Capítulo 1

2518 Words
Con la canción Try de la cantante de rock-pop Pink, vestida solo con un pequeño short, una camiseta sin mangas y el pelo recogido en un descuidado moño, Noe, se encuentra en el sofá de su departamento frente a la mesita de café, donde tiene esparcidos los papeles del caso que están investigando, leyendo una y otra vez, para así ver si algo se les ha escapado, poder encontrar qué es y tratar de terminar con la trata de blancas que están llevando a cabo en el club Zeus. Sabe bien que no puede salvar a todas las que ya seguramente se han llevado a otro país, pero puede evitar que se lleven a más que todavía no están en peligro. También tiene la esperanza de poder salvar a las mujeres, que sabe con certeza, tienen cautiva en algún lugar de Buenos Aires. El haber encontrado a esas mujeres la noche anterior, le hizo traer cosas a su mente las cuales pensaba ya estaban olvidadas y enterradas. Pero no es así, una mierda del pasado se acentuó en su presente para joderle la vida, pero, aunque fuese un gran dolor el que siente por dentro, todavía es mucho más grande su orgullo y sus ganas de vengarse, por más que no fueran las mismas personas las que lastimaron a esas chicas, pero al menos iba a servir para sentirse un poco mejor consigo misma. Y aunque no pudiera acabar por completo con la trata de blancas o con aquellas personas que abusan de las mujeres, ya que es algo imposible que se termine todo el tráfico de personas en el mundo, iba a poder encontrar un poco de paz interior al ver que ella fue la protagonista de acabar con al menos un pequeño porcentaje de esa calamidad en su país. Atareada con todos esos papeles y con la música a un tono lo suficientemente elevado para que todos en ese edificio escucharan lo mismo que ella, no logra escuchar el timbre de la puerta que había sonado ya varias veces. Tampoco se da cuenta que ya no estaba sola en ese departamento hasta que una gran mano se instala en el hombro de ella. Noe pega un salto y por instinto ataca al desconocido propinándole un puñetazo en la barbilla. —¿Qué mierda? —se queja la voz masculina llevando la mano a su barbilla. —Eso tienes por entrar en mi casa como un miserable ladrón —le acusa ella—. ¿No sabes tocar el timbre? Gaby la mira entornando los ojos todavía tomando su barbilla con una mano. —Lo hice —brama—. Pero si tienes esa mierda a todo volumen, es obvio que no ibas a escuchar nada- señala mirando el reproductor de música en un rincón del lugar. —Oh —musita Noe bajando la cabeza. —Sí, oh —se burla. —Déjame ver —le pide la joven acercándose a él para luego quitar la mano masculina y apoyar la suya—. Traeré un poco de hielo —anuncia comenzando a caminar, pero el morocho la detiene tomándola del brazo. —No es necesario —niega en voz baja. —Pero se te va a hinchar —protesta ella. —Es solo un rasguño —la tranquiliza. —Ahora no vas a decir que mi golpe es solo un rasguño —se queja Noe haciéndolo reír. —Bueno, convengamos que no tienes el gancho de Tayson —entona divertido. —No, pero tampoco es solo un rasguño —replica Noe. —¿Me sangra? —levanta la barbilla para que ella pueda verlo. Noe lo observa un poco enfadada por decirle que su golpe es un rasguño y niega con la cabeza—. Entonces no es nada —asevera. —Pero pudo haberlo sido —suelta Alba cruzando los brazos al pecho, negándose a admitir que su golpe no lo noqueo. —Lo dudo —canturrea el morocho. —¿Estás diciendo que no soy fuerte? —pregunta incrédula. Gaby muestra una sonrisa más grande ante esa pregunta—. No puedo creer que pienses que no soy fuerte, puedo serlo como cualquiera de ustedes, pu… —El morocho corta con su diatriba tomándola de la cintura y pegando el cuerpo femenino al de él. —Eres fuerte como cualquiera de nosotros y hasta tal vez más fuerte que cualquiera de nosotros —murmura rozando sus labios con los de ella. —No hablas de fuerza física —musita ella haciendo puchero, provocando que Gaby no se guante y tome ese puchero entre sus labios y lo succione. —Hablo en general —le indica cuando suelta su labio. —¿Qué haces aquí? —interroga la chica. —Vine a buscarte —se limita a responder. —¿Para? —Vamos a cenar en la casa de Sole. Noe entrecierra los ojos y un pequeño jadeo sale de su boca al sentir los húmedos labios de Gaby en su cuello. —¿No deberías preguntarme primero? —indaga la joven retorciéndose en los brazos masculinos. —No; vas a venir conmigo —asegura Gaby sin dejar de jugar con ese cuello. —¿Y cómo estas tan seguro? —curiosea Alba. —Lo sé —responde succionando la suave piel femenina y llevando una mano hacía su culo para luego apretarlo con fuerza. —Estas usando el sexo para que no me niegue, ¿verdad? —Se da cuenta Noe y una pequeña sonrisa se forma en sus rostros. Gaby deja de besarla y la mira a los ojos. —¿Funciona? —le pregunta, antes de atracar la boca de ella metiendo su lengua con desenfreno antes de que responda—. ¿Funciona? —vuelve a preguntar mirando sus ojos para escuchar su repuesta. —Sí —solo eso le bastó al morocho para que se haga de nuevo de esa la boca femenina e irrumpa en esa húmeda cavidad con su extrovertida lengua. Una mano pervertida sube por el muslo derecho de la chica metiéndose sin permiso por debajo de la imitación de short hasta llegar a la nalga y apretarla su gusto provocando que un gemido se escape de la boca de la joven, el cual es ahogado por estar explorando la boca del morocho. Con ambas manos, Gaby la toma del culo y tomándola desprevenida la alza obligándola a enredar las largas piernas en su cintura. Sin dejar de besarla la lleva contra la pared más cercana arrinconándola contra ésta y con una ágil mano le quita la camiseta por la cabeza, dejando al descubierto que no usaba sostén, por lo que sin dudarlo se lleva un rosado pezón a la boca para succionarlo con fuerza. Las caderas de Noe comienzan a moverse descaradamente contra la pelvis del morocho haciendo que ambos estén cada vez más perdidos y excitados. A un paso de llegar a la lujuria. Necesitando más piel, Noe le quita la camiseta a Gaby y raspa con sus dientes el pecho masculino haciéndolo jadear. El morocho se hace de una pierna de ella y comienza a quitarle el short y la tanga todo al mismo tiempo sin titubear. Sin dejarla caer se deshace de su propio pantalón y bóxer, para así, sin aviso clavarse dentro de ella robándole un pequeño gritito por la intromisión. Gaby comienza a bombear con desenfreno, de alguna manera, verla de esa forma tan informal y sin toda esa oscura ropa, lo había puesto a mil. Noe se toma con fuerza de los anchos hombros para no caer y recibir adecuadamente cada brutal embestida de su hombre. Sabiendo que de esa manera iba a acabar antes de lo que quiere, Gaby sale de su interior y la lleva hasta el sofá en donde la coloca en la posición del perrito y tomándola de las caderas comienza un nuevo ritmo en su interior. Noe sabe muy bien que con la fuerza por la cual, Gaby la está tomando de las caderas, unos enormes cardenales, iba a tener al día siguiente, pero eso no le importaba absolutamente nada, no iba a parar con esa locura que le estaba dando el morocho por unas estúpidas e insignificantes marcas en su piel. No señor. Gaby pasa una mano por delante de Noe y la direcciona hasta su caliente y húmedo sexo, haciéndose de su clítoris y pellizcándolo para luego mimarlo con suaves, pero peligrosos movimientos circulares. —Con esto no vas a negarme nada por al menos un mes —le murmura el morocho en el oído, estirándose sobre ella y luego le muerde el hombro. —Medina —protesta, mirando de costado solo para encontrarlo sonriendo como un niño mal criado. —Como me calienta que me llames Medina estando en esta posición —se guasa con su media sonrisa traviesa haciendo que Noe esté a un paso de elevarse a la cúspide del precipicio—. Eso es, ya vas a caer —fanfarronea. —¡Gaby! —chilla ella cuando estalla en el inminente orgasmo. El cuerpo de Noe convulsiona por el orgasmo provocado, pero Gaby no tiene piedad y con una sola maniobra la gira dejándola boca arriba y lleva las piernas femeninas a sus hombros para luego adentrarse nuevamente en ella y terminar con lo que había comenzado. Las uñas de Noe se clavan en los brazos de Gaby provocando que un gruñido salga de su parte baja de la garganta. Sin esperar más, el morocho pierde la cordura y se deja atacar por su propio orgasmo, estallando dentro de la chica. Las piernas de la joven caen laxas a los costados y el cuerpo de Gaby se deja caer sobre el de ella, donde esconde su rostro en el cuello femenino tratando de tomar un poco del maldito aire que se niega a ayudarlo a respirar. Cuando llega a calmarse un poco, Gaby levanta la cabeza saliendo de su escondite y la mira a los ojos, encontrándose con las perlas celestes observándolo con detenimiento. —¿Qué ocurre? —se preocupa él. —Nada, solo te observaba —se limita a responder. —Mentirosa —Gaby la levanta y se acomoda en el sofá colocándola a ella sobre su cuerpo para así poder observarla mejor—. Algo está dando vueltas en esa cabecita tuya, dime qué es. —No es nada —murmura. —No me gusta que me mientan, Noe —le hace saber. Ella suspira sabiendo que Gaby no se merece que lo trate como un ignorante y decide contarle un poco de su inquietud. —No sé si debería acompañarte —suelta. —¿A la casa de Sole? —pregunta medio confundido. —Sí —asiente ella. —¿Y por qué dices eso? —indaga el morocho con el ceño fruncido. —Es que… Noe desvía la mirada tratando de no ver esas obsidianas que siempre le hacen decir más de lo que quisiera. —Habla —le exige. —¿En calidad de qué voy a ir? —suelta con rapidez. —¿En calidad de qué? —repite Gaby cada vez más confundido. Queda en evidencia que es hombre y Noe tiene que ser más clara, porque ese chico no ha entendido nada de lo que a Noe le inquieta. —Sí, ¿en calidad de qué? —vuelve a cuestionar y Gaby la mira con el ceño fruncido y confundido. Ella suelta un frustrado suspiro—. En calidad de novia, de amiga, de un buen polvo. ¿En calidad de qué? —escupe todas las palabras sin respirar. Gaby la mira unos segundos procesando lo que ella acababa de decir y cuando entendió a la perfección, una loca carcajada se escapa de su interior. Noe lo mira enfadada y se siente estúpida al ver como él se ríe de ella de esa manera, por lo que decide levantarse y que se vaya solo a donde quiera ir o que se busque una acompañante porque ella no iba a ser su cita por conveniencia —Idiota —masculla levantándose, pero Gaby es más rápido y la encierra en sus brazos. Noe hirviendo por el enojo se retuerce en sus brazos para poder salir, pero el morocho la sostenía más fuerte y para más inri no paraba de reír. —Quieta —ordena Gaby sin parar de reír. —No te rías de mi —sisea la joven haciendo que el morocho se calle de forma abrupta. Él nunca se río de ella y no pensaba hacerlo, era una mierda que a esa altura ella no supiera eso. —No lo hago —gruñe. Le sostiene el rostro para que no desvíe la mirada mientras él le habla—. Vas a ir en calidad de mi mujer, porque eso es lo que eres, mi mujer. ¿Está claro? No vuelvas a decir que me río de ti, jamás lo haría. —¿Y entonces de qué te reías? —interroga ella. —De la situación, de que no supieras qué eres para mí y en cómo te costó formular una simple y estúpida pregunta, pero jamás me reiría de ti, no vuelvas a pensar eso, ¿se entendió? —Noe lo mira sin contestar y él la toma con más fuerza—. ¿Se entendió? —repite. —Sí —murmura la joven. —Yo ya te expliqué cómo eran las cosas después que cogiéramos, yo soy tuyo y tú eres mía. A cualquier lugar que vayamos juntos, siempre vas a ir en calidad de mi mujer. Nada menos que eso. Y me gustaría muchísimo que no tengamos más esta clase de charla, no me gusta que no confíen en mi cuando yo confió en esa persona. —¿No voy a encontrarme con alguna ex que quiera mi cabeza en una pecera? Porque de seguro debes tener muchas mujeres. —Tenía —interviene—. Tenía muchas mujeres, en realidad tenía mucho sexo, pero ninguna mujer que fuera mía de verdad. Seguramente habrá muchas que quieran tu cabeza en una pecera, es decir, mírame —bromea auto señalándose y ella le da un juguetón puñetazo—. Pero ya te lo dijo Aye la otra vez, yo nunca llevé a ninguna mujer con mi familia, puedes estar tranquila, eres la única que llegó tan lejos y espero que nunca te alejes. —No lo haré, al menos que lo quieras. —¿Cuándo vas a estar al cien por ciento segura de todo lo que te digo? —Gaby niega con la cabeza al descubrir que ella puede ser una de las mujeres más seguras del planeta, pero cuando se trata de una relación, es una de las mujeres más inseguras del planeta—. Jamás voy a querer que te alejes de mí. Por más que sepa bien que no te convengo, pero soy un estúpido egoísta y no voy a dejarte ir. Ni lo sueñes —reafirma cada palabra dicha con un abrazador beso, el cual se convierte de a poco en algo más.
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