta su amiga para encerrarla en un fuerte abrazo. Luego se suman Tony y Sofi siguiendo su ejemplo, aplastándola con sus cuerpos.
—Deberían habernos dicho que llegaban hoy —les recrimina Tony con el ceño fruncido alternando su mirada entre Lina y Alex.
—¿Y eso, en qué cambiaría? —indaga la joven sonriendo.
—En que estaríamos preparados para recibirlos —se queja el boricua.
—Pero ya no sería una sorpresa —bromea Alex.
—No me gustan las sorpresas —masculla la pelirroja encaminándose para abrazar a Alex.
—Algunas son lindas —le murmura Alex en el oído devolviéndole el abrazo.
—¿Cómo les fue? —cambia de tema Sofi después de abrazar también a Alex.
—Muy bien —responde Lina tomando asiento en una silla detrás del mostrador—. Es un lugar increíble, hasta podría decirse que mágico —exclama.
—Preparo café y nos cuentan todo —expresa Tony yendo hacia la máquina de café, pero se detiene abruptamente—. Mejor Sofi lo prepara y yo les traigo algo para comer, que deben estar hambrientos —reflexiona provocando que sus amigos rían al saber que Tony jamás va a llevarse bien con la máquina de café.
—Quiero ver las fotos —exige Sole sacudiendo la mano hacia Lina—. Solo las que son aptas para todo público —suelta luego de un segundo cuando se hizo de ese pensamiento—. Nada de fotos subiditas de tono, que después quedo traumada y mi hija todavía toma el pecho.
—¿Y qué tiene que ver que le des el pecho a tu hija? —curiosea Lina.
—Ay, Lina, es obvio, si yo me traumo le transmito mi trauma a Eva a través de la leche materna —responde con seguridad haciendo reír a carcajadas a los demás que saben positivamente que eso es imposible.
—Eso es una estupidez, Sole, y lo sabes —entona Sofi sin dejar de reír.
—¿Por qué? —La pelirroja encuadra los hombros preparada para discutir—. Si dicen que le pasas tus nervios por la leche materna, ¿por qué no puede pasar con un trauma? —inquiere mostrando toda su seriedad en el tema.
—Son puros cuentos, Sole, nada más —interviene Alex sonriendo.
—Por las dudas no me muestren fotos porno y nos vamos a llevar muy bien —zanja con convicción.
—Quédate tranquila, no hay fotos porno —le hace saber Lina tomando la taza de café que Sofi le pasaba.
Tony vuelve de la cocina con porciones de torta de chocolate para todos y se acomoda junto a ellos para poder ver las fotos que Lina y Alex había tomado en su luna de miel, turnándose entre todos para atender a los comensales y así poder escuchar lo que los recién llegados relataban del viaje y de los lugares que habían visitado. En medio de risas y anécdotas con respecto al viaje, se escucha la dulce vocecita de Aye, que para no perder la costumbre llegaba peleando con Mateo. Todos se giran para verla, pero la niña estaba tan concentrada en una discusión sobre música con Mateo que no se percata de sus padres hasta que Lina llama su atención.
—¿Algún día van a llevarse bien, ustedes dos? —habla la castaña provocando que Aye se paralice en lugar al escucharla.
—¡¡Mami!! —grita antes de correr hacia su mamá, en donde de un salto sube sobre ella obligándola a sostenerla con fuerza para que no caiga.
—¿Cómo estás? —se interesa Lina.
—Muy bien —responde ella con una enorme sonrisa en su rostro.
—¿Te trataron bien? —quiere saber la madre.
—Sip —asiente la niña.
—¿Te portaste bien? —curiosea Lina.
—Sí, mamá —responde Aye con voz cansina.
—¿A mí no vas a abrazarme? —interviene Alex llevándose toda la atención de su hija de corazón.
—¡¡Papi!! —Vuelve a gritar saltando hacía él provocando que ría por su osadía.
—¿Me extrañaste? —curiosea repartiéndole besos por el rostro y el cuello haciéndola reír.
—¡¡Mucho, mucho!! —chilla.
—Podrías haber avisado —le reclama Gaby a Lina acercándose a ella.
—Solo dame un abrazo y no seas tan gruñón —Lina le sonríe y él le devuelve la sonrisa acatando la orden de su amiga.
—Te noto diferente —expresa el morocho su observación en medio del abrazo—. ¿Estas bien?
—Estoy muy bien —responde—. Feliz de estar de vuelta en casa —Gaby asiente en aprobación, pero de todas maneras había algo de su amiga que estaba diferente. Pero como nadie dijo nada respecto a eso, solo se acreditó su inquietud a su loca cabeza.
—Querubín y Dr. amor todavía no saben que llegaron, ¿verdad? —indaga Gaby estrechando la mano de Alex de la manera que hacen los hombres.
—Todavía no —le responde Alex mirándolo con curiosidad—. ¿Por qué?
—Solo preguntaba —responde el morocho elevando los hombros.
—No salgas con ninguna de las tuyas —le reta Sole apuntándolo con su famoso dedo acusador.
—¿Yooo? —entona fingiendo inocencia.
Lina y Sole se miran y ambas sonríen al tiempo que niegan con la cabeza.
—Esta noche deberíamos juntarnos a comer —sugiere el boricua.
—¡¡Siii!! —grita Aye todavía sobre los brazos de Alex.
—Deben estar cansados —suelta Sofi mirando a Tony.
—Es una buena idea —esboza Lina—. Además, Ian y Erik todavía no saben que llegamos.
—Y nos deben la bienvenida —bromea Alex.
—La culpa es de ustedes —masculla Tony.
—Da igual- lanza Sole—. Hagamos una cena en casa. Tony debes traer a Soria.
—Nico —dicen Tony y Sofi al unísono.
—Si, si, como sea —le resta importancia la pelirroja—. Si Nico no trabaja, que venga —posa su mirada en el morocho y sonríe traviesa—. Y… Gaby, debes traer a Noe también.
El morocho abre grande los ojos.
—¿Por qué? —se hace el desentendido.
—No te hagas que ya todos sabemos que entre ustedes pasa algo —lo deja en evidencia Lina.
—Le pregunto si quiere venir —entona soltando un suspiro sabiendo bien que no se iba a poder librar de sus amigas.
—¡Perfecto! —aplaude Sole—. Los hombres van a tener que ir temprano para preparar el asado.
—Yo no sé preparar asado —se excusa Alex y las chicas ruedan los ojos.
—Con el tiempo que llevas aquí ya deberías saber hacerlo —le reclama Lina.
—Yo sé hacerlo —interrumpe Gaby lo que fuera que Alex le iba a responder a Lina.
—Yo también —dice Tony levantando la mano haciendo que todos lo miren—. ¿Qué? —Se eleva de hombros—. Es lo primero que aprendí a cocinar una vez que llegué aquí —les haces saber.
—Teniendo en cuenta la situación, vamos a terminar cocinando el boricua y yo, ya que sí Alex no sabe dudo que los otros dos enamorados del amor sepan —ironiza el morocho.
—No saben —hablan Sole y Sofi al mismo tiempo.
—Ok, me voy a trabajar —enuncia Gaby—. A las 18hs estoy en tu casa, roja —Hace un saludo militar y se gira para salir del lugar.
—¡Trae a Noe! —le grita Sole.
—¡Le pregunto! —grita él en repuesta.
—¡O le podemos preguntar nosotras! —grita Lina.
—Yo lo hago, señorita metida —dicho eso cruza las puertas del restó para dirigirse a su casa, ducharse y después encontrar la manera de decirle a Noe que lo acompañe al asado en la casa de Sole.